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lunes, 6 de julio de 2026

FRENTE A FRENTE SIN REGLAS





Iustración y cuento de Oswaldo Mejía

(Derechos de autor, protegidos)




Si hay un bicho cuya sola presencia me provoca repulsión extrema y pánico, esa es la cucaracha. Desde su nombre ya me motiva asco y fobia.

Empezaré por contarles que, debido a una enfermedad degenerativa, solo me es posible caminar con la ayuda de un andador ortopédico. Y bueno, una mañana cualquiera, estaba yo en pantaloncillos cortos y descalzo, sentado en mi sillón de descanso, viendo en la televisión uno de esos estúpidos programas que uno ve, pero jamás mira. Fue entonces cuando desde la cocina ingreso un soberbio ejemplar de asquerosa cucaracha, fornida, robusta, y de reluciente caparazón. En comparación conmigo, vaya que era una diminuta alimaña, pero ya les he comentado la repulsión que en mi provocan estos asquerosos insectos.

Un rápido paneo de inspección a la habitación donde estaba yo, y se quedó mirándome fijamente. Sus ojos se veían fieros y cargados de odio ¡Sí! Estoy seguro. Ese bicho me estaba odiando. Con determinación giró con dirección a mí, y empezó a caminar amenazante. Yo me moría de miedo, y tenía desechada la idea de darle un pisotón. Estaba descalzo, ni pensar en aplastarla con mis pies desnudos. Hubiera querido salir huyendo a la carrera, pero obviamente eso me era imposible.

Mirándome fijamente con sus ojillos de ente maligno, el bicho siguió viniendo hacia mí. Era evidente que había olfateado mi miedo, y se regocijaba intimidándome.

Cuando estuvo cerca de mis pies, claramente sentí que rozó con sus antenas el dedo gordo de mi pie derecho. Cerré mis ojos apretadamente y solo atiné a hacer aspavientos con los brazos y patalear como un poseído.

Me detuve por cansancio, entonces recién abrí los ojos y miré entre mis pies. La cucaracha o cucaracho, tenía ambos ojos morados por hematomas; sangraba profusamente por la nariz; le faltaban dos dientes, y tenía el labio inferior literalmente reventado… Menuda pateadura que le había propinado. Pero ni eso lo había desanimado, el bicho continuaba amenazante. Tuve miedo y pánico; temí su venganza…

Desesperadamente miré a todos lados buscado una forma de escapar, una ayuda. No muy lejos de mi mano derecha vi algo ¡¡Eureka!! ¡¡Allí estaba!! ¡Un pote en spray de BLACK FLAG RAID! Lo anunciaban como la muerte segura para cualquier bicho. Aseguraban que era tan extraordinario que, si se lo rociabas en la cara, podrías matar un elefante. Envalentonado, tomé entre mis manos el spray, apunte a la cucaracha, y le vacié todo el contenido, para asegurarme de no tener que volver a lidiar con aquel repugnante insecto.

Pero, para mi desgracia, en unos instantes, cuando se disipó la nube provocada por el spray, pude ver, que la acción del cucarachicida había sido inútil. El bicharraco seguía con vida, y a modo de mofa, levantó su pata derecha delantera, y con la izquierda se rascó la axila, como diciéndome que mi sobrevalorado spray, para él, era como un desodorante…

Ahora sí estaba en problemas. Cucaracha y yo, frente a frente. Yo sudaba frío y temblaba de miedo, cuando miré mi mano derecha, y vi que tenía una alternativa…

Con el pote del spray le pegué un soberano porrazo sobre el lomo; un fuerte crujido de exoesqueleto reventado, y solo quedó un amasijo de patas, alas, antenas, y vísceras descuajeringadas.

BLACK FLAG RAID, muerte segura para las cucarachas…

























sábado, 22 de noviembre de 2025

TRECE OSCURO




Ilustración y cuento de Oswaldo Mejía.


  (Derechos de autor, protegidos)



El pánico era reinante, el aire olía a miedo; todos buscábamos que huir a las carreras. “El negro Tufo de la Muerte” era implacable e insaciable para la consecución de víctimas…y nosotros, en medio de la tupida jungla, estábamos en su camino.

Los primeros en toparse con el virus fueron un grupo de mineros, quienes accidentalmente debieron hallarla en los socavones, y prestaron sus humanidades como portadoras del mal, así se diseminó la extraña peste entre la población de la aldea.

