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sábado, 1 de agosto de 2026

DONDE QUEDÓ TU GRÁCIL VUELO





Iustración y cuento de Oswaldo Mejía

(Derechos de autor, protegidos)




Llevaba varias horas vagando entre la chatarrería buscando piezas para restaurar una motocicleta. Ya casi estaba desanimado, cuando para asombro mío, en el interior de un destartalado Volkswagen escarabajo, hallé un nido de gallinazos de cabeza roja. La madre estaba allí empollando sus huevos. Me pareció un ave hermosa; me aseguré de que no fuera agresiva, y me puse lo más cómodo posible para dedicarme a observarla. Ella no se inquietó para nada con mi presencia; es más, al rato hasta me permitió que le acariciara su desplumada cabecita.

De regreso a casa, sin las piezas necesarias para la restauración de la motocicleta, lo primero que hice fue recabar toda la información posible sobre los gallinazos de cabeza roja. Así, leyendo y consultando sobre la vida de los gallinazos de cabeza roja, repentinamente estaba fascinado con la vida de aquella ave. A la mañana siguiente volví a la chatarrería, pero no para buscar repuestos para la motocicleta, sino para continuar con mi observación de los gallinazos y de su hábitat.

Esta vez, apenas me vio llegar, la madre gallinazo, como si fuera su intención mostrarme sus huevos, se puso de pie al costado del nido. La nidada, como máximo, por naturaleza, debían ser dos huevos amarillentos con algunas manchas oscuras. Sin embargo, esta vez fueron tres; y para redondear lo insólito, el tercer huevo tenía una extraña coloración celeste, y era más grande que el tamaño normal; realmente daba la impresión de tratarse de una joya, en contraste con su nido en medio del basural. Luego de dos meses de abnegada incubación por parte de su madre y su padre por turnos, los tres huevos eclosionaron, el celeste, y más grande, fue el último. Los tres, como todos los polluelos de gallinazo, tenían plumones color marrón, mas, el último se diferenciaba de sus hermanos por ser más grande y mostrar cierta altives en cada uno de sus actos, además, no tenía los ojos en los laterales como los demás de su especie; sus ojos estaban ubicados en el frontis de su rostro, es decir, estaba dotado de vista estereoscópica, como los depredadores, los simios, y los humanos ¡Sí! Su mirada tenía la profundidad del mirar humano. Durante todo ese tiempo yo asistí sin faltar ni un día. Ahora estaba extasiado de ver todas estas características especiales, anatómicas y de comportamiento del polluelo tan especial. En mi mente de artista surrealista, se generaban elucubraciones sobre su origen, que llevaron mi imaginación hacia hechos ocurridos en el pasado de nuestra historia republicana.

<<El bisabuelo de este peculiar pajarraco debió ser testigo presencial de aquella sangrienta batalla del cincuenta y siete, donde ambos bandos, los Partisanos y los Partidistas iban a enfrentarse a balazos por conflictos políticos, pero tuvieron que abstenerse de disparar los Winchester, y lidiarse a puño limpio, a pedradas, con palos, y con bayonetas y arma blanca, pues debido al mal tiempo nunca llegaron las municiones. Luego de casi cuatro horas de continuas escaramuzas bajo la lluvia torrencial, los pocos sobrevivientes de ambos bandos debieron retirarse llevando a sus respectivos heridos y dejando el campo de batalla plagado de cadáveres que, por falta de personal, nadie se tomó la molestia de enterrar.

Durante varias semanas, el bisabuelo del avechucho protagonista de nuestra narración, junto con otros congéneres, debieron revolotear el escenario de la masacre, y luego bajarían a darse su festín de carroña con los restos de los combatientes abatidos. Quizás en esas opíparas ingestas de cadáveres absorbió proteínas con genes de ADN humano que se adhirieron a su propio ADN como genes recesivos, pasando a su prole sin manifestarse, hasta llegar a su biznieto del huevo celeste, en quien se hicieron evidente algunos rasgos humanizados.>>

Al cabo de unas semanas, nuestro personaje ya mostraba un hermoso plumaje negro tornasolado, con destellos verdes y azules. Fue el primero en abandonar el nido… Puedo imaginarme como fue esa crucial despedida:

<<Nuestro joven y hermoso amigo alado extendiendo sus enormes alas y rodeando como en un abrazo a su familia mientras cariñosamente restregaba su cabeza contra las cabezas de sus progenitores y hermanos, luego debió irse entusiasmado, a buscar otros vientos, otras realidades, otro futuro.>>

Por razones de trabajo deje de asistir a la chatarrería por mucho tiempo, y cuando decidí volver, ya no había rastros de lo que fuera el habitáculo de la familia de gallinazos. Pasaron unos meses, y olvidé por completo el asunto.

