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martes, 12 de mayo de 2026

SORORITAS AETERNA




Iustración y cuento de Oswaldo Mejía

(Derechos de autor, protegidos)




Era mediados de los maravillosos años 70s. Todo lo difícil lo resolvíamos de manera fácil, y lo fácil se nos tornaba difícil. Empezábamos a hablar de extraterrestres, teorías conspirativas, contracultura, predicas anticlericales, y nos íbamos haciendo contestatarios a las políticas y los órdenes establecidos. Éramos una generación de jóvenes rebeldes convencidos de que podríamos cambiar el mundo, con flores, amor libre y rock & roll.

¿Cuándo la conocí, y cuándo empezamos a recorrer juntos los polvorientos caminos de nuestro terruño? Se me hace difuso en el espacio-tiempo-recuerdo. Debió ocurrir como un acto mágico, algo fortuito que de pronto ocurrió, y listo.

Angiolina, a quien siempre llamé Angie, era una hermosa criatura con todos los atributos físicos para ser considerada una chica linda. Su gracia latina mezclada con sus rasgos europeos la exponían fácilmente a la curiosidad pública, pues era evidente que no encajaba en el contexto que habitábamos, se notaba que no pertenecía al lugar, pero por azares del destino, estaba allí. Su atractivo físico y encanto se hacían notar por donde pasaba; los jóvenes se enamoraban fácilmente, y también había muchos varones adultos suspirando al verla pasar.

Coincidimos en estudiar en la misma escuela secundaria, por lo que nos veíamos a menudo. En esas circunstancias, en algún momento hicimos un pacto de hermandad (A veces pienso que, en su juvenil sapiencia, Angiolina me conminó a este juramento para evitar algún desborde de mi libido) Debo alegar que siempre estuve tentado de mandar al demonio esa promesa e intentar cometer incesto con mi hermana postiza, pero la adoro, y sería incapaz de dañarla, o siquiera contrariarla.

Vagar con Angie era algo aparentemente inútil, aunque, lo digo yo, el charlar entre ambos, siempre derivaba, en una prolífica fabricación de mundos, personajes, e historias fantásticas y delirantes. Vale decir, que muchos de nuestros senderos los recorríamos consumiendo uno que otro porrito de marihuana…tampoco éramos viciosos.

¿Que los cerditos no vuelan? Eso resulta una mentira monumental. Una amiga en común, tenía unos kilos demás, y nosotros con mucho cariño, la identificábamos como una hermosa cerdita; pero no era una cerdita cualquiera; si fumaba porros con nosotros, entonces era una cerdita voladora:

<Las cerditas voladoras eran una rara especie de marranas que solo despegaban del suelo durante sus etapas de apareamiento; en esos trances, se embadurnaban con varias capas de maquillaje, se pintaban los ojos y labios, y se llenaban de pendientes y aretes las orejitas para hacerse más atractivas a los machos; entonces emprendían vuelo, y desde arriba oteaban en qué lugar había concentraciones de marranos machos, para descender y provocarles…Por alguna extraña razón, nuestra cerdita amiga, pasada la etapa de celo, siempre volvía a nosotros virgen e inmaculada…>

Angie y yo teníamos suerte, pues entre nuestra pobreza económica y nuestras carencias nos topábamos con personajes y realidades sensibles a ser reescritas en sus contextos. Unas cuantas veces nos cruzamos con un tipo de una delgadez en extremo, muy inspiradora para nuestra imaginación:

<Ese flaquito es tan flaquito que se viste con manguera. Tiene cuatro o cinco trozos de manguera de diferentes colores. Se viste con un trozo de manguera, cuando este se ensucia, se lo quita, escoge otra manguerita de otro color, y listo, ya cambió de ropa. Siempre que nos topábamos con él, a hurtadillas y en voz baja, hacíamos esta alusión y sonreíamos…>

Otro de nuestros personajes recreados era el Muerto Javier. Él ya tenía ese apodo cuando lo conocimos, y entre nuestras fantasiosas realidades inventadas lo asumimos como si realmente fuese un cadáver andante:

<Con nuestra amiga la cerdita voladora, Angie y yo solíamos visitar algunas noches al Muerto. Tocábamos su puerta y al unísono pronunciábamos su nombre, él siempre respondía de inmediato, pero tardaba en salir. Nosotros cuchicheábamos que se demoraba, pues no debería resultarle fácil ocultar su ataúd. Al recibirnos era muy amable, creo que le parecíamos divertidos, pues siempre nos esperaba con porritos y nos daba licencia para encender su televisor, voltearlo y poner la pantalla contra la pared, bajarle totalmente el volumen y poner rock & roll en el tocadiscos. Esa mezcla de las luces de la pantalla del televisor rebotando en la pared, la música en el tocadiscos, y la acción de pitar los porritos, nos sumergía en un alucinante trance psicodélico. Cuando nos despedíamos, nosotros murmurábamos burlonamente “descansa en paz” …>

El ogro era otro personaje que llegó a nosotros ya con ese apodo. Era un vendedor de marihuana al menudeo:

<El ogro era un enorme afro descendiente, físicamente muy mal parecido; no es que tuviera alguna malformación. Siempre llevaba un rostro de mal humorado, diríamos que era feo por vocación, realmente tenía el aspecto de un ogro, mas, nos estimaba y nos proveía gratuitamente de mariguana. Nosotros también lo apreciábamos, pero claro está que evitábamos interactuar con él en público; socialmente, hay status de belleza y status de fealdad realmente irreconciliables…>

Como pueden notar, al parecer la vida de Angie y la mía transcurrían paralelamente como estúpidas formas de perder el tiempo; pero esa impresión es errónea, Angie y yo éramos amantes del surrealismo y la fantasía, y el re contextuar a nuestros personajes escogidos era un tipo de ejercicio que al menos a mí, me sirvió de mucho para desarrollarme como escritor y artista plástico (¡Gracias a todos aquellos que, queriendo o sin querer, fueron o son un ingrediente a mi inspiración!).

La vida continuó su curso. Angie y yo compartiendo y departiendo risas y fantasía siempre que se podía, y luego retornando a la crudeza de nuestra realidad miserable y copada de carencias. Por allí nos llegamos a dar un par de inocentes besitos, sin que ello significara compromiso sentimental alguno. Éramos hermanos, y punto.

Transcurrían los diez y seis años de edad de Angie, cuando un día, ella se presentó a mi puerta; luego de los afectuosos saludos, nos sentamos en una grada que había a la entrada de mi casa, y ella con su carita compungida me contó:

-He conocido a un hombre un poco mayor que nosotros, con una buena posición económica, y desea matrimoniarse conmigo… ¿Tú qué me aconsejas? –

Ella requería el consejo de un hermano, y yo debía aconsejar como hermano. Entonces dije:

**- ¿Deseas hallar tu plenitud o deseas tener dinero? –

-Solo deseo salir de esta mierda…-






















sábado, 7 de junio de 2025

SOPA FRÍA




Ilustración y cuento de Oswaldo Mejía.


  (Derechos de autor, protegidos)



Llevábamos varias semanas juntos, mas todo indicaba que ninguno sabía absolutamente nada de los otros dos. En todo este tiempo ninguno habíamos sido capaz de articular palabra alguna. Cuando hacíamos contacto visual, solo nos limitábamos a agachar la mirada y llorar. En medio de tamaña destrucción y desolación, nuestro shock parecía imposible de ser superado ¿Por dónde iniciar el comienzo de algo? En todos estos días no habíamos visto a nadie más en pie, aparte de nosotros tres. Entre los escombros apenas si se distinguían algunos cuerpos mutilados que el polvo que traían los ventarrones, rápidamente iba cubriendo, restándoles contraste con el paisaje.

Luego de las repetidas explosiones nucleares, solo vi un gran resplandor enceguecedor seguido de una intensa oleada de calor; cuando abrí los ojos, ya estábamos allí los tres, frente a frente, y sin entender en concreto que había ocurrido.

En el perímetro había paquetes de galletas y botellas de agua desperdigados en el piso; quizás eso nos motivaba a mantenernos en el lugar; aunque en un mundo inerte como el que teníamos delante ¿A dónde podríamos ir…?