El primer síntoma de los infectados era una tenue humareda negra que empezaban a expeler por la boca, nariz y orejas, Luego caían en un trance demoniaco plagado de horrendas y torturantes alucinaciones, que ningún exorcismo era capaz de aplacar. Al cabo de unas horas, el cuerpo de las víctimas se iba hinchando y presentaba enormes manchas moradas, a la vez que de sus entrañas empezaba a fluir por la boca una masa negra oleaginosa, que se pegoteaba tercamente entre el paladar, lengua y dientes. Todo culminaba con la expulsión de un vomito liquido negro, con tanta presión, que el haz del vomito alcanzaba entre tres y cuatro metros. Luego de ello, los cuerpos quedaban vacíos, como bolsas descargadas de su contenido. Las pieles que quedaba de estos cuerpos no eran devoradas por ningún carroñero ni alimaña, solo iban resecándose mientras despedían una infecciosa y reptante neblina oscura; esta era la vía de contagio.

Entre la oscuridad, la gente espantada huía en todas direcciones llevando con ellas solo las provisiones que encontraban a mano. Yo apenas conseguí echarme dos bananos en los bolsillos y aupar a mi espalda a mi anciana madre, quien padece de demencia senil provocada por el Alzheimer, pero ella es lo más preciado que tengo, así es que no dudé un instante en sacarla de allí, aunque tuve que atarla a mi cintura. Lógicamente esto dificultaba nuestra huida y retrasaba mi paso para seguir al grupo que elegí de compañía. La primera meta era alcanzar las montañas. A cada minuto mi lentitud iba dejándonos más rezagados. Por momentos sacaba fuerzas de flaqueza y corría tras el grupo, pero cuando los alcanzaba, llegaba tan extenuado, que mientras recuperaba fuerzas, nuevamente quedábamos rezagados; así una y otra vez, hasta que los perdimos de vista.

Solos, entre los vericuetos de los caminos hacia las montañas, nos topamos con una lluvia torrencial, estábamos empapados, y yo, impregnado de fango hasta más arriba de las rodillas. El avanzar con mi madre a cuestas sobre la superficie resbalosa era realmente una tortura, pero debía continuar. El Tufo de la muerte negra nos perseguía con sus lenguas de oscura y letal humareda.

No sé cómo llegamos a este lugar, pero una riada se interponía entre nuestra línea de escape y la tóxica humareda que nos perseguía. Alguien debió estar antes aquí, en nuestra misma situación, pues había una larga liana atada a un árbol de este lado, y el otro extremo flotaba en las aguas turbulentas del crecido río. Si lograba alcanzarla, podría cruzar a nado, atarla en un árbol al otro lado, regresar por mi madre, auparla a mis espaldas, y así, juntos, podríamos remontar las aguas. Rápidamente me despojé de mis ropas y me zambullí en el río buscando alcanzar el extremo suelto de la liana. Vaya que era todo un reto; en este punto las aguas estaban extremadamente agitadas. Largo rato estuve lidiando con la corriente del agua, hasta que hice un movimiento de cabeza para ver si mi madre continuaba en una situación segura. Eso bastó para que perdiera el punto de equilibrio y ser arrastrado río abajo. La fuerza del agua me tiraba dando tumbos y volatines, estaba a punto de ahogarme, cuando la misma fuerza de la corriente me arrojó de espaldas contra la pedregosa orilla, entonces pude asirme de una roca saliente. Tenía todo el cuerpo magullado y cubierto de arañazos…pero estaba vivo y consciente. No sé cuánto tiempo estuve así, pero en cuanto recobré el aliento me encaramé en la roca y fui arrastrándome alejándome de la orilla del río.

Lo primero que me vino a la mente fue ¡¡Mi madre!! Entonces emprendí una loca carrera río arriba. Era cuestión de vida o muerte para mi madre, no debía detenerme, pero desconocía donde la deje. La jungla es jungla por donde se le mire. Resultaba casi imposible hallar un indicio para localizarla. Al amanecer pude distinguir al otro lado del río, el árbol con la liana atada que hallara en la noche.

Actuando con una decisión muy poco razonable. Tomé carrera y me impulsé de un salto lo más que pude, zambulléndome nuevamente en el río; desesperado di unas brazadas, y pude asirme a la liana flotante. Las caudalosas aguas amenazaban con arrastrarme, mas, yo seguía firme, sin soltarme. Poco a poco fui recorriendo toda la extensión de la liana hasta que conseguí llegar a la orilla.