Un día decidí visitar a mi amigo el loco Gillo en su casona ubicada en la zona más exclusiva de la capital, aunque en contraste, él pasaba penurias económicas; esa enorme y otrora lujosa casa era herencia de sus ancestros adinerados. “El loquito”, como solía llamarlo, andaba muy mal mental y emocionalmente debido al consumo excesivo de diversas drogas y estupefacientes, aun así, era una persona noble y compartíamos nuestra pasión por las motocicletas y el rock duro. Cuando llegué a la casa, Gillo me invito amablemente a pasar a lo que sería su sala ¡¿Y a quién encontré allí?! …¡¡Al gallinazo especial que conocí desde su nacimiento en la chatarrería!! Gillo lo miró con mucho respeto, y me lo presento – Amigo mío, él es el Señor Horacio. Es un halcón que vino volando a visitarme, y me hizo el honor de quedarse a vivir conmigo-… ¡¿Halcón?!...¡¡Pero si este es un gallinazo!!... Mas no tuve el valor de refutarle. El ahora señor Horacio nos miraba desde su silla con la solemnidad y el porte de un excéntrico catedrático en filosofía. Su mirada era atenta y daba la impresión de derrochar inteligencia y hasta ironía; sus ademanes y movimientos se habían sofisticado. En un momento se retiró a mirar desde la terraza al malecón; su andar era lento, con la seguridad de quien se sabe un elemento importante de la escena y del paisaje. Gillo y yo lo mirábamos extasiados, sin pronunciar palabra alguna.

La amistad entre Gillo y Horacio fue in crescendo, hasta convertirse en una simbiosis. Era común ver a ambos juntos por el parque o por el malecón causando la admiración de vecinos y turistas. Los paseos de Gillo y Horacio se convirtieron en todo un acontecimiento para los viandantes del malecón, y hasta de los coches saludaban al gallinazo que iba convirtiéndose en una celebridad mediática - ¡Hola Señor Horacio! – Horacio, casi sin inmutarse, movía su cabecita como asintiendo los saludos, pero su mirada y su invariable postura seguían siendo la de un refinado intelectual académico que estaba allí para observar y escudriñar el comportamiento de los humanos. Se me ocurre que Horacio hasta podía ser un alienígena encarnado en un gallinazo de cabeza roja, para no despertar sospechas de que nos observaba y espiaba quien sabe con qué fines. Las conjeturas que yo iba sacando sobre el extraordinario Horacio, al parecer sí tenían asidero, pues fui testigo de sus conocimientos y reacciones sobre la empatía, el amor, y el desamor de los humanos…

Una tarde Gillo me llamó de urgencia, estaba teniendo una crisis emocional y me necesitaba como soporte. Subí a la motocicleta, y en unos minutos estaba en casa de mi amigo. Me recibió, saludé a ambos, tomamos asiento en la sala, y Gillo, sin mediar palabras se echó a llorar. Yo no sabia qué hacer…o decir. Horacio se puso de pie, caminó hacia donde estaba Gillo, saltó hacia sus rodillas, con su cabecita roja desplumada le restregó las lágrimas de sus mejillas, le miró fijamente, le cubrió el pecho con una de sus alas, y depositó su cabecita sobre el regazo del camarada afligido…

Así continuaron los paseos de Gillo y el Señor Horacio, entre saludos, fotos con turistas, y miradas de curiosos apostados alrededor; pero a horacio parecía no interesarle para nada la fama. Estoy casi seguro que el malecón era su laboratorio; el viento del Pacífico su biblioteca; y su materia de estudio, las personas que se detenían a mirarlo creyendo que observaban un ave, cuando en realidad era él quien los contemplaba y analizaba.

Cuando falleció Gillo, entre todos los familiares y asistentes al velorio apareció Horacio, caminando con marcada actitud de aristócrata, con un refinamiento casi elegante. Para asombro de todos, Horacio, de un brinco saltó sobre el ataúd, por la mirilla de vidrio contemplo a su amigo fallecido, dio dos picotazos sobre la mirilla, brincó hacia el piso y sin perder su compostura se fue. Muchos de los presentes aseguran que Horacio tenía lagrimas en los ojos al salir.

Por los años transcurridos, Horacio también ya debe ser difunto, sin embargo, aun hay personas en el malecón que, de puros despistados, al ver un gallinazo de cabeza roja lo saludan - ¡Hola Señor Horacio! -





















lunes, 8 de junio de 2026

DE TAL PALO…




Iustración y cuento de Oswaldo Mejía

(Derechos de autor, protegidos)




<<Así fuimos creados, a imagen y semejanza de un Dios dual, mezcla de Dios y demonio, luz y oscuridad. Él mismo se describe cuando nos dice -Yo hago el bien, y también hago el mal- …esto consta en los escritos bíblicos.

Un Dios bipolar, celoso, vengativo, y castigador…y nosotros con sus genes entre nuestro diseño.

