Allá, muy allá, en los confines del universo;
en un lugar remoto de esos cuyo origen llega a nuestro entendimiento siempre
velado por un manto de incomprensibilidad sobre el que se embriónan dogmas... Allá, donde de manera constante
mueren y nacen astros, estrellas y galaxias…y sin embargo cuando señalamos con
nuestros dedos índices su ubicación, sólo se distingue una densa negrura que la
sugiere como ajena a cualquier génesis. Allí empezó esta gesta que entre
oníricos mensajes me ha sido narrada.
En uno de esos distantes mundos, sólo Dios sabe
en qué tiempos, el orden establecido estaba regido por imposiciones
dictatoriales y normas irrefutables provenientes de las lenguas del inefable “CONSEJO
DE LOS GRANDES SEÑORES”, grupo mítico de “mandamás” sin rostro visible, que se auto
conferían el poder de determinar cómo y hasta cuándo se definía la existencia
de “LOS COMUNES”. Ellos decidían sobre los demás: Qué debían comer, cómo debían
vestir, de qué debían enfermarse, el modo en que podían divertirse y hasta las
causas por las que debían morir. Ir en contra de algunos de sus inquebrantables
mandatos significaba hacerse acreedor a severas represiones que fluctuaban en un rango,
que iba desde la tortura y confinamiento perpetuo hasta la pena de muerte, más
aún si el delito cometido era la realización de cualquier tipo de experimento
genético. Esa atribución se
la tenían reservada para sí mismos; si alguien osaba infringir esta
última regla, el o los infractores serían condenados a la inmediata eliminación
de su existencia en cuanto fueran ubicados por el escuadrón denominado “LOS
IMPLACABLES”.
A la sazón, cuatro científicos guiados en parte
por el común sentido del ansia de conocimiento, así como también por la
primitiva tentación de jugar a ser dioses, desobedeciendo la autoridad
implantada, habían estado efectuando estas vedadas experimentaciones de
manipulación de genes, cada vez de manera más atrevida, lo cual los fue
poniendo bajo sospecha y posteriormente en evidencia. Ello, al desatar la ira
del CONSEJO DE LOS GRANDES SEÑORES con su rebelde actitud, los calificaba como
presas, por defecto,
del grupo encargado de aplicar la pena capital, “ad hoc” para estos casos.
Aunque suene a inútil, pues Los Implacables
tenían la fama y el prestigio de jamás haber dejado escapar condenado alguno
que se les encomendara capturar y eliminar, el cuarteto inculpado y sentenciado,
sabiéndose descubiertos, emprendieron la presunta estéril huida.
Rápidamente abordaron una nave pequeña, que por
sus dimensiones garantizaba velocidad y maniobrabilidad. El equipaje era casi
nulo, tanto como las exiguas provisiones, tal si se tratara de la consciente
premonición de una fuga destinada al fracaso inminente pero igual… Nadie con
sus cabales intactos se resigna a aguardar en quietud a la muerte. La reacción
siempre será correr, huir, buscar alejarse físicamente del fin de los fines. En
cambio fueron muy cuidadosos en llevar a bordo gran cantidad de semillas y
algas diversas.
Los destacados científicos, tres varones y una
mujer, cuyo delito había sido, justamente, manipular con el génesis de la vida,
ahora estaban en condición de penados fugitivos a bordo de una navecilla
espacial que por muy rápida que fuera no ofrecía la menor garantía de cumplir
el propósito de evadir el encargo del escuadrón de Los Implacables.
Ni bien cerraron la escoltilla, TEO, el
científico de más edad y ascendencia entre los cuatro, tomó posición del sillón
de mando desde donde se guiaba la pequeña nave. Esta, de manera aparentemente
absurda, no estaba dotada de timón alguno ni artificios que pudieran favorecer
el enrrumbamiento.
Ni bien TEO se instaló en el asiento, algo más
de una decena de cables emergieron del mismo conectándose esmerada y
milimétricamente a diversas partes de su organismo. Electrodos y agujas se
adhirieron a su cabeza, pecho y extremidades. Casi al instante, por el interior de las cánulas
se hizo visible el torrente de líquidos que de manera invasiva iban penetrando
en el organismo del piloto de turno. Adrenalina y otras hormonas sintéticas, entre ellas estimulantes del
impulso sexual como la testosterona, eran introducidas al flujo
sanguíneo de TEO en dosis tan escrupulosamente específicas como su metabolismo
necesitara para afrontar las circunstancias que se presentaran. El suministro
de adrenalina era constante.
De pronto la nave se puso en movimiento. El pánico
era colectivo, la histeria
amenazaba con desestabilizar la cordura. Sólo TEO, ayudado por las
mencionadas hormonas sintéticas, encaminaba la crisis hacia un stress positivo.
La navecilla partió rauda, gobernada
mentalmente por TEO que guiaba el curso por impulsos telepáticos dictados desde
la lucidez inducida por el
riego hormonal a que era sometido, con reflejos específicos y acertados
que le permitían sortear y evitar colisionar con cuanto obstáculo aparecía en
su camino. Superada la atracción magnética natural que ejercen los cuerpos
celestes, la nave comenzó a devorar miles de kilómetros en el espacio libre.
