Todo
parecía logísticamente resuelto. Tenían un lugar seguro donde habitar, la facultad
de auto proveerse de alimento y aunque sólo había una hembra, se las
arreglarían de la mejor
manera para compartirla evitando en lo posible, conflictos por ello.
Los cuatro científicos llegaron al grupal
acuerdo de turnarse para la copula. La promiscuidad es vedada o permitida por
la moral y la ética, pero estas reglas sociales son dinámicas y sensibles a
adaptarse a las necesidades, y en este contexto, la promiscuidad era una
solución.
Concluida
la construcción y equipamiento del refugio, de manera subrepticia, amparados
por la complicidad de las noches, decidieron salir y aventurarse a explorar el exterior. Entre estos paseos exploratorios y de sondeo
aprovechaban para arrojar trocitos de algas en las aguas circundantes
con el propósito de que las mismas se aferraran al limo de las playas para
desarrollarse con sus nutrientes. Si ello ocurría, conforme fueran creciendo,
irían produciendo oxígeno en el perímetro, elemento vital para germinar tipos de vida como las que
ellos conocían. Es sabido que en cuanto aparece una forma de vida, esta
originará otras que pugnarán por devorar y alimentarse de la misma.
Efectivamente, las algas crecían y poco a poco
fueron produciendo oxígeno, propiciando más
vida pues fomentaban la aparición de bacterias y mohos que las parasitaban. En corto tiempo, la costa
fue colmándose de efervescente vida, siendo caldo de cultivo para nuevas formas
de vida. El tiempo transcurría y esas formas de vida primitivas iban tornándose
más complejas.
A fin de
lograr que cada permutación morfológica se convirtiera en herencia genética,
los científicos hacían cortos raid en pequeñas naves que habían construido y
dotado de alta tecnología para desestabilizar, por momentos los polos
magnéticos del planeta, plano
físico, que permitiría imprimir de manera indeleble cualquier variación en las
características físicas de estas emergentes formas de vida como información
perenne en su ADN transmisible a su descendencia. Con ello conseguirían que las
mutaciones sufridas por estos especímenes, fueran transmitidas a sus
descendientes, haciendo de su reproducción, réplicas casi exactas de sus
progenitores.
Lograr
todos estos cambios había llevado muchísimos años y por extraño que parezca,
los cuatro científicos no envejecían, ni siquiera había deterioro en su salud
física y sus facultades mentales. Permanecían jóvenes, saludables y muy
activos.
Trabajaban
arduamente en sus proyectos. La extensa bóveda subterránea en la que residían,
rebosaba de vegetales y frutas que brotaban incesantemente debido a las
aclimataciones artificiales que las estimulaban a ser fructíferas en toda época
del año.
En sus
pocos momentos de ocio, los tres
varones, respetuosos de lo estipulado, se alternaban para copular con la
mujer y por lo tanto, ella gozaba de licencias para pasar largas horas
durmiendo durante el día siendo mínimos sus quehaceres y obligaciones. Su única
labor impostergable era la de proporcionar placer carnal a los varones.
Cualquier otro compromiso podía esperar, y en caso de que fuera urgente, se le confería
el derecho de escoger a uno de ellos para que lo realizara en su remplazo, dadivas concedidas por su
exclusividad como hembra.
Lamentablemente,
los seres pensantes también tienen instalado en sus cerebros la tara ancestral
de anhelar la pertenencia exclusiva del ser que es objeto de placer. Sucedía
entonces que aunque racionalmente se intentara guardar cierta armonía entre esa
promiscuidad forzada, instintivamente los celos se exteriorizaran y de vez en cuando hubiera
rivalidades y discordias; no obstante, eran obligadamente disimuladas ante los
dictámenes instaurados e impuestos.
Más la
armonía, siempre es frágil y sensible a ser quebrantada. Con el paso del tiempo
notaron que ella, por alguna inexplicable razón, estaba incapacitada para procrear.
Grave contratiempo ¿Qué hacer con un mundo a su disposición si no hay prole a
quien entregárselo
en herencia? Resignarse a la esterilidad no resultaba sencillo de admitir y
mucho menos cuando ellos poseían el conocimiento para generar vida y
manipularla…facultad por la que habían sido condenados y obligados a huir… Pero el remediar ese detalle,
podía postergarse. Había problemas mucho más álgidos con urgencia por resolver.