Así, con todas esas taras en su esencia, nos creó, exactamente idénticos a él. En su libro sagrado hay escritos a su nombre arengando a su pueblo elegido - ¡Mátenlos a todos, hombres, mujeres y niños, pues ellos no creen en mí, no me adoran! - Si aparentemente todos somos sus hijos, si se auto proclama un Dios todo amor ¿Por qué reclama la sangre de sus propias criaturas? ¿Acaso el amor se impone…?>>

Quincho Huamán era un humano común y corriente, un joven provinciano, devoto por herencia y por convicción. Para su sustento, se dedicaba a la venta de periódicos y revistas en un quiosco a la entrada de la zona. Quincho estaba enamorado de una agraciada niña aun en edad escolar. Los padres de la niña hallaban en la etnia y en la condición económica de Quincho, razones para oponerse a esa relación, por lo cual prohibieron a la niña mantener ni siquiera amistad con el susodicho; lo cual, la niña prometió acatar.

El día Sábado, muy temprano, en horas en que aun mucha gente permanecía durmiendo; como era su rutina, la niña salió acompañada de su hermanita de nueve años a trotar por los rededores de la zona.

Cuando el dúo de niñas pasó frente al quiosco de Quincho, este salió a la carrera a su encuentro; llevaba dos botellas de plástico apretadas entre su brazo izquierdo y su pecho. Con la mano derecha intentó tomar del brazo a la niña objeto de su amor, pero esta logró zafarse, dio dos pasos hacia atrás, y le dijo que se alejara, que ella no tenía nada que hablar con él.

Como si estuviera siguiendo un guion escrito con anterioridad, Quincho destapo una de las botellas y rápidamente le roció el contenido sobre el rostro. La niña lanzó un grito de dolor y se llevó las manos a los ojos…el líquido era ácido muriático. La niña daba espeluznantes chillidos mientras sus pies giraban errabundos. El ácido estaba lacerando sus ojos y las mucosas de la nariz y la boca. Su hermanita, invadida por el estupor, solo se limitaba a llorar, paralizada.

Aprovechando que su víctima eventualmente le dio la espalda, Quincho extrajo de entre sus ropas un enorme cuchillo de cocina, y empezó a asestarle una tras otra, catorce cuchilladas. Cuando la niña cayó al piso dando sus últimos estertores, Quincho destapó la segunda botella y la roció sobre su víctima…era gasolina, seguidamente, le prendió fuego, y salió huyendo a la carrera. Como un poseído mientras corría hacía molinetes con los brazos.

Cuando atraparon a Quincho Huaman, por su crimen lo condenaron a cadena perpetua.

Quincho amaba locamente a la niña, como ella decidió no corresponderle, él la mató de la manera más cruel.

<< ¿Qué diferencia hay entre el crimen de Quincho Huaman y los crímenes que perpetra el Dios bíblico? En ambos casos el móvil es la negación a entregar amor o adoración ¿Es que acaso el amor se impone…?

 ¿Cuál será la condena que se le impondrá al Dios bíblico, por todas las crueldades a las que somete a sus criaturas? Es lógico sospechar que ese Dios es un farsante…>>








viernes, 17 de enero de 2025

QUE LLOREN LAS PLAÑIDERAS





IIlustración y cuento de Oswaldo Mejía

(Derecho de autor, protegido)



El proteger, guiar, y hacer crecer su rebaño humano, era el mandato culminante para la santidad del patriarca. El norte que debía seguir, lo tenía grabado en su mente. Aun en aquellas veces en que, por evitar el excesivo calor de los días soleados del desierto, las caminatas debían hacerse en horas de la noche, él jamás perdía el rumbo. Su palabra era ley entre la multitud de Los Caminantes; nadie dudaba de su certeza y veracidad. Todos sabían que estaban siendo guiados hacia un lugar santo, aunque nadie tenía idea de donde estaba, ni que aspecto tendría ese paraje prometido. La convicción de la multitud, era la fe del patriarca. Él indicaba el camino a seguir, y además de proveerles de fe, les suministraba alimento, que muchas veces nadie sabía cómo ni de donde lo conseguía.

 Por las aldeas y caseríos por donde pasaba, el patriarca compartía su verbo lleno de predicas, promesas y esperanza. A quienes se unían a la caminata, los bautizaba con agua previamente bendecida con conjuros y oraciones, y la vertía sobre sus cabezas; por ello, cuando se referían a él, le llamaban El Bautista.

Quienes formaban parte de Los Caminantes, jamás miraban el camino hacia adelante; caminaban mirando el piso, en actitud de recogimiento espiritual. Literalmente iban tras las huellas del patriarca.

Una tarde, a la hora del ocaso, en el trayecto de una de esas caminatas, el Bautista tuvo un encuentro por demás extraño. Una mujer completamente desnuda se materializó frente a él. Ella tenía una mirada refulgente, y levitaba sentada en la posición del loto - ¿Ya no te acuerdas de mí, Bautista?