Una mañana vimos flotando en el cielo un cuerpo inflado como un globo, con las piernas y brazos extendidos, que los vientos empujaban por sobre nuestro emplazamiento. El contexto en general era delirante, era factible que en medio de tamaño desastre, hubiésemos extraviado la cordura, y estuviéramos alucinando. Unos gallinazos cual si fueran parásitos, se posaron sobre las espaldas, del ente volátil, y estuvieron picoteándolo. Nosotros boquiabiertos nos limitamos a observar la escena; hasta que, quizás por el accionar de los picotazos o por el calor abrazador del mediodía, el cuerpo explotó en el aire y sus restos se precipitaron a tierra muy cerca nuestro.

Sin mediar palabra, los tres corrimos hacia el lugar de la colisión. Lo que hallamos fue un amasijo de carnes putrefactas, pero para nuestro desconcierto, lo que por lógica debería ser un cadáver, aún latía; y aspiraba y expiraba aire por donde podía, provocando un ruido similar al de los ronquidos que emite un adulto al dormir.

Lo primero y lo único que se me ocurrió decir fue - ¡Es un Durmiente! – Mis dos compañeros solo me miraron…y envueltos en nuestro mutismo acostumbrado emprendimos el retorno hacia nuestro punto de estadía…

Los días transcurrieron su curso, hasta que una mañana fui despertado por los gritos de mis compañeros - ¡¡Los Durmientes!! ¡¡Vienen más Durmientes!! – Sobresaltado, me incorporé mirando al cielo en la dirección que ellos señalaban, y efectivamente varios de esos globos humanos con los brazos y piernas extendidas venían flotando sobre las ráfagas de viento. Esta vez las bandadas de aves carroñeras se habían multiplicado y competían por un espacio donde picotear, y así participar del festín.

Nosotros observábamos estupefactos las ocurrencias. Calculo que esta vez el número de Durmientes superaba el centenar de individuos. Al igual que la vez anterior, bien por acción del calor o por los repetidos picotazos de los gallinazos, los Durmientes, que ya sumaban varios cientos, empezaron a explotar en el aire, y venirse al piso en caída libre. Esta vez, ni mis compañeros ni yo tuvimos el impulso de correr a ver a los que, tras explotar en el aire, caían a tierra.

-Pobres Durmientes…- Pronuncié sin esperar recepción ni respuesta; más era mi ánimo de soliloquio. Había empezado a rebuscar en mi interior una explicación a los hechos de los que éramos testigos, y a la vez protagonistas…

De pronto di rienda suelta a una perturbada locuacidad -En medio de este mundo plagado de muerte es probable que los cielos y los infiernos se hayan quedado sin espacio para albergar más almas, y estos pobres infelices estén condenados a vagar como Durmientes en este limbo desquiciado- Cuando miré a mis compañeros, ambos miraban al suelo, y parecían no haberme escuchado…

-Es posible que yo sea un Durmiente putrefacto, y todo este contexto delirante, no se trate más que de otra de mis pesadillas…-








jueves, 26 de diciembre de 2024

PARANOID CIRCUS





IIlustración y cuento de Oswaldo Mejía

(Derecho de autor, protegido)



En este asentamiento minero alejado de todo y ubicado entre la nada, la vida transcurría como siempre, de manera rutinaria. Mientras no hay mujeres, los contrastes son escasos. Era día sábado por la tarde, y todos esos hombres rudos hallábanse en la plazuela retozando bajo la fresca sombra de los árboles, algunos bebían licor y fumaban, mientras parloteaban y bromeaban. Era día de descanso, y al día siguiente vendrían las prostitutas a ofrecer sus caricias… Así transcurría la tarde en medio del ocio y la ansiedad por el desenfreno que acaecería al día siguiente.

El Sol empezaba a agonizar, cuando ella apareció completamente desnuda; lo hizo caminando lentamente por el empinado camino empedrado por el cual se desbarrancaba a los carromatos fúnebres conteniendo los cuerpos de quienes fallecían en el asentamiento. Esa pendiente jamás antes la había recorrido un ser vivo. Los muertos hacían ese tramo solos. Nadie con vida sabía a donde llevaba y culminaba ese camino, pero ella vino de allí.

La misteriosa mujer era de una belleza física superlativa, y tenía talento para mostrarse y llevar sobre sí esa tentación que la naturaleza le había prodigado…Todos tuvieron lasciva curiosidad por la forastera, pero el viejo Jonás, un poco brujo, un poco curandero, medio cuchicheando corrió la voz -Esa mujer viene del más allá, y de seguro viene a llevarse a uno o más de nosotros. No se le acerquen ni le miren a los ojos- Las palabras del viejo Jonás produjeron una general psicosis colectiva. De pronto todos empezaron a sentir escalofríos y la atmósfera se tornó agobiante y enrarecida. Sin mediar palabra, todos fueron buscando que guarecerse en sus casuchas, cerraron sus puertas, y se dedicaron a espiar desde sus ventanas.

