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martes, 28 de mayo de 2024

GRIMORIO CON RECETAS PARA REDIMIR SANTOS




IIustración y cuento de Oswaldo Mejía

(Derechos de autor, protegidos)




Esta es la noticia del asesinato de una familia, que estremeció Brazil…

La escena que halló la policía de Sao Paulo esta semana en la casa de la familia Pesseghini, era espeluznante: Un adolescente de trece años muerto de un balazo, tendido sobre su cama, junto a los cuerpos sin vida de su padre y madre; y el revolver percutado, en la mano del muchacho. En otra habitación dentro de la misma casa estaban los cuerpos sin vida de la abuela y tía abuela del adolescente, todos ultimados por disparos de la misma arma.

El adolescente Marcelo Pesseghini, fue descrito por quienes le conocían, como un jovenzuelo atento y cariñoso. Aunque la policía también ha indicado que un compañero de Marcelo en la escuela (cuyo nombre no fue divulgado) declaró que Marcelo le había comentado su deseo de matar a sus padres, irse a vivir a una casa abandonada y convertirse en un asesino a sueldo.

Según las investigaciones, todos murieron el día domingo por disparos del arma de reglamento de la madre de Marcelo, una mujer de treinta y seis años que era policía, al igual que su marido de cuarenta años.

Las pesquisas policiales señalan a Marcelo como el autor de los disparos que segaron la vida de sus cuatro familiares, y posteriormente se suicidó.

La escuela en donde estudiaba el muchacho indicó que el lunes, último día que asistió a clases, participó de todas las actividades propuestas y tuvo el acostumbrado comportamiento afectuoso con sus profesores y compañeros en general. No presentó ningún tipo de conducta anormal.

Todo indica que el día Domingo, Marcelo Disparó a quemarropa. primero contra su padre, luego contra su madre y, después contra su abuela y su tía abuela.

En base a un video grabado por las cámaras de seguridad en la calle, los investigadores sostienen que Marcelo condujo el auto de su madre hasta su escuela a la 1:25 de la madrugada del lunes y permaneció en su interior cinco horas. Pasado ese lapso de tiempo bajo del auto e ingresó a clases; mas no regresó a casa en el mismo vehículo, sino que fue llevado por el padre de otro alumno.

<< Cuando Marcelo volvió a su vivienda, apenas atravesó el umbral y cerró la puerta tras de sí, se activaron todas las cerraduras de puertas y ventanas, asegurando que Marcelo no tuviera oportunidad de salir. Entonces se le presentaron caminando sus cuatro familiares muertos, mostrando sus heridas de bala y sus ropas ensangrentadas. Marcelo retrocedió y corrió a refugiarse en su dormitorio, pero hasta allí lo siguieron los cadáveres andantes. El muchacho sólo atinó a acurrucarse en su cama. Los cuatro difuntos le acariciaban el rostro y los cabellos, y no cesaban de acosarle repitiéndole: -Eres muy joven, no podemos dejarte solo aquí ¡Debes venir con nosotros Marcelo! ¡Toma el arma, ponla en tu sien, y jala el gatillo! ->>





















jueves, 28 de diciembre de 2023

AFLICCION ANUNCIADA.




IIustración y cuento de Oswaldo Mejía

(Derechos de autor, protegidos)




Los planos entre las que transitaba Federico, eran cada vez más alucinados ¿En qué momento empezó a ser invadido por estas fantasías? Para él mismo era difícil establecerlo; le parecía que siempre había sido así; en su presente no podía concebir que existiera una visión de vida diferente. Vivía entre sus fantasías y la realidad. El transitar entre esos estados se le hacía normal. Para él resultaba imposible identificar cual estado era real y cual era ficticio. Sus allegados sí iban notando su patología, por sus cambios de conducta; constantemente entraba en estados depresivos, casi no se aseaba, y cada vez era más difícil entablar una conversación sensata con él. En sus desvaríos empezó a creer que podía escuchar lo que, a lo lejos, las personas murmuraban sobre él, y además decía recibir mensajes y ordenes divinas.

Federico bordeaba los cuarenta años, era un solterón que fácilmente hubiera podido ser un tipo simpático… en sus momentos de lucidez lo era, pero estos lapsos eran cada vez más escasos. Tenía alucinaciones auditivas, delirios, y trastornos de pensamiento. Sus propios familiares directos le rehuían. Lo instalaron en una habitación con puerta a la calle y tapiaron todo acceso colindante con el resto de la casa, lo abandonaron a su suerte. Federico aprendió a sobrevivir costeando su alimentación en base a esporádicos trabajos de carpintería que los vecinos le encargaban, más por piedad que por necesidad.