El patriarca dejó caer los hombros y bajó la mirada con dirección al piso, era evidente que pretendía evitar mirarla a los ojos -Déjame pasar, Salomé. Debo continuar mi camino conduciendo a mi rebaño hacia un lugar de esperanza…-

La mujer desarticuló su posición, y abrió sus piernas de par en par; de su entrepierna manaba un resplandor aún más intenso que el de sus ojos -¡¡Mírame Bautista!! Ahora preferirías olvidarme por completo ¿Verdad? - Un pronunciado temblor se apoderó de la humanidad del patriarca. Este, poco a poco fue levantando la mirada exponiendo sus retinas a la luminosidad que fluía de las entrañas de la mujer; Entonces, esta flotó hacia el Bautista, atrapándole el rostro entre sus muslos, así, como guiñapo, sin opción de defensa, lo mantuvo hasta el amanecer.

Antes de desaparecer, la mujer sentenció -Ahora tienes el mal del olvido. No me vas a recordar, pero también se borrarán todos los recuerdos de tu vida- El Bautista empezó dando unos pasos temblorosos y dubitativos. Sus ojos estaban en blanco; sus pupilas y los iris de sus ojos habían desaparecido…había olvidado la capacidad de mirar. Quiso decir algo, pero también estaba olvidando la aptitud de hablar. Dio unos cuantos pasos cansinos y comenzó a caminar en círculos, los Caminantes, ajenos a todo lo ocurrido, siempre con la mirada al piso, siguieron los pasos de su guía formando una gran espiral humana. Hasta que el patriarca cayó de rodillas; había olvidado el rumbo y el motivo de su caminar. Seguidamente fue olvidando la acción de respirar…hasta que se olvidó de vivir.

Los Caminantes fueron dispersándose cabizbajos, sin abandonar la misma actitud de recogimiento con que siempre siguieron al patriarca… pero ahora estaban huérfanos de guía.

La cabeza del Bautista habíase extraviado por aquella mujer.












domingo, 15 de septiembre de 2024

VIRUS LETAL





Video (Música e imágenes de Oswaldo Mejía)


Vídeo con una muestra de parte de mi obra pictórica surrealista, editada sobre el track  "VIRUS LETAL", canción de mi autoría en composición, letras y arreglos, y que fuera parte de la discografía de mi otrora banda "BREBAJE" , donde también 
ejecutaba la guitarra líder. 











SI CAMINAS CON ELLOS, ERES UNO DE ELLOS




Iustración y cuento de Oswaldo Mejía

(Derechos de autor, protegidos)




De manera solapada un colega le había enterado acerca de una convocatoria “cerrada” para ocupar el puesto vacante de Administrador de aduanas, plaza que le caería como anillo al dedo, pues a pesar de su maestría en Administración, Gonzalo Pérez trabajaba como taxista a tiempo completo. Ahora el problema era cómo conseguir las recomendaciones que estas convocatorias, amañadas por defecto, exigen.

Él no tenía relaciones a ese nivel, pero, sin perder los ánimos, recurrió a su tío Juan Alatriste; un politiquero cuajado. Quizás él conocía, y podría encaminarlo hacia ese alguien que le sirviera de “padrino”. Y así fue. Don Juan Alatriste le prometió llevarlo al día siguiente ante un influyente General de la Policía Nacional.

A la mañana siguiente, el General los estaba esperando y los recibió con cortesía -Díganme ¿En qué puedo servirles? – Don Juan Alatriste le contó al detalle y pormenores toda la historia, y remató su cháchara con la verdadera cuestión que los había llevado allí -Usted, mi General, conoce al Señor Presidente de la Republica… ¿Cree Usted que podría pedirle una “recomendación” para mi sobrino aquí presente? -

- ¡No! - Dijo el General – Ese “chino” es un corrupto y descarado ladrón. No deseo deberle ningún favor a un delincuente de tal calaña…Lo que puedo hacer por Ustedes es pedirle una “recomendación” a la Procuradora de la Nación. Entre toda esa banda de delincuentes que nos gobiernan, creo que ella es la menos angurrienta… Al menos eso parece…- Con esa consigna, previa cita por teléfono, se dirigieron a las oficinas de la Procuraduría.

Hechas las presentaciones, el General puso en autos a la Procuradora, del porqué de su visita -Han venido a buenas manos. Déjenme platicar un poco con el señor- Así la Procuradora despidió al General y a Don Juan Alatriste prometiéndoles que ella se encargaría de dar por bien hecho a todo ese asunto.

