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martes, 21 de julio de 2026

TRES PLANOS EN PLENO



Iustración y cuento de Oswaldo Mejía

(Derechos de autor, protegidos)




La Madre tierra prodigaba todo lo necesario para subsistir, y más… Vivir en esa realidad era realmente una dadiva. Había de todo en cantidad suficiente, y al alcance de la mano. Era lo más cercano a la idealización de un paraíso. Ni siquiera morir era un acto dramático. No existían las enfermedades; quienes cumplían su ciclo de vida, se acostaban por sus propios medios, y dormían soñando sueños hermosos donde la vida, como despedida, les daba la razón en todos sus actos vividos. Los deudos y familiares del difunto solían destaparle el cráneo, extraer los sesos y devorarlos de manera compartida; la creencia era que así se transmitían las habilidades y conocimiento del fallecido. Con ese ritual, además, se presumía que el difunto no se iba, que sus ideas y pensamientos estarían siempre presentes en el clan.

Todo parecía estar calculado para brindar dicha y abundancia; a un lado estaba el río de mediano caudal, cargado de peces, y el resto del perímetro rodeado de escarpadas montañas protegiendo a la comunidad de los vientos y las heladas. Nadie nunca tuvo el aliciente ni la necesidad de salir del lugar. Era un mundo dentro del mundo, sin interrelación, felizmente aislado e ignorado.

Sorpresivamente, una mañana llegaron unos forasteros errantes que atravesaron el río con sus miserias a cuestas. Era evidente que además de su pobreza, traían un profundo temor. Los miembros de la aldea los recibieron con beneplácito, pues hasta ese momento, jamás habían interactuado con nadie venido del otro lado del río, y estos despertaban curiosidad e inspiraban empatía. Les dieron de comer y les proporcionaron cobijo. De primera impresión a todos les pareció una buena idea tener nuevos miembros en la aldea; al fin y al cabo, había subsistencias para todos, y más. Inicialmente no hubo necesidad de imponer costumbres ni cultura, los recién llegados se adecuaron a la forma de vida de los lugareños, sin asperezas.

A las pocas semanas, otro grupo de errantes aparecieron vadeando el río; igualmente fue general la disposición de aceptarlos y darles cobijo, aunque esta vez era aún más notorio el miedo que cada uno de ellos traía consigo. Entre ellos vinieron brujos, shamanes, adivinos, y todo tipo de manipuladores de la mente y las emociones. Aunque lo peor llegó con la cuarta oleada de inmigrantes: la religión; con sus falsos profetas y sacerdotes predicadores de doctrinas que amenazaban con terribles castigos a aquellos que desobedecieran sus pregones. Estos personajes motivaban en la muchedumbre un temor desmedido a la muerte y condenas infernales por toda la eternidad si no fueron obedientes, sumisos, y devotos en vida. Con estos argumentos mantenían a todo el gentío en permanente sentimiento de culpa, remordimiento, y temor por los supuestos castigos divinos que les acaecerían.

Ahora el lugar iba rebasado de una población multirracial y multicultural, donde la gente nativa iba quedando como la minoría. Las creencias y supercherías importadas por los nuevos pobladores fueron calando fácilmente en las mentes de los oriundos pobladores, otrora libres de lastres emotivos y espirituales. De a pocos, la alegría fue siendo reemplazada por la ansiedad, temores irracionales, fobias, y angustias obsesivas. Aquella comuna rebosante de plenitud, ahora era una sociedad enferma y apática. La muerte empezó a presentarse como un verdadero drama finalizador, y los hijos de los aborígenes cambiaron el antiguo ritual de devorar los sesos de los difuntos para asimilar las habilidades y conocimiento del fallecido por el llanto y los rezos. Ya no había forma de acudir a la sabiduría de los ancestros.

En un escaso lapso de tiempo, cuatro generaciones habían estado expuestas a estas predicas invasivas y contaminantes. Gente obsesionada orando, implorando, auto flagelándose física y mentalmente; y viviendo su muerte mucho antes de morir.