Como una forma de llamar la atención hacia los servicios de carpintería que ofrecía, todas las mañanas sacaba a su puerta un banco largo de madera, unas sillas, y una perezosa algo destartalada. Más que clientes, ese mobiliario atrajo rápidamente a los vagos y desocupados del barrio. Estos se apostaban desde temprano en los asientos y se la pasaban compartiendo bromas y risotadas. Federico se lo permitía, pues no tenía carácter para echarlos y porque además le tenía mucho respeto a el más veterano, Don Joselillo, apodado con acierto “Chistes crueles”. Para él estaba adscrita la perezosa, desde allí, cómodamente lanzaba sus chistes, la mayoría muy malos y/o redundantes, pero todos se los festejaban, pues Don Joselillo, siendo pensionado por jubilación, era él quien invitaba algún refresco, o algún cigarrito.

La Lucha era un gay que cocinaba y vendía comida clandestinamente pues no tenía un local ni ninguna licencia de salubridad, pero aplacaba el hambre de su clientela a módicos precios, y eso era lo que importaba. Siempre que pasaba frente a la puerta de Federico saludaba a todos con una amplia sonrisa, y siempre Don Joselillo le decía -Cada vez que te veo pasar, te veo tan feliz, que me provoca volverme maricón…- como si se tratara de un guion, alguno de los presentes decía -Pero Usted ya está mayor para eso Don Joselillo- Y este contestaba -Nunca es tarde para ejercer hijo mío- …Y empezaban las risotadas. Igual le metía sorna a Federico preguntándole con su marcado talante ateísta -…Y Federico ¿Sigue llamándote Diosito por teléfono? – Y las carcajadas celebrando la ocurrencia. Federico ni se inmutaba, Él seguía sumido en sus fantasías.

Una mañana, Federico no sacó el mobiliario que ocupaban los desocupados burlones. Entre sus delirios y alucinaciones había recibido un mensaje –“Ve a la tienda de la vuelta de la esquina, que allí encontrarás a la mujer que te tengo designada para ti…”- Esa mañana se lavó la cara rápidamente, se acomodó los cabellos con las manos y fue a la tienda indicada, pero no había ningún cliente, ni tampoco la tendera dueña…sólo estaba la menor de sus hijas, una niña de once años. Federico no tuvo la menor duda que esa niña era la prometida por la voz que retumbó en su cabeza esa mañana. Pasaron unos instantes y llego la señora propietaria de la tienda, madre de la niña. Federico henchido de valor, se dirigió a la señora, y luego de contarle todos los previos, le pidió la mano de su hija, argumentando que él esperaría unos años hasta que la niña tuviera edad suficiente para casarse. La tendera se armó con una escoba y lo persiguió a palazos mientras le lanzaba todo tipo de insultos e improperios. “Lengua larga”, como toda tendera, la señora corrió el chisme entre toda su clientela, y en pocas horas, el acto de petición de mano por parte del pobre Federico, estaba en boca de todo el mundo.

Lógicamente asustada por la descabellada proposición se Federico, la señora tendera, apresuradamente envió a su pequeña hija a la lejana Norteamérica donde la acogería una de sus hermanas mayores. Esto sumió a Federico en una de sus más severas depresiones. Ya no sacaba el mobiliario para que se sentaran los vagos y desocupados. Sólo abría su puerta, y los vagos eran los que sacaban las bancas y sillas, él ni pronunciaba palabra, permanecía ajeno a todo, ensimismado es su frustración y dolor…

Entre sus acostumbradas ocurrencias, Don Joselillo “Chistes crueles” le dijo -Federiquito ¿Y qué dice Diosito de tu novia? …Para mí que se ha burlado de ti. Deberías denunciarlo por estafador …Yo soy tu amigo, si deseas te presento un abogado- Y -¡¡Ja-ja-ja-ja-jaaaaaaa…!!- Las risotadas.

Al día siguiente, Federico ya no abrió la puerta, al día siguiente tampoco. Pasaron seis días, y los vagos que continuaban reuniéndose en el lugar, aunque de pie o sentados en el piso, notaron que de adentro de la habitación salía un fuerte olor a putrefacción; por ello dieron parte a la policía.