Una vez a solas, la Procuradora se dirigió a Gonzalo Pérez -Señor mío; el puesto de Administrador de Aduanas es suyo- Luego escribió unas líneas en una hoja de papel, seguidamente la dobló en cuatro y se la entregó diciéndole – Aquí están sus obligaciones, espero no nos defraude. El lunes preséntese a ocupar su puesto de trabajo. Hasta pronto. Buen día-

Al llegar a su casa, Gonzalo Pérez, desdobló la hoja de papel que le entregara la Procura, y en ella había escrito, el nombre del Superintendente de Aduanas, seguido de una cantidad de dólares. Así mismo, estaba el nombre de la Procuradora, y la cantidad de dólares asignada a ella. El sueldo que percibiría Gonzalo Pérez, apenas si sobrepasaba los 5,000 dólares, y sumando las cantidades que figuraban como “obligaciones”, estas alcanzaban los 70,000 dólares… ¿Cómo haría para cumplir con esas exigencias? Don Juan Alatriste tampoco fue capaz de descifrar ese lío, y sólo le aconsejó presentarse a trabajar, y con mucha cautela indagar allí mismo, o si no, renunciar al ansiado cargo.

El día lunes, Gonzalo Pérez se presentó a las instalaciones desde donde debía administrar. Embargado por la Timidez, daba pasos dubitativos de aquí para allá, hasta que se topó con un varón sonriente y muy bien vestido -Disculpe ¿Dónde quedan las oficinas de la Administración de Aduanas…? -  A lo que el tipo, muy cortésmente respondió -Todo esto es el área de administración, y las oficinas están al fondo del corredor ¿Puedo servirle en algo más…? –

Gonzalo Pérez estaba deslumbrado con el lujo de aquellas instalaciones; apenas si evitó tartamudear – Mi nombre es Gonzalo Pérez, y vengo a ocupar el puesto de Administrador de Aduanas- El tipo le extendió la mano a la vez que se presentó como Gilmar Anduaga – Bienvenido Señor Administrador, yo soy su adjunto, estoy a sus órdenes-

Luego de más de media hora de amena charla, Gonzalo Pérez intuyó que podía confiar en su interlocutor –Amigo Anduaga, de manera muy confidencial, deseo mostrarle un documento que me dieron con lo que serán mis “obligaciones”. Estos montos me tienen preocupado- Y le mostró la hoja de papel con los nombres, cargos y cantidades.

-Señor Administrador, por esto no debe preocuparse, estos montos aquí se pagan solos, y hasta quedará mucho para nosotros. Por evadir controles, por dar celeridad a sus trámites, y otras preferencias, muchas empresas desembolsan ingentes cantidades de dinero. Yo personalmente me encargaré de hacer entrega de esas “obligaciones”. Usted, despreocúpese-

El tiempo transcurrió, y dicho y hecho, había mucho dinero mal habido, en repartija…

Así llegó el periodo de vacaciones de Gilmar Anduaga, y este se fue al Caribe por tres semanas. En ese lapso, un domingo por la mañana, Gonzalo Pérez miraba el noticiero mientras desayunaba, cuando anunciaron un “flash periodístico”, y salió en pantalla el mismísimo Superintendente de Aduanas -Señores, hemos recibido unas graves denuncias acerca de hechos de corrupción muy graves, que se están dando en el área administrativa del sector aduanero. Yo prometo hacer una exhaustiva investigación sobre estas denuncias, y no tendré miramientos en hacer rodar las cabezas de quienes se hallen implicados en estos hechos delictivos-

¿Qué había ocurrido? Se preguntaba Gonzalo Pérez, si él sólo había seguido indicaciones. Ansioso, asustado y muy preocupado, llamo a Gilmar Anduaga, su adjunto, y le comentó sobre lo expresado en el noticiero por el superintendente…

Gilmar Anduaga, sin alterarse le dijo -Lo siento Señor Administrador, olvidé llevarle su “bolo” al Superintendente; yo estoy fuera del país. Disculpe ¿Puede hacerle llegar Usted lo que le corresponde al Superintendente? Cuando regrese de vacaciones, ponemos todo en orden…-

El día siguiente, el lunes por la mañana el Superintendente de Aduanas, en rueda de prensa decía -Señores, debo anunciar al país entero que con respecto a las denuncias acerca de actos de corrupción en la Administración de Aduanas, eran simples calumnias de parte de grupos enemigos de nuestro gobierno. Con celeridad, personalmente me he encargado de hacer las investigaciones pertinentes, y puedo aseverar, que la Administración de Aduanas, cumple un funcionamiento modelo-























ARTERA MEMORIA




Iustración y cuento de Oswaldo Mejía

(Derechos de autor, protegidos)




¿De dónde provenía? No lo sabía. No tenía idea de su pasado ni de su presente… menos, de su futuro. Sólo se materializó de manera súbita, tras las cortinas de niebla en las laderas de la gran montaña, y de allí emergió. No era momento propicio para indagarse a sí mismo sobre su naturaleza, o que tipo de ser era. Tenía hambre y frío, y en esas condiciones, su desnudez le estaba jugando un revés. Era imperioso hallar algo para comer, y luego alguna forma de abrigo.