Las personas enfermas de espíritu, enferman el lugar que habitan y el suelo que pisan. La tierra dejó de ser fructífera; cada vez había menos frutos para consumo humano, y menos pasto para el ganado. Todo había degenerado; no solo eran las supercherías de los brujos, astrólogos, adivinos, shamanes; las sectas, y religiones… ¡Sí! Pluralizo, pues no era una sola secta ni una sola religión; estas habían proliferado en número y también en cantidad de dioses y credos. Cada secta y cada religión aseguraba que su culto estaba dirigido a un dios único y verdadero; lo cual desembocaba en una rivalidad, que terminaba en enfrentamientos de devotos radicales, los cuales peleaban por la supremacía y exclusividad de su dios.

Era frecuente, de pronto hallarse en medio de una multitudinaria gresca de gente armada con palos y piedras, y dándose a matar. La otrora armonía reinante en el lugar, por culpa de las sectas y las religiones, se había convertido en el escenario de cruentas batallas campales con muertos y heridos.

Para cuando las matanzas se hicieron un accionar de cada día, los grupos neutrales y los no radicales fueron abandonando el que alguna vez fuera un lugar paradisiaco y acogedor.

Los grupos de fugitivos que salían huyendo en todas direcciones, en su camino se encontraban cara a cara con gentíos que venían en sentido contrario; paradójicamente, estas muchedumbres también huían de situaciones similares, pero en versión macro. A sus espaldas estaban dejando sangrientas guerras santas, en las que se masacraban todos contra todos, cada uno luchando por la convicción de que su dios era el verdadero por encima de los demás.

Todos y cada uno de los bandos juraban que su dios era el único, el verdadero, y que era todo amor.






























sábado, 28 de febrero de 2026

IN MEMORIAM





Ilustración y cuento de Oswaldo Mejía.


  (Derechos de autor, protegidos)



Alejandrito era un tipo muy especial en la comarca; un hombre joven, físicamente muy regordete… contextura nada común entre la gente de la comuna; tenía un rostro de niño siempre sonriente. No era muy vivaz ni acomedido, es más, era un retrasado mental cuyos sentidos, casi exclusivamente reaccionaban al instinto de comer. Pero por no tener padres ni familiares, despertaba tiernos sentimientos de adopción en la gente de la comunidad. Nunca faltaba quien tuviera un plato de comida para invitarle, aunque el apetito de Alejandrito siempre permanecía insatisfecho.

La vida en la comunidad era repetitiva; una seguidilla de ciclos idénticos, durante los meses del estío, el total de los comuneros se dedicaban casi exclusivamente al pastoreo y al cultivo. Era de extrema prioridad sembrar, cosechar, acopiar y guardar alimentos para sobrevivir a los largos meses invernales.

Este año, las cosechas habían sido muy benévolas y abundantes. Los graneros estaban rebosantes de trigo y maíz. La comunidad tendría alimento suficiente para afrontar el invierno que se avecinaba.

Lamentablemente la vida es así, cuando todo te sonríe, ella no tarda en presentarte un “pero”. En este caso fue el descubrimiento de que los graneros estaban siendo sistemáticamente vulnerados. Los comuneros se reunieron, discutieron, elucubraron y teorizaron sobre quien o quienes eran los ladrones de sus provisiones…La idea que gozaba de más aceptación era que se trataba de una invasión ratas. Con la supuesta identificación de la supuesta plaga, ahora faltaba definir las estrategias para hacerles frente y combatirlas.

Las ratas son roedores muy intuitivos; si alguna muere entre sus correrías, las demás identifican el veneno o el entrampamiento, y ya ninguna cae en el engaño. Además, entre los comuneros, la mayoría no apostaba por el envenenamiento, pues era factible que las ratas, en su andar, extendieran la contaminación del veneno por el total de la cosecha, echando a perder todas las provisiones.

El problema parecía insalvable, hasta que apareció Don Enrique, uno de esos que siempre parecen tener solución a todo, con una propuesta por la cual aseguraba bajo juramento que ya la había puesto en práctica con absoluto éxito en el anterior pueblo donde vivió. Don Enrique se mostró tan convincente, que todos salieron de la asamblea comunal persuadidos de estar ante la solución. La idea era combinar mezclando una parte de yeso cerámico con una parte de queso añejo, seco, y rallado, y colocarlo en platitos en lugares de fácil acceso, para atraer visualmente y también olfativamente con el olor del queso rallado, a las ratas.