Muy calma y con el porte de una Reina, la mujer desnuda dio un largo paseo por la desierta plazuela, bamboleando sus encantos con descaro. Si por casualidad su mirada se dirigía hacia alguna de las ventanas desde donde la observaban, los fisgones se ocultaban rápidamente; cuando ella desviaba su mirada hacia otra dirección, reanudaban su fisgar.

Su paseo por la plazuela realmente fue todo un espectáculo erótico. Todos sin excepción hubieran estado dispuestos a entregar los tuétanos sólo por tocar su piel; pero más pudo ese inexplicable temor que las palabras del viejo Jonás habían anidado en sus mentes. Nadie deseaba arriesgarse a estar cerca de ella, y menos, ponerse en la mira de sus ojos. En estas circunstancias, todos prefirieron espiarla a hurtadillas.

Quizás por cansancio a raíz de su caminata, o quizás, intencionalmente, por elevar el morbo de sus observadores, se sentó al pie de un árbol y empezó a toquetearse acariciando su inquietante anatomía. Así cayó la noche, sumiendo la plazuela en la penumbra. Todos, descorazonados por no poder ver más de la fémina, uno a uno fueron yéndose a dormir, abandonando sus puestos de oteo…

Muy entrada la madrugada, el silencio reinante se quebró por lo que parecía una áspera discusión en la casucha de Eliseo; a poco, el más joven de todo el equipo de mineros. Cuando todos corrieron a sus ventanas para ver qué sucedía, vieron la puerta de Eliseo abierta de par en par, la luz interior encendida, y la silueta de la despampanante forastera encaminándose hacia la pendiente empedrada por donde vino, hacia el camino por donde bajaban en su último paseo los muertos.

Unos instantes de cautela, y cuando la mujer desapareció cuesta abajo, todos a la carrera se apersonaron a la morada de Eliseo, encontrando a este desnudo, con los ojos en blanco, sin iris y sin pupilas, echando espuma por la boca y balbuceando. Todos le hacían preguntas, pero él ya no podía responder a nada, poco a poco fue dejando de respirar hasta que exhaló su último aliento. El viejo Jonás exclamó - ¡Les advertí que se alejaran de ella! Al parecer, Eliseo no supo resistir la tentación… Esa bruja quizás vuelva por más de nosotros…-

Entre alistar equipajes y preparar el carromato que llevaría a Eliseo en su último viaje, El grupo de mineros fue sorprendido por el alba. Una vez listo el vehículo fúnebre, colocaron el cadáver sobre la tarima rodante, la empujaron sobre el camino empedrado, hasta que llegaron a la pendiente, una vez allí, unas apresuradas palabras de despedida, un empujón, y el carromato rodó por la pendiente, hasta sabe Dios donde.

Al medio día, cuando llegaron las prostitutas itinerantes, sólo hallaron un caserío desierto. 























domingo, 15 de septiembre de 2024

ARTERA MEMORIA




Iustración y cuento de Oswaldo Mejía

(Derechos de autor, protegidos)




¿De dónde provenía? No lo sabía. No tenía idea de su pasado ni de su presente… menos, de su futuro. Sólo se materializó de manera súbita, tras las cortinas de niebla en las laderas de la gran montaña, y de allí emergió. No era momento propicio para indagarse a sí mismo sobre su naturaleza, o que tipo de ser era. Tenía hambre y frío, y en esas condiciones, su desnudez le estaba jugando un revés. Era imperioso hallar algo para comer, y luego alguna forma de abrigo.

Lo primero que se posó ante su mirada fue un enorme espécimen de cuatro patas, y cuernos rematando lo que sería su cabeza. No sabía de qué se trataba, pero olía a alimento; entonces se lanzó a la carrera contra la presa. Guiado únicamente por sus instintos, de un salto se encaramó sobre el lomo del cuadrúpedo, el cual mientras corría y forcejeaba luchando por su vida, movía peligrosamente su cornamenta intentando defenderse. Él, asido a los cuernos de su víctima, hizo un rápido movimiento, bajo su cabeza por un costado, e instintivamente dirigió una certera dentellada a la tráquea del animal, y no lo soltó hasta que por asfixia, este poco a poco dejó de forcejear, resignándose a su inminente final.