Cuando descerrajaron la puerta, hallaron a Federico colgado de una de las vigas del techo. Tenía la lengua afuera, el rostro color violáceo, y su cuerpo inflado como un globo. En la habitación, el aire estaba tan enrarecido, que el Fiscal dio fe de todo mirando apenas desde la calle.

Don Joselillo “Chistes crueles” dijo -Dicen por ahí que el que muere por amor, se va directo al Cielo…como el Jesucristo ese, que también era carpintero…-









lunes, 20 de noviembre de 2023

ESCLAVO DEL ROCK & ROLL- Video






Video (Música e imágenes de Oswaldo Mejía)

Vídeo con escenas de presentación en vivo y muestra de parte de mi obra pictórica, editada sobre el track  "ESCLAVO DEL ROCK & ROLL", canción de mi autoría, en composición y arreglos, y que fuera parte de la discografía de mi otrora banda "BREBAJE" , donde también ejecutaba la guitarra líder. 









lunes, 16 de enero de 2023

PIEL DE HADA

 



Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía.

  (Derechos de autor, protegidos)




La incapacidad de sentir “amor de pareja” fue otra secuela que me dejó la temprana muerte por suicidio de mi hermano Carlos Miguel, pasé mi juventud, imposibilitado de enamorarme. Mi alma siempre se vio alertada por una voz interior persistente que me repetía “Las mujeres hacen daño y si te enamoras pueden hacer que te suicides por ellas”.

Claro que los dictados de nuestras hormonas son imperativos y mi humanidad no sería una excepción de la regla. A pesar de mi temor fóbico a enamorarme, sí sentía una profunda atracción física por las mujeres, pero desde una marcada posición defensiva “Ve con ellas, busca su piel, pero sólo eso o te harán daño”.

Yo había cumplido quince años cuando en casa empezaron a realizar unas reparaciones en mi dormitorio, y por tanto habían instalado momentáneamente mi cama en una habitación que servía de almacén de insumos para un centro de enseñanza de repostería que funcionó en nuestra vivienda por un tiempo, y que mi madre administraba y dirigía. Fue por ello que llegó a casa una señora de veinte y seis años a fin de ayudar a mi madre con sus quehaceres. La joven señora, a quien llamaré “Bremer”, era una voluptuosa mujer de piel muy blanca y unas piernas divinas que apenas si las cubrían las diminutas y ajustadas minifaldas que solía usar.

Una tarde en que me hallaba durmiendo la siesta fui despertado por el ruido que hicieron sus tacones al andar. Medio somnoliento, la vi recostada sobre una enorme mesa que se hallaba justamente frente a mí, con el torso apoyado sobre el tablero tratando de coger insumos que no estaban muy al alcance de su mano; esta posición dejaba expuestos ante mis ojos sus hermosos muslos y parte de sus nalgas al descubierto.

Estuvo largo rato moviendo de lugar bolsas y cajitas mientras yo seguía muy concentrado en los movimientos ondulantes cual danza ritual erótica que sus piernas y nalgas ejecutaban. Una vez conseguido lo que necesitaba, se irguió, se fue y yo me quedé con el regalo del recuerdo de aquella deliciosa visión.

Para mi sorpresa, al día siguiente, como si se tratara de un guion, la escena volvió a repetirse. El ruido de los tacones anunciándome que el espectáculo estaba por comenzar: La faena de buscar, ordenar y rebuscar objetos, por parte de Bremer, siempre tendida sobre la mesa y el seductor bamboleo de su magnífica anatomía para mi deleite visual. Ello se convirtió una cita no pactada con palabras a la que ambos asistíamos todas las tardes, yo como único espectador y Bremer como la única protagonista de la obra. Con mis quince años, aún era casto y lo que me estaba ocurriendo eran experiencias completamente desconocidas.

Cada día al oscurecer, salía de casa rumbo a la escuela nocturna que también era parte de esa vorágine de vida con el acelerador a fondo en la que estaba sumergiéndome, Era poco el tiempo que dedicaba a mis estudios. Pasaba más tiempo tocando la guitarra, inhalando bencina, fumando marihuana, bebiendo jarabes para los bronquios que contenían alcaloides e ingiriendo barbitúricos con los amigos… Afortunadamente, era un joven que captaba rápidamente todo lo que escuchaba y veía, por lo cual no requería de mayor tiempo para estudiar, ni siquiera necesitaba releer los libros. En esos días mi obsesión eran las piernas de Bremer, pero me sentía incapaz de hablarle del asunto. Aunque yo era grande de estatura, en realidad era casi un niño, y veía a Bremer como a una señora a quien ni por asomo debía faltarle el respeto.

