Cap. 16 del libro "Delirios del Lirio"
(Derechos de autor, protegidos)
Nuestros
diseñadores vinieron de arriba, de algún lugar del vasto Cielo. Muy lejos de
ser Dioses, llegaron como portadores de la consigna de hacer de nosotros
herramientas y mano de obra incondicional, que debía realizar las tareas
consideradas por ellos como indignas para su investidura auto proclamada y auto
conferida.
Así nos
fueron escogiendo y seleccionando de entre las demás especies que de manera
natural retozábamos en este trozo del universo.
Con paciencia y pericia de cirujanos nos fueron dotando de habilidades y
capacidades calculadas, las cuales serían útiles a sus propósitos. Seriamos el
esclavo perfecto. El que nunca reclama, pues tendríamos instalado el reflejo de
que nacimos para servirles.
Forzando
nuestra corriente evolutiva, nos donaron parte de su información genética, la
cual nos inocularon como un paquete completo: Con habilidades, virtudes,
defectos, deficiencias, y también sus intrínsecas taras.
**-¡Levántense!
¡Caminen! ¡Deténganse!
Esas
ordenes eran constantes y recurrentes en el transcurso de nuestras agotadoras y
repetitivas jornadas. “Los Comunes”, que era como nos llamaban Los Venidos de
arriba, éramos atados por nuestros cuellos y arreados hacia los socavones en
las entrañas de este mundo delirante. Allí se nos obligaba a extraer los trozos
del metal dorado, tan apreciado por ellos…
El oro,
el metal conductor por excelencia, es el más escaso y esquivo en el universo,
pues debido a su peso, en el origen de los mundos, cuando estos eran masas
líquidas e incandescente, se hundió refugiándose en los núcleos centrales de
los planetas. En sus superficies quedó poco o nada del dorado metal nativo. El
que se puede hallar y extraer de su superficie, es oro foráneo, producto de
mundos, soles y estrellas que por su vejez explotan lanzando al espacio sus
restos y escombros que caen en forma de aerolitos y meteoritos sobre los
planetas que ya enfriaron parcialmente y solidificaron su cascaron exterior.
Entonces,
la gran finalidad de re diseñarnos había sido la esclavitud; el empleo de
nuestra fuerza física como herramienta desechable y fácilmente reemplazable.
Quienes sucumbían en las faenas eran arrimados a un lado, e inmediatamente
otros ocupaban el lugar de los caídos.
Yo
estuve allí desde el inicio… He sido testigo en primera línea de todo lo
ocurrido. Yo camine de la mano de esos patéticos remedos de Dioses. Quién sabe
porque motivo, ellos me dieron un trato especial, me protegieron y me
preservaron.
Demás
estaría intentar convencer a los escépticos de que no soy un demente delirante
que simplemente imaginó o soñó esta epopeya.
Cuando
por defecto se dieron las desavenencias por lucha de poderes entre estos
autoproclamados Dioses regentes, Los Comunes recibimos la dadiva del libre
albedrio, mas esta no fue gratuita. Nos instalaron el discernimiento, pues
debíamos luchar y guerrear por los intereses y convicciones del bando que se
apoderara de nosotros…y para ello debíamos estar dotados de la capacidad de
tomar decisiones mínimas.
Nos
obligaron a enfrentarnos Comunes contra Comunes, en una guerra cruenta y
completamente ajena a nuestra especie, pero determinante para la consecución de
supremacía de alguno de los bandos de los Venidos del Cielo.
Vi
morir como moscas a mis hermanos de especie en defensa de sus dueños de turno.
Ni siquiera les dotaron de uniformes de lucha, sólo les pintaron los cuerpos
desnudos, a unos con arcilla rojiza, y al bando contendor con arcilla gris.
Arriba,
los Auto proclamados Dioses se enfrentaban desde naves similares a enormes
platos flotantes que escupían fuego dejando estelas como marcas temporales
arañando el cielo. Abajo, mis hermanos Los Comunes se trenzaban en encarnizadas
batallas cuerpo a cuerpo, arrojándose piedras y palos en defensa de territorios
y puntos clave que ni siquiera estaban destinados a pertenecerles. Sobre sus
cabezas, los platos flotantes no cesaban de dispararse unos a otros, y
ocasionalmente, desde sus vientres descargaban huevos de color negro, los
cuales al estrellarse contra el suelo explotaban causando intensos efectos
infernales, que chamuscaban y desintegraban a Los Comunes, diezmando así a mi
especie.