Con sus filudas y fuertes uñas fue desollando el cadáver, a la vez que con sus enormes mandíbulas arrancaba trozos de carne y los engullía con avidez. Su hazaña le había reafirmado su fortaleza. Cuando se hartó de comer se cubrió con la piel de su víctima, y empezó a caminar. Su único equipaje era su confusión; desconocía todo… ni siquiera se conocía a sí mismo.

Así anduvo casi toda la tarde, ahora tenía sed; su olfato fue guiándole hacia un manantial. Su mirada atenta le avisó que allí no estaba solo, allí, en la caída de agua, hallábase un ser que a sus ojos le pareció muy atractivo, el equivalente a hermosamente divino.

Aquella fascinante criatura, se bañaba desnuda sin sospechar que estaba siendo observada furtivamente desde la maleza.

Cuando él lo creyó propicio, dando brincos sobre el agua se abalanzó sobre la criatura; aunque esta vez se impuso mucho esmero en ser lo menos violento posible; no quería dañarla en lo absoluto; sólo deseaba tocarla, olerla, tenerla cerca. Una mezcla de emociones y sensaciones desconocidas bullían por todo su organismo. Para ella, sentirse atrapada por un ser como él: Enorme, con tremendas manazas y garras, con un enorme hocico, y enfundado en esa piel del cuadrúpedo, fue demasiado, ante tanta impresión sufrió un desmayo.

Con hojas y ramas construyó un refugio. Cuando ella despertó, él le ofreció frutas frescas y bayas. Inicialmente, ella estaba horrorizada con el aspecto físico de su captor, mas, los ojos de este, por alguna razón, le inspiraron confianza, así es que terminó aceptándole los alimentos que con tanta devoción le ofrendaba. Él le acarició los cabellos, y ella percibió el embelesamiento que el extraño sentía hacia su persona. Pasaron los días, semanas y meses, y el encantamiento se tornó mutuo.

Hubo muchos momentos de pasión y consolidado cariño, hasta que ella quedó embarazada. Transcurrieron aproximadamente treinta y siete semanas, y él se debió ausentarse del refugio, pues los alimentos escaseaban en la zona por ser invierno, y había que recorrer largas extensiones de terreno para conseguir algo comestible.

En el refugio, ella empezó a sentir los primeros síntomas del parto, dolores que rápidamente fueron agudizándose hasta hacerse insoportables. En sus entrañas, algo dramáticamente doloroso estaba ocurriendo. Sus alaridos se podían oír en toda la zona, pero la ausencia de auxilio era reinante. Entonces cayó al piso expulsando sangre por la nariz y la boca…

Ocurría que su propio vástago había empezado a devorar la placenta y luego continúo engullendo las vísceras, y así siguió hasta abrirse paso a través de su abdomen. Una vez liberado de las entrañas de su ya difunta madre, prosiguió con la tragazón del cuerpo entero de su progenitora. Su apetito era tan voraz que hasta roía los huesos. Conforme comía, iba creciendo su corporeidad.

Cuando el recolector de alimentos regresó al refugio halló en un rincón al que era su hijo aun devorando los últimos restos de su compañera, la reconoció, pues la cabeza aún estaba intacta.

Impulsivamente, se abalanzó hacia su hijo, y de un certero mordisco le arrancó casi la mitad del cuello, matándolo instantáneamente.

Sentado en la entrada del refugio lloró desconsoladamente la pérdida de su compañera…y quizás también la pérdida de su hijo. Ahora cavilaba en que quizás él también había venido al mundo en similares circunstancias, solo que no lo recordaba.











martes, 28 de mayo de 2024

GRIMORIO CON RECETAS PARA REDIMIR SANTOS




IIustración y cuento de Oswaldo Mejía

(Derechos de autor, protegidos)




Esta es la noticia del asesinato de una familia, que estremeció Brazil…

La escena que halló la policía de Sao Paulo esta semana en la casa de la familia Pesseghini, era espeluznante: Un adolescente de trece años muerto de un balazo, tendido sobre su cama, junto a los cuerpos sin vida de su padre y madre; y el revolver percutado, en la mano del muchacho. En otra habitación dentro de la misma casa estaban los cuerpos sin vida de la abuela y tía abuela del adolescente, todos ultimados por disparos de la misma arma.