Recuerdo claramente aquel día que fuimos a la playa con mis padres y Bremer, en un microbús propiedad de mi padre. Habíamos jugado largo rato en el mar. Agotado regresé al vehículo para recostarme en uno de los asientos. Estaba allí, muy relajado, cuando veo a Bremer entrar al carro enfundada en su ropa de baño. Se arrodilló sobre la butaca que estaba frente a mí y dándome la espalda comenzó a buscar alguna cosa, exponiéndome su glorioso trasero. Armado de valor y guiado por la ansiedad, atiné a balbucear:

*-Bremer, no te pongas así.

- ¿Por qué? ¿Qué me vas a hacer? No eres más que un chiquillo- replicó sin inmutarse, cogió algo, me guiñó un ojo y se fue meneando las caderas.

Me quedé rumiando mi cólera, reprochándome por no haber sabido seguirle la conversación. Estaba ensimismado en mi frustración cuando ella volvió a aparecer trayendo una botella y un vaso lleno de bebida gaseosa. Se sentó a mi lado y me invitó a beber del vaso, pero me dijo que no tragara el líquido, que lo mantuviera en mi boca y a continuación me besó en los labios, y poco a poco fue bebiendo el líquido que yo tenía retenido en mi cavidad bucal. Continuamos besándonos

apasionadamente mientras mis manos recorrían y hurgaban todo lo que podía tocar de su piel. Estaba henchido de euforia. Antes de retornar a casa, se sentó junto a mí en el compartimiento destinado para la rueda de repuesto y equipales para iniciarme en la vida sexual, brindándome placer manual. De allí en adelante me supe un hombre, y aunque mi iniciación no había sido completada, había gozado de lo que la piel de una mujer-hembra es capaz de prodigarnos a los varones.





















martes, 29 de noviembre de 2022

LUCY CONTABA UNA HISTORIA SOBRE UNA MANTIS ATERCIOPELADA





Ilustración y cuento de Oswaldo Mejía.

(Derechos de autor, protegidos)





La cabaña se erguía solitaria y modesta a la entrada del maizal, rodeada de árboles frutales, y destinada al cobijo de la pareja de guardianes. Doña Flor y su esposo Don Pedro debían hacer un largo viaje al pueblo a realizar unos trámites y comprar provisiones. Aunque muy preocupados por los últimos extraños acontecimientos, debieron dejar a sus dos pequeños hijos.

-Carlitos, cuida de tu hermanito, y por ningún motivo, pase lo que pase, salgan en la noche.

Arturito, el más pequeño padecía una rara e incurable enfermedad neurológica que paulatinamente había ido minando su sistema nervioso acarreándole una atrofia muscular en los miembros, que le impedía moverse con autonomía.

La noche cayó con su negrura propia de la estación. Los tallos y hojas de maíz apenas si eran siluetas negras bamboleándose movidas por el suave viento nocturno.

A oscuras, ambos hermanitos decidieron otear por la ventana. Carlitos arrastró a su hermanito, y juntos estuvieron mirando el exterior esperando que el tedio les arrullara y provocara sueño. Así pasaron unas horas hasta que fueron asaltados por aquella visión que hacía varias noches vieran en compañía de sus padres.

Como en las veces anteriores, esa luz azulina se posó sobre el maizal. Igualmente, cuando el resplandor menguó, se hizo visible la forma ovalada de aquella enorme cúpula metálica con numerosos ventanales circulares emitiendo lucecitas verdosas desde su interior. La noche parecía ser cómplice ideal para la portentosa aparición. Igualmente, desde la parte inferior de aquella cúpula empezó a brotar una tenue neblina, pero esta vez venía a la par con unos chasquidos.

¡Tshk! …¡Tshk! …¡Tshk! y unos rayos chispeantes marcaban su trayectoria como latigazos en el aire. La neblina fue extendiéndose y desbordando el maizal, acercándose cada vez más hacia la cabaña. Los ¡Tshk! …¡Tshk! …¡Tshk! Se escuchaban cada vez más cercanos, al igual que los pequeños chispazos.