Al día siguiente, dos emisarios fueron a la ciudad con la consigna de comprar tres o cuatro talegas de yeso en alguno de los talleres de cerámica o escultura; el queso añejo sería donado por cada hogar de la comunidad.

Cuando retornaron los emisarios, todos muy diligentes en la comunidad, se pusieron a rallar los trozos de queso y a mezclar los elementos, tal como lo establecía la formula. Una vez listo el menjunje, distribuyeron puñados en una veintena de platitos que fueron diseminados por los tres graneros comunales.

A la mañana siguiente los graneros amanecieron atestados de curiosos. Era evidente que los graneros habían sido visitados durante la noche, pues había rastros de granos por el piso, y casi todos los platillos con la formula anti roedores habían sido degustados hasta devorarlos por completo…sospechosamente, no había cadáveres de las ratas.

La explicación del diseñador del artilugio, fue que efectivamente había que esperar unos días para ver los verdaderos resultados, que en eso radicaba la efectividad de la formula. Las ratas que la comían tardaban en morir, y por defecto morían lejos del lugar, así las ratas no sospechaban, y una y otra seguían comiendo la formula.

Nuevamente a llenar los platitos con puñaditos del anti ratas, y todos a dormir con la credulidad renovada en las palabras de Don Enrique. La rutina se hizo repetitiva; curiosos atestando los graneros por las mañanas, platillos vacíos de la ración del desratizante, y todos a llenar nuevamente los platitos con la formula.

A los pocos días, los comuneros ya casi habían perdido el interés en los resultados del proyecto de desratización. Solo unos pocos, más por obligación, asistían a renovar las raciones de puñaditos de la formula desratizante, en los platitos.

La rutina se vería quebrada por un acontecimiento, por demás conmovedor. Dos mujeres vinieron del fondo de la quebrada, a la carrera, gritando y lloriqueando -¡¡Alejandro está muerto!! ¡¡El gordito Alejandro está muerto!!-

El escenario era el patio de la cabaña asignada a Alejandro. Efectivamente, el cuerpo del susodicho yacía tumbado boca arriba, con los brazos abiertos en cruz. Una multitud de curiosos lagrimeando, todos sinceramente dolidos entrecruzaban teorías sobre que podía haber causado el deceso.

-Pero si ayer lo vi tan bien…- -Debió ser el corazón, estaba demasiado subido de peso- -Quizás le pico algún bicho venenoso- -era muy buenito- -¡¡Te vamos a extrañar Alejandrito!!-

La autopsia ayudaría a esclarecer el motivo del fallecimiento del querido Alejandrito. Don Anastasio, quien, al no haber médico en la comuna, como él era el encargado de destazar los animales designados para alimento, pues también tendría que fungir como forense. Tirado el cadáver de Alejandrito sobre una improvisada mesa, fue abierto por el abdomen, delante de todos los curiosos. Un poco era el interés por qué le había ocurrido a Alejandrito, y bastante también era el morbo por ver cómo era por dentro.

Apenas Don Anastasio cortó y abrió el voluminoso abdomen de Alejandrito, el estupor se apoderó de todos los presentes. El recto, los intestinos, y gran parte del estómago estaban rellenos de yeso fraguado y unos pocos granos de maíz, trigo y mucosidades. Esto había provocado un estreñimiento total, múltiples infecciones, y deshidratación severa. El cuadro clínico que se esperaba ver en las ratas, lo estaban viendo en el cadáver de Alejandrito

<<El queso seco rallado combinado con el yeso cerámico, atraería a las ratas, estas al comer el menjunje, y al mezclarse con su saliva, sus jugos gástricos, y su humedad corporal, el yeso cerámico entraría en proceso de fraguado o endurecimiento, obstruyendo varios sistemas, la excreción de heces y residuos, haciendo colapsar al organismo>>.