El adolescente Marcelo Pesseghini, fue descrito por quienes le conocían, como un jovenzuelo atento y cariñoso. Aunque la policía también ha indicado que un compañero de Marcelo en la escuela (cuyo nombre no fue divulgado) declaró que Marcelo le había comentado su deseo de matar a sus padres, irse a vivir a una casa abandonada y convertirse en un asesino a sueldo.

Según las investigaciones, todos murieron el día domingo por disparos del arma de reglamento de la madre de Marcelo, una mujer de treinta y seis años que era policía, al igual que su marido de cuarenta años.

Las pesquisas policiales señalan a Marcelo como el autor de los disparos que segaron la vida de sus cuatro familiares, y posteriormente se suicidó.

La escuela en donde estudiaba el muchacho indicó que el lunes, último día que asistió a clases, participó de todas las actividades propuestas y tuvo el acostumbrado comportamiento afectuoso con sus profesores y compañeros en general. No presentó ningún tipo de conducta anormal.

Todo indica que el día Domingo, Marcelo Disparó a quemarropa. primero contra su padre, luego contra su madre y, después contra su abuela y su tía abuela.

En base a un video grabado por las cámaras de seguridad en la calle, los investigadores sostienen que Marcelo condujo el auto de su madre hasta su escuela a la 1:25 de la madrugada del lunes y permaneció en su interior cinco horas. Pasado ese lapso de tiempo bajo del auto e ingresó a clases; mas no regresó a casa en el mismo vehículo, sino que fue llevado por el padre de otro alumno.

<< Cuando Marcelo volvió a su vivienda, apenas atravesó el umbral y cerró la puerta tras de sí, se activaron todas las cerraduras de puertas y ventanas, asegurando que Marcelo no tuviera oportunidad de salir. Entonces se le presentaron caminando sus cuatro familiares muertos, mostrando sus heridas de bala y sus ropas ensangrentadas. Marcelo retrocedió y corrió a refugiarse en su dormitorio, pero hasta allí lo siguieron los cadáveres andantes. El muchacho sólo atinó a acurrucarse en su cama. Los cuatro difuntos le acariciaban el rostro y los cabellos, y no cesaban de acosarle repitiéndole: -Eres muy joven, no podemos dejarte solo aquí ¡Debes venir con nosotros Marcelo! ¡Toma el arma, ponla en tu sien, y jala el gatillo! ->>





















jueves, 10 de marzo de 2022

DANZA NIBELUNGA





Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía.

 (Derechos de autor, protegidos)






Aún tengo en mi paladar el sabor áspero de aquel platillo que nunca pudimos preparar, pues los ingredientes quedaban muy distantes, mas, si también es tu deseo, hoy bailaremos desnudos sobre la mesa que ya se cansó de esperar por el mantel largo que sólo serviría para restregar nuestros hociquitos. Quiero ponerme de pie y llevarte en brazos mientras canto a tu oído esa canción en sensual francés, que nos recuerda un futuro. Si desafino u olvido la letra... ¿Tú querrás aplaudirme niña mía, o partirás el pastel de cumpleaños sin que hallemos nuestras extraviadas corduras?

Los sueños no tienen manos, y aún así son capaces de acariciar.










lunes, 7 de marzo de 2022

NUBARRONES DE CORDURA


Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía.

 (Derechos de autor, protegidos)




Vino desde allí y va hacia allá… La sombra que proyecta sobre el piso jamás se borra, A su paso va dejando cicatrices en la mente de quien la mira. Sus senos amamantan a los hijos de los hombres con dolor, deseo, soledad y angustia; quien prueba de su sexo se inventa el temor a perderla y aunque su aroma es un constante olor a muerte, casi todos la desean.

Se detuvo aquí y no quise mirarla; previamente cosí mis parpados, no vi nada pero el aire se llenó de su sedosa piel blanca, lampiña y apetitosa; no vi nada pero escuché los cánticos de quienes se inmolaban siendo aplastados por su cortejo; no vi nada pero la oí reír con esa risa de burdel que dista de plantear alegría y a cambio propone satírica burla.