Cuando
cesaron las hostilidades, los pocos que quedamos sobre este trozo de mundo, no
vimos ni vencedores ni vencidos, sólo quedo desolación y muerte entre mis
hermanos…Y de los Venidos del Cielo no supimos más…
Había
llegado el tiempo de reconstruir nuestro hábitat. Volver a hacer de la nada un
mundo que nos cobije. Ardua labor, un trabajo titánico que debíamos empezar,
pero sin la presencia de Dioses…Sólo con el recuerdo de su legado.
Empezamos
la reconstrucción con nuestras manos desnudas. Poco a poco fuimos desarrollando
técnicas y tecnologías que nos iban permitiendo avanzar la tarea con más
eficiencia y rapidez. Lamentablemente nuestra esencia genética, alterada por
los Venidos del Cielo. Junto a su ADN. que nos proporcionó inteligencia y
habilidad, también nos trasplantaron su egoísmo y su codicia desmedida. Los
Comunes igualmente habíamos desarrollado el afán de explotar el esfuerzo físico
y mental ajeno. El ansia de generar servidumbre también estaba latente en
nosotros.
Aparecieron
las clases sociales, las castas de poder; el enriquecimiento de pocos y la
miseria de muchos.
Por
alguna extraña razón, mi envejecimiento se había estancado. Quizás adrede o
quizás por error, Los Venidos del Cielo negaron a mis células el deterioro que
debería reclamar el paso del tiempo. Esa característica me mantuvo en un plano
analítico. Mi terca estadía en este mundo me permitió acumular conocimiento, y
quizás algo de sabiduría. Eso les dio un brillo diferente a mis ojos. Mis hermanos
de especie, tanto los poderosos como los miserables, cuando por azar se topaban
conmigo, se sentían, algunas veces fascinados, otras veces atemorizados por mi
mirada, ello me procuró un estigma de misterio e invulnerabilidad.
Mi
constante migrar fue determinante para que nadie supiera o sospechara jamás de
mi inmunidad al paso del tiempo. Viví mil vidas, y en ninguna envejecí ni morí…
Siempre observador, siempre necesario y oportuno… Siempre un tanto ajeno…
Infinidad
de veces mis sentidos han percibido, visto, olfateado y escuchado guerras y
gritos de libertad contra el yugo de tiranos y opresores, mas, a desdén de esas
innumerables contiendas, poco o nada ha variado. Cambian los contextos, los
actores y los escenarios, pero la situación es repetitiva; un círculo vicioso,
como si la vida de Los Comunes, que hoy preferimos llamarnos humanos, cayera en
un bucle sin fin.
La
automatización llegó como respuesta ante la búsqueda de alternativas a los
reclamos y el descontento de las masas destinadas a proveer el esfuerzo físico
necesario para el desarrollo y crecimiento económico de unos cuantos.
Las
castas de poder, lejos de hacer inclusión de sus trabajadores en la repartición
de sus ganancias, optaron por elaborar complicadas piezas de metal, y con ellas
fueron dando forma a brazos y piernas que iban implementando con animación
artificial cada vez más compleja, tratando de imitar articulaciones y
movimientos similares a los nuestros. De esa manera fueron reemplazando y
prescindiendo de su servidumbre humana. Ya nadie recordaba los inicios de esta
epopeya; ese punto en el cual, una vez, juntos, emprendimos la reconstrucción
de este mundo, apenas con nuestras manos desnudas como herramientas, y con el
sueño de una vida en armónica convivencia.
Las
clases trabajadoras se vieron paulatina y sistemáticamente reemplazadas por las
que inicialmente fueron llamadas máquinas. Estas sufrían una evolución cada vez
más acelerada. Sus acciones y funciones alcanzaban niveles de sofisticación
realmente alucinantes. Esos armatostes podían realizar los movimientos más
complejos con inusitada precisión y con la fuerza equivalente a la de
muchísimos hombres. Las máquinas habían desplazado a la fuerza física que
alguna vez fue el preciado aporte de los humanos. Ahora sólo bastaba la acción
de unos cuantos individuos encargándose de enviar órdenes a distancia a las
marañas de brazos y piernas mecánicas. Cuando lograron dotar a estas máquinas
con ciertas inteligencias artificiales, entonces se las denominó Bots.