Nunca hubo ratas asaltando los graneros. Los granos sustraídos furtivamente fueron inocente obra de la gula de Alejandrito, él comió el contenido de los platitos con la formula desratizante, y sufrió el fin destinado a la supuesta plaga de ratas.

Nadie acusó directamente a Don Enrique del fallecimiento de Alejandrito, pero muchos guardaban ese dedo acusador en su interior; el mismo Don Enrique jamás pudo superar ese sentimiento de culpa…



























martes, 16 de abril de 2024

CALLE DE LOS PASOS SIN HUELLAS





IIustración y prosa de Oswaldo Mejía

(Derechos de autor, protegidos)




Caminas de prisa. Has percibido mi presencia, sabes que te sigo. Intentas perderme entre el gentío, pero ¿Cómo esquivarme? No sabes quién soy, no tienes idea de donde estoy.

No es mi intención asustarte ni perturbarte, tampoco te espío; sólo sigo el rastro de tu aroma. Apenas si aspiro a re andar las huellas de tus pasos. No temas, que mi devoción está lejos del más mínimo deseo de dañarte.

Carezco de reclamo alguno, mas, vayas donde vayas, allí iré yo. Aun cuando puedes percibirme, no puedes visualizarme caminando tras el extremo final de tu sombra…

En mi tiempo, ya es muy tarde para desearte mía. Me debo resignar a disfrutar con solo asegurarme que estas allí… Hija de la brisa.






















domingo, 17 de marzo de 2024

¡LOCO! ¡CRAZY!






Video (Música e imágenes de Oswaldo Mejía)

Video con muestra de parte de mi obra pictórica editada sobre la música del track "¡Loco! ¡Crazy!". Canción de mi autoría en composición y arreglos musicales, y que formara parte de la discografía de mi otrora banda "Brebaje", donde ejecutaba la guitarra lider.











lunes, 2 de mayo de 2022

COLORES VINO Y MIEL PARA MIS CIELOS




Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía.


  (Derechos de autor, protegidos)



Déjame contarte una estúpida historia de amor, tan tonta como llorar por lo que se amó y se perdió por no saberlo cuidar:

“Estaba el aprendiz de humano, tendido sobre la losa fría, tiritando; más su hipotermia era del alma. La posición fetal adoptada era una vana forma de buscar auto entibiarse. El dedo pulgar en la boca, era síntoma del ansia de conexión con su origen.

Un ángel llegó provisto de falsas sonrisas y un farolito para supuestamente guiar sus pasos, mas su afán solo era alejarlo de afectos y atenciones ajenas. Para ello marcó territorio orinando a su rededor. Seguidamente, con sus nudillos dio tres toquecitos en la sien del aprendiz de humano:

-Hola

¿Hay alguien ahí?

¿Puedes oírme…?

Sé que te sientes mal, pero yo puedo aliviar tu dolor y conseguir que tus piernas troten otra vez-

El aprendiz de humano continúa recostado en posición fetal, sobre la losa fría, chupándose el dedo. El ángel partió con sus falsas sonrisas y su farolito, dejando sólo el olor de sus orines que aún se afanan en alejar los afectos y atenciones ajenas.


domingo, 17 de abril de 2022

HOY NO ATIENDE MARAT




Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía.


  (Derechos de autor, protegidos)




Si es tu deseo, si eso se te antoja, puedes morirte ahora mismo, sin embargo, no olvides resurgir. Recuerda que necesito escucharte cantar; es preciso que me cuentes otra más de tus historias Cuentero. Ahora ve y pernocta más allá de este punto dimensional en que cohabitamos, pero al despertar el sol, nuevamente quiero oír tu voz.

…Y no te lo estoy pidiendo, no te otorgo libertades ¡No! Te ordeno brillar en la mañana. Comprende y haz lo que te digo, ya que te hablo desde el caprichoso decir. -“Si no hay amante a la hora de acostarte ¿Cómo has de despertar amando al amanecer?”-

Me acurrucaré a tu lado, seré tu amante onírica esta noche, y al abrir tus ojos, mi nombre será canción en tus labios ¡Buenas noches! Descansa, mientras aguardo tu renacer…Por favor…










lunes, 11 de abril de 2022

VENGO DE DONDE MI DEDO INDICA




Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía.