Cuando rompí las costuras de mis ojos pude ver las andas alejándose y sobre ellas a la Redentora. Se auto-complacía con caricias que recorrían sus partes más íntimas, sexo que supo con generosidad entregar… más también ella deseaba proporcionarse gozo y de sus entrañas extraía doradas monedas que arrojaba dejando a su paso una estela de tentación. Intenté recoger unas de esas monedas pero estas quemaron mis manos; entonces di media vuelta y caminé en sentido contrario.

Ahora re-ando lo por ella caminado y con estas manos chamuscadas devuelvo la visión a los ciegos, sano heridas y hago caminar a los paralíticos. Ellos vienen tras de mí pues saben que aunque no haya agua, si los toco, lavaré sus recuerdos; y del paso de la Redentora nadie volverá a hablar jamás pues en mi rebaño sembré la amnesia eterna.

Bien, queridos alumnos, la historia que les acabo de narrar está aquí, en este gran libro incapaz de contener ni una letra, pues todas sus hojas están y estarán en blanco por toda la eternidad. Gracias por su atención…



















miércoles, 2 de marzo de 2022

APRENDIZ DE ÁNGEL



IIustración y prosa de Oswaldo Mejía

(Derechos de autor, protegidos)





*-Dime, mi fiel consejero ¿Qué tienes hoy para mí?

**-¿Sabes que estas criaturas tienen adheridas a su esencia, una extensa variedad de vidas animales? Mas casi todas ellas resultan inútiles y hasta contraproducentes a nuestros propósitos, mi Señor… A nosotros nos interesa que su rango de acceso prioritario sea apenas entre el felino y el perro que llevan dentro.

*-¿De que hablas anciano demente?

**-Para que tú, como gobernante y yo como la voz de tu conciencia tengamos larga vida, a estas criaturas debemos limitar su naturaleza totémica a perro y gato; neurótico y psicópata; el lleno de culpas y remordimientos… y el inescrupuloso. A ambos los haremos relevantes si ponemos en sus manos lo que llamaremos religión. Con ello te convertiré de Rey a Dios; y yo seré el intermediario entre ellos y tu divinidad… Yo seré el Guardián de la fe.

*-El perro y el gato... El lleno de culpas y el inescrupuloso… Tiene sentido. Dime ¿Y nosotros dos, qué sitial ocupamos en ese rango? ¿Somos perro o somos gato?

*-Mi Señor, nosotros no nos metamos en ese saco. Tú y yo, desde ahora, somos divinos… ¡Je-je-jeeeeeee…!















martes, 1 de marzo de 2022

MORADA PARA LOS INSTINTOS



IIustración y prosa de Oswaldo Mejía

(Derechos de autor, protegidos)



Su llegar fue silencioso, subrepticio; como llegan los ladrones en la noche. Llegó entre la turbia neblina del amanecer. Debía pasar inadvertido.

Probó todos los pecados del mundo. Amó y también degustó de los sabores de la piel, pues debía ser hombre y a la vez, hijo de las estrellas.

 Esparció el conocimiento entre “Los Normales”, los hizo pensantes y desató sus mentes cuando obsequió al mundo el libre albedrio.

El Dios verdadero no te quiere “Esclavo adorador”, lo que Él desea, es tu plenitud.

Los celos de los farsantes lo tergiversaron a Demonio, lo difamaron, y lo confinaron eternamente a las entrañas del subsuelo.

…Pero el fin de los tiempos esta “al doblar la esquina”; y entonces, Él emergerá de las entrañas del inframundo. Y todos veremos el brillo de sus escamas; sus ojos insectoides; sus garras reivindicatorias… y sus mandíbulas ostentando el furor de sus mordidas.

¡Que tiemblen y huyan los que se autoproclamaron guardianes de la fe!

¡Que oculten sus cabezas los Reyes, Gobernantes y Tiranos!

¡Los candados han caído; los goznes fueron forzados y las cadenas ya ni recuerdo son!

La luz del farol agrega brillos macabros a esa mancha roja que cubre el empedrado; y sobre ello se edificará el NUEVO ORDEN… libre de pecado…

Con hombres libres de cuerpo y pensamiento.

 

 (Libro de los lamentos, XIII-XLII.)