Mientras,
afuera, legiones de humanos desocupados, hambrientos y desesperados no lograban
entender para qué se producía tanto, si eran tan pocos los que tenían el acceso
para adquirir y consumir lo producido.
A la
par con estos gigantescos avances tecnológicos en la automatización de la
producción, los estudios sobre manipulación de nuestra esencia, habían avanzado
a pasos agigantados. Los eruditos le llamaban medicina, y en sus albores tenía
como finalidad aliviar los dolores físicos, pero poco a poco fue haciéndose más
y más invasiva, hasta llegar a reemplazar órganos…y porqué no, también tuvieron
el atrevimiento de experimentar a re diseñarnos. De manera subrepticia, equipos
de humanos altamente especializados empezaron a manipular nuestras conexiones
internas, nuestros pensamientos, nuestras percepciones…nuestros sueños. A la
postre, los Señores del Poder hicieron de estas prácticas, operaciones legales
cuyo monopolio de licencia les pertenecía exclusivamente a ellos.
La
hibridación entre máquina y humano se hizo común. Así conseguían fuerza y
potencia, y a la vez autonomía utilitaria. Los órganos humanos que generaban el
pensamiento eran cercenados, y luego insertados en cuerpos metálicos. El
resultado fue lo que ellos llamaron Cyborgs: Maquinas dotadas de un cerebro
humano, autónomo e inteligente, o cerebros humanos inteligentes dotados de
cuerpos metálicos virtualmente indestructibles.
Para la
conversión a Cyborg, escogían a las mentes humanas más brillantes. Algo de eso
debía tener yo. Pues un día me durmieron, y al despertar era esto: Un cúmulo de
ideas, recuerdos y conocimiento atrapados en un cuerpo de metal, al cual podía
gobernar a mi antojo, pero siempre al servicio de los Grandes Señores.
Nuestra
misión heredada de los Venidos del Cielo se estaba consolidando en una
realidad, el Ente Perfecto, inteligente y de cuerpo casi indestructible…Y con
capacidad para replicarnos, y hacer de cada replica posterior, un ser mejorado
con respecto a su antecesor.
Ahora
estábamos listos para emprender el viaje de retorno al cielo, llevando con
nosotros la semilla de aquellos que una vez vinieron del Cielo y empezaron este
juego de creerse Dioses…
Los
Comunes, mis hermanos que luego pasaron a llamarse humanos casi se habían
extinguido, ellos quedaron atrás…quizás volverían a repetir el ciclo y
nuevamente intentarían repoblar este mundo, que nosotros Los Cyborgs, junto a
nuestros patrones, los Poderosos Señores, estábamos prontos a abandonar.
Antes
de nuestra partida, una estela de plumas blancas marcó los pasos de mi rumbo
hacia la nave que nos llevaría hacia los cielos…
Aquí concluyo mi narrativa, pues lo que continúa es una historia que ya no pertenece a este lugar…
BENJAMÍN ADOLFO ARAUJO MONDRAGÓN.
ResponderEliminar¡Genial, como siempre, estimado Oswaldo...!
Es la primera vez que leo tus escritos y me cautivo desde el inicio,sigue así vas por buen camino. :D
ResponderEliminarBenjamín Adolfo Araujo Mondragón. MUCHAS GRACIAS HERMANO MIO.
ResponderEliminarUnknown. MUCHAS GRACIAS.
ResponderEliminarGracias por compartir tu arte.
ResponderEliminarWow así es como sea determinado la evolución del.der humano y a cusnto tuempo estaremos para llegar a es es punto ya habrá pasado la singularidad la consciencia de las máquinas o los transhumanistas que su propósito es que los cybórgs sean una realidad me ha encantado este capítulo desde la teoría de los animal o hasta la conversión del humano a máquinas gracias amigo
ResponderEliminarUna recreación desde el genesis hasta la partida de la semilla humana hacia los cielos. Gracias amigo por venir, mirar y leer.
EliminarMe gustaría que escucharas a Juan Cirerol, Juan de Jerusalén "el templario", y con tu arte de letras escribieras "UNO CONTRA EL MUNDO", 😅 tal vez estoy pidiendo demasiado jejeje, pero ya no me queda más tiempo.
ResponderEliminarGracias amigo. Aprecio tu visita.
EliminarExtraordinaria historia. Genio gracias x compartir🤔
ResponderEliminarMil gracias a Usted.
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