Los niños atónitos observaban inquietos el espectáculo. A diferencia de las veces anteriores, esta vez el fenómeno se estaba acercando, y ya casi estaba en la reja que separaba el patio de la casa, de la plantación de maíz.

Ambos hermanitos estaban aterrorizados, mas, no querían o no podían dejar de mirar los extraños acontecimientos, casi ni parpadeaban.

Esta vez ocurrió algo diferente: a cada chispazo se materializaban unos seres grises, muy altos y espigados, con rostros insectoides similares a las mantis…Parecía que buscaban algo. Así como se materializaban, así también desaparecían, pero más chispazos volvían a materializarlos cada vez más cerca de la cabaña. Cuando llegaron a la puerta, Carlitos, en estado de pánico, corrió a ocultarse debajo de una tarima, dejando a Arturito inmóvil ante la ventana. Los ¡Tshk! …¡Tshk! …¡Tshk! Resonaron dentro de la cabaña y los chispazos materializaron a dos de los insectoides en el interior de la habitación. Carlitos, con los ojos empapados en llanto se enforzaba en no hacer el menor ruido posible, pero vio como los insectoides levantaron a su hermanito y se lo llevaron, Arturito parecía haber quedado dormido en sus brazos.

Gimoteando y moqueando, Carlitos salió de su escondite con una mezcla de pánico y sentimiento de culpa por haber abandonado a su hermanito menor.

Nuevamente los ¡Tshk! …¡Tshk! …¡Tshk! Y los chispazos que volvieron a materializar a los insectoides. Esta vez vinieron por él… Cuando lo levantaron en vilo quiso gritar, pero se dio cuenta que no podía emitir sonido alguno. Más y más chispazos lo enceguecieron. Al recuperar la visión se dio cuenta que estaba boca abajo en una camilla, y a su costado, en otra camilla estaba también Arturito dormido boca abajo…Con esa visión perdió el conocimiento.

Al cabo de unos días cuando volvieron Doña Flor y Don Pedro hallaron a Carlitos y Arturito correteando y jugueteando por el patio.

¿Qué había ocurrido?

- ¡Carlitos! ¡Arturito! ¿Qué pasó? – La pregunta aludía claramente a por qué Arturito estaba correteando como un niño sano…

Los niños corrieron a abrazar a sus padres, mas, no hubo respuestas. Ambos habían olvidado por completo lo ocurrido aquella noche; adicionalmente también se les había borrado todo recuerdo sobre la enfermedad que aquejaba a Arturito. Para ellos, siempre habían correteado y jugado juntos.

Cuando su madre fue a bañarlos, descubrió que ambos tenían dos pequeños piquetes en la zona lumbar de la columna.




















lunes, 7 de noviembre de 2022

CANCIONES CRUELES





Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía.


  (Derechos de autor, protegidos)



Lo despertaron unos sollozos. Era muy de madrugada, apenas si empezaba a azular el cielo. Ella estaba arrodillada frente al forado que fungía de entrada. En la penumbra apenas si era algo más que una silueta.

*- ¿Qué pasa, amor? ¿Cómo es que llegamos aquí?

El asombro de hallarse de pronto en otra realidad, fue reemplazado por la angustia que le provocaba el llanto de ella, quien casi sin inmutarse apenas si movió la cabeza de un lado a otro, como negando, sabe Dios que…

Él hizo a un lado las mantas que lo cubrían, se puso de pie, y fue hacia ella con la intención de abrazarla, mas, como respuesta, ella se sacudió de sus manos y giró en una actitud empecinada en darle la espalda. Él insistió, la rodeó y nuevamente se puso frente a ella…

Fue allí que se percató de aquel anillo de brillante oro que ella se empeñaba en atesorar y ocultarle entre sus manos.

*- Yo te ofrezco una vida nueva, pero tú aún le recuerdas y aún esperas con ansias su regreso ¿verdad?

Ella, con los ojos llorosos volvió a girar su cuerpo en un vano afán por esquivar que él viera su llanto y lo que contenía entre su puño, a la vez que movía la cabeza de un lado a otro en repetitiva negativa…

*- ¿Entonces le temes…?