  (Derechos de autor, protegidos)



Soy ese horripilante ser con cuerpo de botella de vidrio transparente que llegó hasta aquí en algún tiempo, portando en mi interior un mensaje escrito para ti. Vine flotando a la deriva entre un mar de razones. Existo, vivo, y he devorado hasta el hartazgo cuantos pecados del mundo estuvieron a mi alcance. Quizás la experiencia sea el inicio de la sabiduría, y yo debo entregarte conocimientos profundos, no conceptos que apenas si rozan la piel.

Déjame contarte al oído como adquirí mi condición de humano.









domingo, 10 de abril de 2022

SOMBREROS PARA LA NOCHE




 Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía.


  (Derechos de autor, protegidos)



Temo a la eterna, silenciosa y solitaria noche entre la que deambulo, pero aun así no detengo mi andar. Habito un mundo de barrotes que a duras penas si los distingo, mas, percibo rejas y encierro por doquier. Creo que fueron destinados para detener mis pasos, y sin embargo no lo consiguen, ya que soy como volátil humo viajando con el viento de aquí para allá, aunque no más allá de esta bóveda oscura donde sólo hay cabida para mí y los demonios que debo enfrentar… mis propios demonios… Sí, ellos son de mi exclusiva propiedad, están dentro de mí; y aunque se empeñan en torturarme mostrándome cada minuto siguiente como insalvable, siempre me doy maña para caminar hacia nuevos instantes que se eternizan junto a mi imperecedera existencia.

Mientras dormía de pie, soñé con una lucecita, tenue, tibia, pero suficiente para que hoy, inicie mi solitario vuelo con una sonrisa…

¿Crees que por soñar lo que quizás no me corresponde soy un orate?










viernes, 8 de abril de 2022

VARADOS EN UNA PESADILLA

                                       


Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía.

  (Derechos de autor, protegidos)



El filo de la hoja inicia su premeditado recorrido abriéndose paso entre el ruido de la muchedumbre y el espacio propiedad del viento. La piel no le detiene, el tejido pulmonar tampoco. Limpiamente, el frío metal se aloja en el mismo centro del corazón, susurrando que su mensaje es el último, que luego de ello no habrá más…

Un ¡OH!, y luego, el dictatorial silencio. El hombre empieza su lenta caída. Desde su cuerpo erguido hasta el suelo, hay una eternidad… Y sí, todos pueden ver al detalle cómo se desploma. Él es una leyenda y las leyendas caen lentamente, pues tras su caída arrastran todo un orden, una filosofía, un modo de interpretar y enfrentar la vida…Está cayendo un ejemplo a seguir.

Cuando su boca abierta, por fin mordió el polvo, miles de manos cubrieron millares de rostros pletóricos de estupor. Ya nada sería igual. Quien trajo el mensaje del fin, puede descansar y gozar la satisfacción de ver su obra cumplida.

“Nunca mates a quien hace la historia, si no eres capaz de continuar escribiéndola tú, o muchas almas quedarán gritando en el vacío”.



















jueves, 7 de abril de 2022

MI ESPEJO RIMA AL VACÍO



Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía.

  (Derechos de autor, protegidos)




¡Sí! ¡Hoy es un día diferente! Entre la eternidad de días que llevo aquí, todos ellos plagados de desdichas y sabores amargos, el día de hoy es un día diferente; un día muy especial en el que mi resiliencia y terca emotividad parecen colapsar, pues el sentido de la vida pierde todo significado ante el olor a cadáver que despide mi cuerpo, así como la lobreguez de mi alma inútil e incapaz de hallar la llave para abrir esa verja de frío metal, terca cual demarcador del cautiverio que llevo sobre los omóplatos de mi subconsciente.

Y aquí continúo, con los mismos recuerdos, los mismos anhelos de sueños dorados… Aunque ahora, con la certeza de lo inválido de mi pasado y el único argumento de continuar hacia adelante guiado por la inercia de esa convicción: “Es el, EL MUY GRANDE, quien tiene la exclusiva potestad de decidir cuándo se debe apagar mi farol”.