Lo primero que se posó ante su mirada fue un enorme espécimen de cuatro patas, y cuernos rematando lo que sería su cabeza. No sabía de qué se trataba, pero olía a alimento; entonces se lanzó a la carrera contra la presa. Guiado únicamente por sus instintos, de un salto se encaramó sobre el lomo del cuadrúpedo, el cual mientras corría y forcejeaba luchando por su vida, movía peligrosamente su cornamenta intentando defenderse. Él, asido a los cuernos de su víctima, hizo un rápido movimiento, bajo su cabeza por un costado, e instintivamente dirigió una certera dentellada a la tráquea del animal, y no lo soltó hasta que por asfixia, este poco a poco dejó de forcejear, resignándose a su inminente final.

Con sus filudas y fuertes uñas fue desollando el cadáver, a la vez que con sus enormes mandíbulas arrancaba trozos de carne y los engullía con avidez. Su hazaña le había reafirmado su fortaleza. Cuando se hartó de comer se cubrió con la piel de su víctima, y empezó a caminar. Su único equipaje era su confusión; desconocía todo… ni siquiera se conocía a sí mismo.

Así anduvo casi toda la tarde, ahora tenía sed; su olfato fue guiándole hacia un manantial. Su mirada atenta le avisó que allí no estaba solo, allí, en la caída de agua, hallábase un ser que a sus ojos le pareció muy atractivo, el equivalente a hermosamente divino.

Aquella fascinante criatura, se bañaba desnuda sin sospechar que estaba siendo observada furtivamente desde la maleza.

Cuando él lo creyó propicio, dando brincos sobre el agua se abalanzó sobre la criatura; aunque esta vez se impuso mucho esmero en ser lo menos violento posible; no quería dañarla en lo absoluto; sólo deseaba tocarla, olerla, tenerla cerca. Una mezcla de emociones y sensaciones desconocidas bullían por todo su organismo. Para ella, sentirse atrapada por un ser como él: Enorme, con tremendas manazas y garras, con un enorme hocico, y enfundado en esa piel del cuadrúpedo, fue demasiado, ante tanta impresión sufrió un desmayo.

Con hojas y ramas construyó un refugio. Cuando ella despertó, él le ofreció frutas frescas y bayas. Inicialmente, ella estaba horrorizada con el aspecto físico de su captor, mas, los ojos de este, por alguna razón, le inspiraron confianza, así es que terminó aceptándole los alimentos que con tanta devoción le ofrendaba. Él le acarició los cabellos, y ella percibió el embelesamiento que el extraño sentía hacia su persona. Pasaron los días, semanas y meses, y el encantamiento se tornó mutuo.

Hubo muchos momentos de pasión y consolidado cariño, hasta que ella quedó embarazada. Transcurrieron aproximadamente treinta y siete semanas, y él se debió ausentarse del refugio, pues los alimentos escaseaban en la zona por ser invierno, y había que recorrer largas extensiones de terreno para conseguir algo comestible.

En el refugio, ella empezó a sentir los primeros síntomas del parto, dolores que rápidamente fueron agudizándose hasta hacerse insoportables. En sus entrañas, algo dramáticamente doloroso estaba ocurriendo. Sus alaridos se podían oír en toda la zona, pero la ausencia de auxilio era reinante. Entonces cayó al piso expulsando sangre por la nariz y la boca…

Ocurría que su propio vástago había empezado a devorar la placenta y luego continúo engullendo las vísceras, y así siguió hasta abrirse paso a través de su abdomen. Una vez liberado de las entrañas de su ya difunta madre, prosiguió con la tragazón del cuerpo entero de su progenitora. Su apetito era tan voraz que hasta roía los huesos. Conforme comía, iba creciendo su corporeidad.

Cuando el recolector de alimentos regresó al refugio halló en un rincón al que era su hijo aun devorando los últimos restos de su compañera, la reconoció, pues la cabeza aún estaba intacta.

Impulsivamente, se abalanzó hacia su hijo, y de un certero mordisco le arrancó casi la mitad del cuello, matándolo instantáneamente.

Sentado en la entrada del refugio lloró desconsoladamente la pérdida de su compañera…y quizás también la pérdida de su hijo. Ahora cavilaba en que quizás él también había venido al mundo en similares circunstancias, solo que no lo recordaba.











martes, 3 de septiembre de 2024

UN HABITANTE DE LAS NUBES





Iustración y cuento de Oswaldo Mejía

(Derechos de autor, protegidos)




En realidad, Javier Quintana, era un recalcitrante inconforme con su contexto y realidad, eso lo impulsaba amostrarse como un innovador constante y vehemente. La multiplicidad de sus conocimientos autodidactas en Arquitectura, alquimia, biología, matemáticas, física, e ingeniería, lo facultaban como un visionario muy adelantado a su tiempo.