Cuando ella volteó, su rostro había mutado, era como el de un ave zancuda, rematado en un largo y filoso pico con el que se lanzó a atacarlo, picoteándolo despiadadamente mientras él sólo atinaba a interponer inútilmente sus manos y brazos, y a retroceder, pero el rincón en el que él busco guarecerse era muy pequeño, por lo que quedó atrapado a merced de su enfurecida atacante.

Su cuerpo sangraba profusamente por múltiples heridas en el tórax, costillas y brazos.

Ella recobró su aspecto físico original, volvió a ubicarse frente a la entrada, y retomó su posición de plegaria.

Sintiéndose a salvo de los picotazos e ignorando el dolor que le causaban las heridas volvió a preguntar - ¿Aún esperas con ansias su retorno, o le temes? - …Y nuevamente se reanudó el ataque a picotazos…

Por el forado que fungía de entrada, hizo su aparición un ojo escudriñador, miro toda la escena, luego lentamente fue ingresando al recinto, dejando ver que estaba unido a un tórax del cual emergían cuatro pares de extremidades alargadas y muy delgadas, lo que le daba el aspecto de un enorme arácnido. El recién llegado examinó minuciosamente con su único ojo a la mujer, que atónita lo seguía con la mirada; entonces sin emitir sonido alguno comunicó telepáticamente a sus mentes: - “Nunca ofrezcas ni prometas más de lo que realmente quieres y/o puedes dar, o inevitablemente estarás engendrando una mentira”.

Seguidamente, con el andar pausado que le permitían sus ocho patas se dirigió hacia donde estaba él. Igualmente, de manera telepática expresó: -“Los sentimientos que no existen, ni vale la pena empeñarse en darles vida, pues solo te expondrás a que te mientan, y las mentiras suelen partir corazones…”.

Luego de su telepático discurso, el extraño ser con un solo ojo y patas de araña, trepo por la pared y desafiando la gravedad se fue caminando cabeza abajo por el techo hasta perderse en la oscuridad del fondo del recinto.

Quizás fue mucho tiempo, o quizás sólo un instante…Con dificultad, él se puso de pie, estaba muy adolorido y había perdido mucha sangre producto de las heridas que le infirieron los picotazos. Pasó delante de ella rumbo al forado de salida, evitando en todo momento hacer contacto visual con ella.

Ella se irguió, nuevamente provista del enorme y filudo pico, y de un certero picotazo en la espalda le perforó el pulmón y el corazón.

El cayó al piso mortalmente herido, y en su agonía quiso volver a preguntar: - ¿Aún esperas con ansias su retorno, o le temes? - …Pero ya no pudo.



















viernes, 30 de septiembre de 2022

sábado, 27 de agosto de 2022

INSPIRACION PARA EL CLAVEL LUNATICO




Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía.


  (Derechos de autor, protegidos)



Algo extraño estaba ocurriendo desde que se sentó sobre aquella roca. Todo lo que empezó como una modorra, se había tornado en una parálisis severamente crónica. Tendones y músculos habían ido perdiendo la facultad de obedecer las órdenes que les enviaba.

 *-¡Maldito cuerpo…! ¡Obedécemeeeee! ¡Debo estar muriendo! Todo se me oscurece… ¡Y ni siquiera puedo gritaaaaaaaaaarr!

Repentinamente su cuerpo se estremeció; un frío gélido caló por completo su humanidad, y sus manos antes inertes, ahora estaban restregando sus ojos, como queriendo despejar su visión del miedo extremo. No tuvo la oportunidad de tomar consciencia de, en qué preciso instante recuperó su capacidad de movimiento.

Las heladas rugosidades a sus espaldas le indicaron que estaba de pie, pero recostado, sosteniéndose contra la pared. El volumen sonoro de ladridos de perros y gritos humanos invadió su entorno.

Sus manos, con los dedos en abanico, fueron bajando por sus mejillas, dejándole ver que estaba completamente desnudo y rodeado por un grupo de personas vociferantes que llevaban enormes mastines sujetos con cadenas, amenazando con soltarlos sobre él.

Lleno de pánico, hizo su cabeza hacia atrás; abrió los brazos en “A”, y con los dedos de los manos extendidos, literalmente se adhirió al muro.  Los gritos y los ladridos eran cada vez más ensordecedores y hasta podía sentir las babas y el aliento tibio de los perros rozando su piel desnuda

Siempre hay un instante para recurrir al instinto, y este lo ameritaba. Sin premeditar nada, arremetió contra quienes lo amenazaban, haciendo molinetes con los brazos, repartiendo puñetes y patadas a diestra y siniestra, logró abrirse paso. Entonces se echó a correr.