Por ahora, hoy es un día diferente.









miércoles, 6 de abril de 2022

SENTAOS A ESPERAR




Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía.

  (Derechos de autor, protegidos)



Allí está la diaria noche de cerrazón, y para variar, reclama enfrentarla. El ojo avizor es el de ese guerrero de siempre, torpe pero testarudo que, aun cuando sólo se le confirió una inútil réplica de espada en frágil madera, jamás retrocedió ante las ridículas parodias de luchar contra las tempestades ¡Reíd, huestes de peregrinos, ante este Quijote de ridículo yelmo en forma de embudo!

“¡No grites mi nombre en la línea del viento, ni escribas tu celo reclamado mi tiempo! Mi adoración está a flor de labios pero escapa a los hechos”. Repetía el calco de tierna Dulcinea, mientras el guerrero de brazos fornidos la miraba atónito pues no comprendía sus palabras.

Este compulsivo peleador lanzaba tajos de salva con la diestra, mientras que con la siniestra sostenía un trozo rectangular de cartulina con un dibujo de fémina desnuda cual escudo. Va dando pasos rengos que no son más que tumbos, pero sin variar su norte que es el frente ¡Que vengan a por él los ejércitos de la falacia y la duda, si desean enterarse de la rudeza de su lomo para afrontar desdichas!

“Vive tu día a día, que para mí paz transito yo. Refúgiate entre tus versos e imágenes del ángel débil, cuyas alas de ayer inutilizaron tus plumas para el hoy”. Era la voz constante de Dulcinea, retumbando en la cabeza del Quijote.

Aconteció un día que, entre la coreografía de pugna, la espada de madera rozó su pierna derecha y se quebró, más un luchador jamás se amilana. Abrió su boca y mostrando su desgastada dentadura, continuó desafiante, amenazando con dentellar a Fulano, Zutano, y al mismísimo Perengano si se interponían entre sus delirios de amores injustos y sueños de editar historias imposibles de vivir.

“Carecen mis libertades de una lengua que lama tus heridas al interior de tu pecho. Hay deseo y afán de risas propias, en primera fila. Lidia tú con los hechizos que te adjudicaste y que para mí son ajenos y tan lejanos como distantes leguas”, pronunciaron los ojillos azulados, huérfanos de cejas en un domingo de cautiverio.

Al oír a su adorada niña, el batallador cerró su jaula portátil y se sentó a degustar el humo de su cigarro barato, aunque no por ello menos adormecedor. En esa posición, y con resignada complacencia, concluyó: 

“Quiere que me vaya a continuar mis guerras a otros confines, justo ahora que perdí mi yelmo de embudo, mi escudo de cartulina y mi espadita de madera que se rompió…”

Aún permanece allí el batallador, mostrando los dientes a Fulano, Zutano, y al mismísimo Perengano…Aunque ya no hay Dulcinea por quien batallar.







lunes, 4 de abril de 2022

ETERNIDAD PARA LOS AGUARDANTES



Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía.

  (Derechos de autor, protegidos)



Se espera, siempre se espera. Si caminas, esperas llegar a un lugar; si te detienes, esperas al tiempo pasar; si hablas, esperas ser escuchado; si callas, esperas que se respete tu silencio; si vives, esperas vivir más; si vas a morir, esperas que sea pronto y que no duela.

Se espera, siempre se espera…

Este rostro se veló con caretas horribles, con máscaras angelicales; algunas eran cabezas de animales, otras de niños sonrientes, y también las hubo de bebés lloriqueando ¿Qué importa cuál fuere la careta de turno si siempre estuve esperando? Estos ojillos tras las cuencas de cualquiera de las caretas, siempre miraban en un rango de derecha a izquierda y viceversa, esperando, angustiados, el ataque artero, el mal momento por venir.