Javier Quintana había pasado los últimos años dedicado a la observación del vuelo de las aves, y al estudio minucioso de sus anatomías.

Fue a mediado de los años 1,600s, en que, empecinado en volar como las aves, se dio a la tarrea de construir un armatoste que simulaba un par de alas, equipadas con artilugios muy complejos, que permitían a sus alas de artificio, emular en casi todo, los movimientos naturales en vuelo de las alas de las aves. El inconveniente inmediato era, cómo dotar de energía al armatoste, para que este tuviera una tracción continua mientras aleteaba en el aire; los motores aún no se habían inventado.

Inducido por su obstinación e inventiva, Javier Quintana proveyó a sus alas unas poleas y unas cuerdas, que el piloto debería ir jalando continuamente, para generar los movimientos que mantendrían en el aire a las alas y al piloto. En sí todo el armatoste era muy ligero, y las cuerdas que iría jalando el piloto le daban gran maniobrabilidad.

…Y llegó el día de probar, cuan eficaces resultaban las alas de Javier Quintana. Este, furtivamente trepó hasta el campanario de la parroquia “Nuestra Señora de la Paz” en el sur de Lima, Perú; una vez arriba, ante un pequeño grupo de negros esclavos azucareros, que estaban allí de curiosos, se colocó las alas, las aseguro a sus espaldas y tórax por medio de un precario arnés, y se lanzó al vacío. Su propósito era alcanzar el cumulo de nubes que se alzaban sobre el cielo limeño

La inicial caída libre, fue rápidamente corregida por Javier Quintana, quien poco a poco fue agarrando ritmo en la acción de tirar de las cuerdas que daban movimiento de aleteo a sus alas. Cada vez ganaba más altura; ya casi tenía las nubes a su alcance. Cuando se internó en el corazón de las nubes, perdió visibilidad y el aspirar las moléculas de agua condensada empezó a dificultársele la respiración. A cada instante se agitaba más e iba perdiendo fuerzas. Cada vez le era más difícil controlar el aleteo y comenzó a perder altura hasta bajar del nivel del techo de nubes. Lamentablemente ya no pudo recuperar energías; y por consiguiente el vuelo cesó. Al comienzo las alas mantuvieron un planeo, mas, el peso de su cuerpo lo fue arrastrando en una rápida caída, hasta estrellarse aparatosamente contra el piso siendo empujado varios metros por acción de la inercia. Las alas quedaron hechas añicos, y sus restos quedaron desperdigados entre la huella que dejo el cuerpo de Javier Quintana al colisionar y patinar sobre el suelo.

Cuando Javier Quintana recuperó el conocimiento, estaba sobre una cama de hospital, extremadamente adolorido e inmovilizado en gran parte de su cuerpo; pero sobre todo estaba confundido, todo el ambiente se le hacía superlativamente ajeno, extraño…fuera de lugar. Las paredes, el techo, el mobiliario, la iluminación; nada concordaba con el mundo que el conocía.

Cuando llegó la visita médica, acompañada de un personal policial, una doctora le hizo las preguntas de rigor: ¿Cómo se llama? ¿Dónde vive? ¿Cómo ocurrieron los hechos que lo llevaron al estado en que se hallaba? Javier Quintana respondió a todo, e hizo un relato detallado de su ascenso en vuelo con sus alas de artificio desde el campanario de la parroquia “Nuestra Señora de la Paz” en el sur de Lima, Perú; lo cual dejó atónitos a todos los presentes ¡¿Cómo había recorrido casi 2,000 millas en vuelo con un artefacto tan rudimentario?! ¿Cómo pudo remontar los más de 6,500 metros de altura la cordillera de los Andes? ¿Cómo era posible que hubiera aterrizado en un parque de Buenos Aires, Argentina a más de 3,000 kilómetros de su punto de partida?

Mientras la policía buscaba que esclarecer los hechos, los del personal médico le anunciaban su diagnóstico: Contusiones diversas, rotura de fémur derecho, y doble fractura de columna con afección a la médula, lo cual le causaría una cuadriplejia irreversible.

Triangulando información entre la policía bonaerense, el consulado peruano en Argentina, y los registros nacionales de identidad en Perú, llegaron a la conclusión de que Javier Quintana no figuraba en ningún registro. se le daba como inexistente.

Las autoridades confundidas y preocupadas por los aparentemente absurdos testimonios, volvieron a interrogarlo y develaron por sus manifestaciones, que Javier Quintana, despegó en Lima, Perú en marzo de 1663…Pero ¡¿Cómo era posible que aterrizara en Buenos Aires, Argentina en febrero de 1996?!...Más de trescientos años después de emprendido su vuelo.