Las dentelladas en los tobillos y las piernas, lo hicieron caer tres veces, mas, en cada caída logro enrollar su columna vertebral y piernas, lo cual le permitió no mermar su vertiginosidad de escape; sobre la marcha recuperaba su erguidez y continuaba corriendo. En instantes ya había logrado dejar atrás a sus perseguidores. Entonces empezó a disminuir la velocidad. Recién notó que su corazón estaba a punto de estallar. Debía parar. Ya no había riego de adrenalina; hasta que cayó sobre sus rodillas; cabizbajo, laxo, sudoroso y extenuado.

Al cabo de un rato de mantener los ojos cerrados y la mejilla enterrada a su pecho, levantó la mirada e hizo un paneo completo de su rededor. A todos lados sólo había un piso sin fin perdiéndose en el horizonte. La soledad total; esa que es la madre de todas las fobias del humano.

*- ¡Dios mío, estoy completamente solo!

¿Correr? ¿Huir? ¿A dónde? …Acaso se puede escapar de las realidades alternativas que nuestra propia mente fabrica…

Tragó saliva y cerró los ojos, eso le devolvió una pizca de calma, la suficiente para evitar que le estallara su atormentado cerebro.

Fue cuando tuvo el impulso de llevarse el dedo índice a la boca, abrió los ojos, y recién se percató de lo regordete de sus dedos, manos y miembros, lo cual lo ensimismo sintiéndose motivado a juguetear con sus dedillos, auto prodigándose entretenimiento y caricias ¡Sí! Había sufrido una regresión a su niñez; y gozó de plenitud. De pronto, no necesitaba de nada ni de nadie, no temía a nada. Así debió ser cuando estuvo en el vientre materno. Sus juegos infantiles cesaron cuando cayó sumido en un profundo sueño, Tenía una sonrisa propia de un ángel.

Ya había partido hacia un sueño eterno.





















jueves, 5 de mayo de 2022

JUEGO DE LOS INTENTOS






Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía.


  (Derechos de autor, protegidos)



La interminable carretera se internaba en la penumbra apenas rasgada por tenues iluminaciones mortecinas de color violáceo. En la lejanía, la negrura se engullía el escueto paisaje. Nunca estuve aquí, sólo recuerdo mi miedo. Todo era desolación, y lo desolado siempre apalea al alma.

Un par de luces, como ojillos de felino nocturno venían de allí dirigiéndose hacia allá. Cuando pasaron delante de mí, vi que eran las luces de un bus narigudo con formas redondeadas. Entonces se encendieron sus luces de salón, lo que me permitió visualizar a tres niños de roca en su interior; no se movían, pero tenían en sus caritas una expresión que era la personificación del pánico; sentí mucha pena por ellos. El vehículo pasó raudo y apenas atiné a cubrirme el rostro con las manos.

Cuando descubrí mi rostro y recuperé la visión, me deslizaba por la carretera a mucha velocidad, valiéndome de unas largas piernas que, por su flexibilidad, parecían ser de caucho. En mi ruta me encontré con una joven que, con apenas la luz de un farolito, escribía sobre la piel del depilado lomo de un cerdito, mientras este comía hojas de papel en blanco.

- ¿Has visto pasar un bus que en su interior lleva a unos niños de piedra con mirada de pánico? - Pregunte.

*-Por aquí jamás pasa nada ni nadie; tampoco estás tú aquí, ni estoy yo, ni esta mi cerdito, ni el farol, ni los papeles en blanco. Todos hemos sido olvidados y los olvidados jamás tienen lugar, en ningún sitio. Si tienes ansias de ser y estar, toma mi mano y rebobinemos nuestro andar.

Y así anduvimos de regreso…




lunes, 2 de mayo de 2022

COLORES VINO Y MIEL PARA MIS CIELOS




Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía.


  (Derechos de autor, protegidos)



Déjame contarte una estúpida historia de amor, tan tonta como llorar por lo que se amó y se perdió por no saberlo cuidar:

“Estaba el aprendiz de humano, tendido sobre la losa fría, tiritando; más su hipotermia era del alma. La posición fetal adoptada era una vana forma de buscar auto entibiarse. El dedo pulgar en la boca, era síntoma del ansia de conexión con su origen.