En el
exterior, los seres vivos continuaban evolucionando, dando origen a nuevas
especies: arbustos y árboles frutales, insectos, reptiles, peces, anfibios,
aves y gran variedad de criaturas cuyos cuerpos estaban cubiertos de
pelambrera, pululando por doquier. Fueron incontables las veces en que el clima
sufrió cambios dramáticos. Gran parte de las aguas se evaporaron formando
nubes, cediendo su lugar a la masa continental visible.
Los
experimentos de manipulación genética eran constantes y sin distinción entre
todas las formas de vida existentes pero había un esmero especial en los que se
llevaban a cabo con los seres peludos.
Se
escogían parejas, hembra y macho, se les llevaba al interior de la caverna-refugio y allí se experimentaba con su ADN
intentando variar su información genética
para instalar
en ellos, habilidades, patrones de conducta y características físicas que los
acercaran en mayor medida, a prototipos que en un futuro pudieran resultarles
útiles como mascotas, mano de obra e incluso aliados, si se presentaran
circunstancias que lo ameritaran.
Conforme
iban progresando los intentos, los especímenes resultantes de estas manipulaciones eran liberados
en la superficie para que fuera la selección natural quien se encargara de
determinar si eran o no aptos para la supervivencia.
Tras
numerosos experimentos fallidos, los resultados se iban tornando prometedores. Los subsiguientes
peludos manipulados, habían desarrollado manos con dedos pulgares que les
permitían asir objetos y blandirlos como armas o herramientas. Sus columnas
vertebrales inicialmente
encorvadas iban asumiendo posiciones cada vez más erguidas, muy
semejantes a las posturas corporales de sus creadores, los cuatro científicos.
En los laboratorios todo era júbilo y las expectativas, muy esperanzadoras.
Había
llegado el momento crucial. Escogieron algunas parejas de peludos y luego de
comprobar su estado saludable, acordaron agregar a sus genes, ADN extraído de
los mismos científicos. El propósito era instalar en los cromosomas de los
peludos, la inteligencia y la cosmovisión de la creación divina.
Y me pregunto cuantas veces ha pasado en el universo edta situación creernos dioses ahora mismo estamos viviendo los comienzos de la manipulación genética hasta dodev se quiere llegar con esto a sentimos dioses gracias exelente capítulo
ResponderEliminarLa especie apenas se le dota de conocimiento evolutivo, Aspira aa pasar de ser creado a ser creador. Gracias por tu análisis y opinión amigo mío.
EliminarEl tono de legendario me ha recordado las Crónicas Marcianas de Ray Bradbury. Después, viendo el actuar de los cuatro científicos como dioses pensantes, con los celos instalados en sus cerebros coma una tara ancestral, el haber logrado la eterna juventud y dedicarse a experimentos de manipulación genética, me hace pensar en lo que queda de la humanidad que pronto será suplantada por la IA. ¿Acaso no es la realidad de nuestros días?
ResponderEliminarUn saludo, Oswaldo.
Gracias por acompañarme en eestos viajes. Un abraszo querida amiga.
EliminarFANTÁSTICO relato amigo. Tu línea de trabajo con la escritura me es muy interesante. Un saludo de ANTIGÜEDADES DEL MUNDO.
ResponderEliminarGracias hermano mío.
EliminarWow
ResponderEliminarGracias.
EliminarReymon-Su blog es una fuente de contenido confiable e interesante. ¡Sigan con el excelente trabajo!
ResponderEliminarAbrazos hermano mío.
EliminarReymon-Tu experiencia se refleja en cada publicación. Gracias por compartir tus conocimientos con nosotros.
ResponderEliminarUN PLACER MOSTRAR ALGO DE MI ARTE A PERSONAS RECEPTTIVAS COMO TU. GRACIAS.
EliminarMe gustan. mucho tus historias.o tus relatos.Los cientificos tuvieron que trabajan.de lo lindo.para producir y todo del mar..Lo malo que fue que la mujer dejo de reproducirse.
ResponderEliminarGracias por visitarme.
EliminarSoy Vicky Vega Perez
ResponderEliminarGrcias pos venir, Vicky Vega Perez, querida amiga. Beso.
EliminarRealmente me encantó tu cuento,querido amigo y filósofo Oswaldo, erés genial. me acorde del Planeta de los simios .Abrazos.
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