Se espera, siempre se espera…

Hoy guardé mi colección de caretas, quería que vieras este rostro sin veladuras, quería que juntos soñáramos el mismo sueño, y fuiste complaciente. Sorbí el almíbar de tus entrañas y estuve dentro de ti. Ahora, esta imborrable sonrisa, sólo espera su perennidad ante ti…

Se espera, siempre se espera, pero ahora, mientras esperamos, reímos juntos la misma risa.



















domingo, 3 de abril de 2022

VESTIDO DE FABULA PARA ACUNARTE





Ilustración y cuento de Oswaldo Mejía.
Cap. final del libro "Delirios del Lirio"
  (Derechos de autor, protegidos)



La tertulia es un bocado largo; se paladea, se saborea. La disfruta quien habla, y también quienes escuchan. Si la charla es incoherente, mucho mejor. Aunque esta, más que charla, era un monólogo continuo. 

Cual si tuviera mil bolsillos imaginarios, el Cuentero iba sacando historia tras historia. Los oyentes, boquiabiertos, apenas si se limitaban a asentir por momentos con alguna gesticulación, mueca, o pronunciando un breve “¡Ajá!”, o un “¡Claro!” …

En determinado momento, el Cuentero requirió de un adjetivo huidizo, entonces cerró los ojos un instante, como si fuera a hurgar su mente en busca del ansiado adjetivo.

Al volver a abrir los ojos, algo no encajaba… Algo había variado radicalmente en el contexto.¡¡Sí!! ¡¡Ya no eran las mismas caras conocidas de los oyentes!! Ya no era el mismo lugar…Ni siquiera era la misma noche…

La primera reacción del Cuentero fue el pánico - ¿Qué está pasando? - Instintivamente intentó ponerse de pie, mas los que ahora le rodeaban se lo impidieron.

-No se pare…

*- ¿Por qué…?

-Se cayó, se golpeó la cabeza, y estuvo sin conocimiento por unos minutos. Es mejor que espere a que llamemos a algún familiar o algún conocido suyo…

El Cuentero se llevó las manos a la cabeza, y entonces pudo palpar que sus largos cabellos estaban empapados de una sustancia gelatinosa. Cuando miró las palmas de sus manos se dio cuenta que era sangre en proceso de coagulación.  ¿Qué había ocurrido realmente? ¿Cómo llegó a este lugar? ¿Dónde quedaron los amigos con quienes estuvo tertuliando hacía un instante? 

Al Cuentero sólo se le ocurrió huir despavorido de aquella extraña realidad repentina, mas, al primer tranco, sus piernas no reaccionaron a la altura de las exigencias. Trastabilló y cayó pesadamente al piso, recayendo el impacto de la colisión sobre su mano derecha.

-Señor, cálmese. Ya está en camino el auxilio médico. 

El dolor obligó al Cuentero a encoger su brazo derecho para sobarse. Fue allí que notó lo arrugadas y envejecidas que estaban sus manos. Su cuerpo en sí, estaba falto de musculatura, agotado, desgastado…Un cuerpo de anciano.  ¿Cómo pudo ocurrir esto en un abrir y cerrar de ojos? -

Arrastrándose hacia atrás, apoyándose sobre sus caderas y codos, El Cuentero, desesperado, se apresuró por alejarse de esa pesadilla... ¡Huir!  ¡Huir!  ¡Huir! 

Esta vez el cambio también fue repentino, pero no hubo brusquedad. Todo varió, pero fue como una veladura, suave, sutil, esfumada…Ahora él se impulsaba con unas piernas muy largas, flexibles y elásticas. Se deslizaba casi flotando por entre un camino heterogéneo de distancias planas y graderías. A su derecha se mostraba una inacabable pared de ladrillos, con una secuencia horizontal de ventanas desde donde le observaban personas que en algún momento debió conocer, pues sus rostros le resultaban familiares. Que no hubiera hecho por evitar mirarlos, pero su vista era atraída por esos rostros tristes y sombríos que aparecían en las ventanas. Verlos le dolía. Había algo en esas visiones que le hacía daño. Estaba llorando, y sufría, mas no aminoró la velocidad de su carrera. Aun así, el deslizamiento de su existencia se desfasó con la vista de la inacabable pared que se presentaba a su derecha. El paso de las ventanas frente a sus retinas fue adquiriendo más y más velocidad, hasta hacérsele imposible distinguir nada. Sólo podía percibir el vértigo moviéndose a su derecha.