Una enfermera del nosocomio, a quien se le encargó el traslado de Javier Quintana hacia la finca de reposo, mientras lo transportaba en una silla de ruedas, recibió una llamada telefónica de rutina, lo cual la distrajo unos instantes. Cuando concluyó la llamada; la enfermera se dio con la sorpresa que la silla de ruedas se había deslizado alejándose casi diez metros. Al alcanzar al vehículo, más grande fue su sorpresa, pues Javier Quintana no estaba por ningún lado.

¡¿Cómo pudo una persona cuadripléjica dejar la silla de ruedas y abandonar las instalaciones del hospital…?!












IN VITRIO





Iustración y cuento de Oswaldo Mejía

(Derechos de autor, protegidos)




Yo estuve allí dentro más tiempo del que ninguno de los encargados del proyecto permaneció en esas mazmorras que fungían como laboratorio genético, Yo era el encargado de dotar estrictamente el oxígeno y los nutrientes necesarios al fluido del sintético líquido amniótico en el que flotaban aquellas criaturas. Mi labor debía ser meticulosa en cantidades y tiempo. Un descuido era sensible de provocar el fracaso en la incubación en los úteros artificiales, de una o varias de las criaturas, incluso podía afectar a una camada completa, y se habría desperdiciado años de estudio y trabajo, además de los insumos…

Cuando se desataron los bombardeos, las explosiones no hicieron mella a este gigantesco bunker subterráneo; apenas si se sintieron los sacudones como fuertes y continuos movimientos telúricos, mas, la infraestructura permaneció intacta. Mi labor también se mantuvo inquebrantable, haciendo caso omiso a la orden de evacuar la zona. Abandonar mi puesto de labores era condenar a aquellas criaturas a una muerte inminente. El proyecto estaba planeado para que estas criaturas híbridas, debido a su actual estado de anfibiedad, deberían ser conducidos, como paso siguiente del proyecto, a ocupar espacio en los estanques, que para ese fin se habían construido en el lago cercano. Allí irían siendo seleccionados oportunamente para ser sometidos a experimentos, cuya finalidad sería dotarlos de respiración pulmonar estable, de alguna manera bloquear su respiración cutánea, y así hacerlos útiles para el trabajo en las minas y en los campos de batalla.

 Yo no tengo familiares ni parientes aguardándome en casa, quizás por ello había madurado hacia todos ellos una empatía casi paternal, y creí conveniente procurarles lo que estuviera a mi alcance en pro de que continuaran vivos. Por ello me quedé aquí a pesar de los continuos bombardeos.

Fue la última explosión, la más potente y destructiva, la que logró perforar el subsuelo, abriendo un inmenso boquete en las paredes de concreto reforzado que bordeaban el laboratorio subterráneo. El impacto fue tan fuerte que hizo añicos decenas de los úteros artificiales matando en el acto a centenares de las criaturas. Yo que estaba en ese momento al fondo de las instalaciones, fui lanzado por los aires contra el mobiliario de archivos. Cuando me repuse de la colisión y el asombro, tuve ante mis ojos, tamaña destrucción y siega de vidas. El espectáculo era desolador; centenares de úteros artificiales hecho añicos, miembros y cuerpos mutilados por doquier. Los úteros artificiales que estaban al fondo, si bien no habían sido destrozados, en su totalidad sufrieron la avería del sistema proveedor de flujo de líquido amniótico sintético y se vaciaron por completo del vital elemento. Entonces las criaturas sobrevivientes, aun con su respiración pulmonar deficiente y su dermis no apta para permanecer mucho tiempo fuera de un elemento líquido, por instinto, abandonaron sus cubículos, cual si fueran un enjambre salieron en tropel por el enorme boquete, escalando por entre las ruinas buscando alcanzar el lago cercano, que por instinto habían percibido. Su prisa era una carrera por su vida.

Afuera, las naves que aún patrullaban la zona debieron confundirlos con tropas de resistencia, pues los recibieron bombardeándolos con granadas aire-tierra y ráfagas de metralla. La matanza fue una verdadera carnicería contra las indefensas criaturas. Los pocos que lograron retornar, inútilmente corrieron a refugiarse entre los que fueran sus úteros artificiales de origen; pero, como repito, estos ya estaban vacíos del líquido vital. El espectáculo de ver a estos últimos sobrevivientes agonizar resultaba aún más dantesco de todo lo que había visto anteriormente. Las pobres criaturas boqueaban esforzándose por respirar, y sus pieles cada vez más resecas eran una tortura que sólo culminaba con su muerte.

Cuando ya no vi más síntomas de vida en ninguno de ellos, recién reparé en que yo tenía quemaduras por el hemisferio derecho de mi tórax y rostro, producto de la última gran explosión que alcanzó a abrir el boquete en las paredes del laboratorio. También noté que mi vista estaba mermando rápidamente, y ahora sentía un dolor insoportable en todas mis articulaciones… ¡Claro! Eran los estragos de la radiación que expelió la gran explosión.

Aquí viví los últimos años de mi vida, y creo que aquí dejaré mis ultimas momentos...