Todo fue quedando atrás: los lugares, los recuerdos… la vida misma estaba
siendo reemplazada por la incertidumbre de ir “hacia no sé dónde”. El objetivo
de alejarse de la muerte se estaba cumpliendo y sin embargo los temores no
cesaban, simplemente se transformaban y eran suplantados por nuevas
aprensiones. Esto es una constante de la existencia misma y en ese contexto no
cabía la excepción.
Tras de ellos, a lo lejos, de manera súbita, se
hicieron visibles siete puntos flotantes que poco a poco fueron creciendo y
adquiriendo la relevancia de siniestras
presencias punzantes provocadoras de angustia y dolor en el alma de los
fugitivos.
¡Claro que sí! Si era uno de los escuadrones de
Los Implacables, jauría volátil de siete naves de caza pilotadas por expertos
en el arte de acechar, acosar, emboscar, atrapar y ejecutar. Despiadados
matadores por encargo y muy responsables… disfrutaban apasionadamente del cumplimiento del rol que
se les había asignado, y ahora estaban allí, a sus espaldas, husmeando y
deleitándose con el miedo de los fugitivos… el juego previo del depredador
instantes antes de devorar a la presa.
La navecilla con los cuatro científicos era apenas un punto
deslizándose entre la inmensidad del espacio, transportando el espanto que
provoca la cercanía de la muerte… cada vez más cerca, reclamando por el festín de su sangre.
Genial
ResponderEliminarMuchísimas gracias. Durante ocho días publicaré uno a uno los ocho capituloss de este cuento.
EliminarDisculpa fue real
EliminarGracias.
EliminarExcelente!!!! Gracias erés brillante Oswaldo.
ResponderEliminarMuchas gracias amiga. eres muy generosa y gentil conmigo.
EliminarY me pregunto en cuantos planetas ha sucedido esto la rebeldía y querer ser dioses t así. Por consiguiente a l totalitismo done todos somos juguetes saludos amigo
EliminarTodo conocimiento empieza por la curiosidad. Luego se hará invasivo el deseo de saber más. Es la lógica entre los pensantes. Un abrazo querido amigo.
EliminarGracias mi querido hermano, y maestro muy impresionante.
ResponderEliminarGracias a ti por venir, Aunque hubieras puesto tu nombre.
Eliminarincreible, gracias por tomarte el tiempo de compartir.
ResponderEliminarApoyame por favor con una visita y un comentario en mi agradable blog o síguenos en nuestras redes sociales , te lo agradeceria infinitamente apoyémonos entre nosotros gracias,: https://koarpy.com/errores-arquitectonicos-famosos-mundo/ o https://www.facebook.com/koarpy.CO https://www.instagram.com/koar.py/
Gracias por tu visita. Un abrazo.
Eliminar¡Excelso, como siempre, Oswaldo!
ResponderEliminarGracias hermano mío.
EliminarAl principio creí sumergirme en un relato con tintes de leyenda, pronto se impone la CF, tan bien relatada. que te atrapa. Al final lo he visto como una alegoría de este mundo nuestro tan loco, donde los poderosos siempre aplastan a los pequeños.
ResponderEliminarUn abrazo, Oswaldo.
Gracias querida amiga, ojalá te animes a leer los capítulos restantes. Un abrazo enorme.
EliminarQue gran capituló, estaremos a la espera de su continuación. Un saludo de ANTIGÜEDADES DEL MUNDO.
ResponderEliminarGracias hermano mío. Los capítulos restantes estan aquí a tu derecha.
EliminarMe ha gustado mucho. Me he puesto a pensar, ¿Llegará algún día en que se pueda pilotar una nave con la mente? ;-)
ResponderEliminarA la espera de la continuación. Abrazo
Gracias por tu visita querida amiga. Los capítulos restantes estan aquí a tu derecha. Abrazo..
EliminarMuy interesante....ojalá y continúe rápido
ResponderEliminarGracias por venir. Los capítulos restantes estan aquí a tu derecha. Abrazo..
EliminarEl infitesimal universo etéreo conspirador d pensamientos y deseos negados por naturaleza...
ResponderEliminarGracias por venir, leer y comentar. Un abrazo.
EliminarGostei muito da arte gótica
ResponderEliminarBienvenid@ a mis munditos.
EliminarReymon- ¡Tu blog de galaxias es un viaje celestial a través del cosmos! La forma en que exploras las maravillas de las galaxias y el universo es realmente cautivadora. Cada publicación se siente como una aventura cósmica y tu pasión por desentrañar los misterios del espacio es evidente. Esperamos más conocimientos estelares y descubrimientos astronómicos en su blog.
ResponderEliminarHermano Reymon, gracias por venir.
EliminarMe encanta todo lo que te leo y este, lo releo y releo, porque allí tu expresión poética, imaginaria y artística se diluye en mieles para el espíritu, el alma y la imaginación de quienes lo disfrutamos. Felicitaciones
ResponderEliminarMil gracias po tu compañía.
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