Cuando detuvo su correría, el paisaje se mostró desoladoramente plano y sin fin, estéril, vacío. Sin atrás, sin adelante. Sin Este ni Oeste, sin Norte ni Sur. Hacia donde mirara, sólo hallaba la soledad más profunda. La madre de las ausencias y las carencias. Esa soledad que ni permite rezar, pues en ella no hay cabida para ningún Dios …

El Cuentero se derrumbó sobre sus rodillas. Los recuerdos de sus mil vidas, ahora resultaban un peso excesivo para su organismo cansado y desgastado por esa vejez fortuita y repentina…

Vinieron a su mente, Eva… Su Madre… Magdalena…Emérita, Betsy, Esther, Diana, Lucy, Patricia…y Myriam. Todas con sus diferentes rostros, pero con el mismo aroma feromonal en sus pieles, y las mismas ojeras color promesa ¡¡Claro!! Siempre fueron la misma, sólo variaba su rostro para no ser conocida sino, reconocida.

*-Ella nunca vino. Todo fue una mentira. A ella la inventé yo…

En esas circunstancias, en ese instante, la mente del Cuentero había empezado a sufrir repentinos arrebatos de cordura selectiva. Seguía sumergido en esa vorágine de realidad delirante, pero por momentos sus recuerdos daban brincos cada vez más prolongados hacia la lucidez.

Había vivido mil vidas, miles de aventuras, y los recuerdos de todo ello estaban intactos, dentro de su cerebro. Allí estaban minuciosamente detallados, olores, texturas, sabores, sensaciones y sentimientos transcurridos. Las luchas, las lágrimas; las plumas blancas que aparecían inexplicablemente ¡¡Claro, las plumas!!

Entre sus mil vidas, en cada una de sus aventuras siempre ocurría un hecho por demás inquietante…como por arte de magia en algún momento aparecían plumas blancas.

Entonces el Cuentero reparó en que estaba desnudo, y que llevaba un armatoste sujeto a sus hombros por unas correas, y del cual sobresalían un par de largas varillas de las que se sujetaban algunas tiritas de papel blanco. El Cuentero se llevó las manos al rostro y lloró como un niño.

Los recuerdos cobraron ribetes de una nitidez tan vívida que casi eran palpables…

*-Estas ridículas alas las fabriqué yo hace mucho. Las hice con mis propias manos; con varillas de desechos y les fui pegando tiritas de papel para simular plumas. Con ellas me auto confeccioné la mentira de que yo podía volar…

La fantasía que su mente afiebrada le otorgara todo ese tiempo, ahora se desvanecía. Aquellas alas que otrora se le antojaron majestuosas, ahora se le presentaban tal cual: Un armatoste inútil, hecho de varillas de desecho, y con algunas tiritas de papel, que aún se mantenían tercamente pegadas.

Nunca vino Eva, nunca vino su madre, nunca vino Magdalena, ni Emérita, ni Betsy, ni Esther, ni Diana…ni Lucy…ni Patricia…tampoco Myriam.

Nunca hubo mil vidas, ni aventuras épicas. Quizás ni siquiera hubo tertulias con sus monólogos continuados…

Roto el hechizo de su delirante magia, el Cuentero supo que aquellas preciosas plumas blancas que hallaba en sus imaginarias aventuras, no eran más que las tiritas de papel que iban desprendiéndose de su armatoste…

*-Todo fue una mentira. Todo esto me lo inventé para hacer soportable mi soledad. 

 El Cuentero permaneció arrodillado, con ambas manos cubriéndose el rostro, sumiéndose entre la tristeza y la desesperanza. Su magia se había acabado ¿Cómo digerir la orfandad de razones para continuar la ruta que el destino le asignó?

Quizás fue solo un instante, quizás hubo transcurrido una eternidad… Quizás ya no había más lágrimas para derramar. Lentamente el Cuentero fue retirando sus manos liberando de a pocos su mirada. Entonces sus enrojecidos ojos se abrieron desmesuradamente y una amplia sonrisa cobró vida en él…

Frente a sí, entre sus rodillas, yacían un par de hermosas plumas blancas.

Final...