Un ángel llegó provisto de falsas sonrisas y un farolito para supuestamente guiar sus pasos, mas su afán solo era alejarlo de afectos y atenciones ajenas. Para ello marcó territorio orinando a su rededor. Seguidamente, con sus nudillos dio tres toquecitos en la sien del aprendiz de humano:

-Hola

¿Hay alguien ahí?

¿Puedes oírme…?

Sé que te sientes mal, pero yo puedo aliviar tu dolor y conseguir que tus piernas troten otra vez-

El aprendiz de humano continúa recostado en posición fetal, sobre la losa fría, chupándose el dedo. El ángel partió con sus falsas sonrisas y su farolito, dejando sólo el olor de sus orines que aún se afanan en alejar los afectos y atenciones ajenas.


sábado, 30 de abril de 2022

A VUELTA DE PÁGINA





Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía.


  (Derechos de autor, protegidos)



-No he caído ángel mío, sólo he tropezado. No estoy abatido, sólo estoy dubitativo.

Déjame soñar un instante con la nieve que, confundida con la palidez de tus manos, acercas a mi boca para humedecer mis resecos labios.

Déjame soñar un instante con tu figura danzando y caanturreando, rodeada de nuestros cinco vástagos celestes, mientras hago sonreír la guitarra para ti.

**-¿Acaso caíste, lobo mensajero?

-No he caído ángel mío, sólo estoy tomando impulso. No estoy abatido, sólo me detuve a pensar en ti.

Déjame soñar un instante con la construcción de la alta torre que ladrillo tras ladrillo, nos prometimos edificar tomados de la mano.

Déjame soñar un instante con esa gran batalla que empezamos a librar y que nos prometimos vencer como una sola piel.

**-¿Acaso caíste, lobo mensajero?

-¡Noooooooooooooo! ¡No he caído! ¡No he caído!

**-¿Y por qué corres en sueños hacia donde lo tuyo no sirve? ¿Por qué te resistes a ser olvidado?

-Por favor…No he caído…No he caído…

**-¡Entonces deja de gimotear y ponte de pie! Quiero escucharte aullar sin desafinar ¿O es que la oscuridad con sus demonios ha regresado para atemorizarte nuevamente?

-¡No he caído! ¡No he caído!

**-Entonces date cuenta que sólo deliras; aquí no hay ningún ángel, mi soplo se llevó tu ilusión hacia otras heridas.

-Pues cantaré para ti, Pavor, y lo haré sin desafinar…

¡No he caído! ¡No he caído!

Déjame soñar un instante con mi próximo viaje. Si vuelvo abrazaré a mis amigos. Si no hay retorno, abrazaré mi paz…al fin…

**-Quien prometió aguardar tu llegada al final del túnel, jamás fue ángel. Tú le forzaste a usar alas, más ¿Viste? Nunca pudo despegar del suelo.

¡Camina hacia adelante, mensajero! El perro es el único animal que regresa a tragar su vomito… ¡Tú eres lobo! Te corresponde tragar tiempos y espacios nuevos.





viernes, 15 de abril de 2022

DE MIS DEDOS VOLVIERON A BROTAR LAGRIMAS ROJAS



Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía.


  (Derechos de autor, protegidos)




Jaurías de sombras pasean incesantes a mi alrededor, sin siquiera ostentar títulos de fantasmas; simplemente están allí, allá, aquí  y acá. Están por doquier, interrumpiendo mi agridulce pero acogedora soledad; como si se regocijaran en atraer hacia mis recuerdos de esas visiones del pasado, esas que me enrostran el diseño sobre el que se edificó mi desorden genético que los hombres de sayo blanco establecieron que sería mi fiel compañera… la que ellos denominaron “MI ENFERMEDAD”.

-¡Fuera! ¡Largo de aquí! ¡Fueraaaaaaaaaaaa! ¡No me muestren ese baúl que no deseo ver! ¡No lleven mi mirada hacia esos atardeceres de tonos naranjas y rojos! ¡No quiero más de eso! ¡Noooooooooo!

Estoy solo, como lobo de fauces negras mordisqueando inútilmente el viento… ¡Pero estoy! Mas, las jaurías de sombras que pasean incesantes a mi alrededor, persisten en alimentar al poeta maldito que teme otear su ayer, que no quiere tener ante sí más ocasos de tonos naranjas y rojos.

-¡Estoy solo, pero estoy aquí!