Lamentablemente…todo había resultado tardío. Los restos de mi venerada madre apenas si eran un amasijo de huesos cubiertos por piel desinflada expeliendo un humo negruzco por la boca, nariz y orejas. Tomé entre mis manos sus restos, y lloré abrazándola con devoción, sin importarme el humo tóxico que fluía de sus entrañas e iba contaminando rápidamente mi organismo.

Ya no tenía sentido buscar que proteger mi existencia…  































domingo, 3 de marzo de 2024

CICATRICES Y DESTINO ENFRENTADOS



IIustración y cuento de Oswaldo Mejía

(Derechos de autor, protegidos)




El asentamiento humano Pampa de Comas, un caserío olvidado en el tiempo, sin pasado que redimir, sin visos de reivindicaciones; un lugar sin siquiera la dignidad de aparecer en algún mapa. Sólo las francachelas, el chisme y la fe en Dios mantenían latente, aunque en una perenne modorra, a la población.

Las sociedades necesitan héroes o santos; si no los tienen, pues hay que inventarlos, y en este tipo de inventiva nadie le gana al folklore popular. El asentamiento humano Pampa de Comas carecía de oportunidades para generar héroes, y lo más cercano a un santo era el Padre Agustín, Párroco de la iglesia; no porque fuera un dechado de virtudes, sino, porque su nombramiento había venido del mismo Vaticano.

El Padre Agustín era simpático, encantador y dicharachero, pero al igual que todos los pobladores del lugar, era proclive a excederse con la bebida. Una fría y lluviosa madrugada, regresando de una de esas borracheras, con la sotana totalmente empapada, caminando a los tumbos y zigzagueando, terminó trastabillando y cayendo de bruces justamente en el portal de la casa de María la Costurera; llamada así por su habilidad para confeccionar vestidos, y por ser la encargada, por defecto, de vestir a cuanta cumpleañera, quinceañera, novia, o dama que desease aparentar elegancia dentro del asentamiento.

Alertada por el ruido del tropezón, María la Costurera, en bata de dormir, se asomó por su ventana, y por la sotana, reconoció que se trataba del Padre Agustín. Rápidamente abrió su puerta, lo socorrió ayudándole a reincorporarse y rodeándole con sus brazos para que no volviera a caerse, le hizo pasar al interior de su casa. Presta, le despojó de sus ropas empapadas, le cubrió con una manta, le preparó una taza de café caliente; le abrazó para sujetarlo, y así fue dándole de tomar a sorbos el café.

María la Costurera bordeaba los treinta y dos años. Siendo atractiva y de carnes firmes, era un tanto inexplicable que no tuviera marido… Claro, el asentamiento tampoco ofrecía candidatos que valieran la pena escoger.

Entre sorbos de café, el Padre Agustín fue disipando su ebriedad y recuperando sus sentidos. Cuando se dio cuenta que su cabeza descansaba sobre el seno de María la Costurera, la situación le supo enervante, pero a la vez muy acogedora. María la Costurera olía a hogar, a madre, a cómplice…a hembra en celo. Hubo rozamientos, que luego se tornaron en caricias, hasta que tanto los votos de celibato del Padre Agustín, y la abstinencia voluntaria de María la Costurera sucumbieron a la pasión y se amaron como dos desenfrenados.

Semanas después, María la Costurera acudió a la parroquia en hora que no era de culto, y emocionadísima le comunicó al Padre Agustín que estaba embarazada de él… El Padre Agustín fue rotundo en negar su responsabilidad, alegando que ello perjudicaría su sagrada investidura. Desilusionada y herida en su amor propio, María la Costurera no quiso evidenciar su lagrimeo, por ello se dio la vuelta, y se marchó presurosa.

Habían transcurrido cuatro años, María la Costurera no había vuelto a poner un pie en la parroquia; en lo posible tampoco exponía en público a su niño, mas, las personas que acudían a su casa por sus servicios de costura, cuchicheaban que el nene era el vivo retrato del Padre Agustín, y que, si María la Costurera no tenía marido, se daba por sentado que el nene indudablemente era hijo del Padre Agustín …Pero ¿Cómo concebir tamaño hecho sin desprestigiar la moral del Padre Agustín? Si su nombramiento había venido del mismo Vaticano… Entonces las habladurías dieron un giro. Se empezó a correr la voz que se trataba de un milagro, que María la Costurera había sido embarazada por el Padre Agustín, sin que este la tocara. Ni María la Costurera, ni el Padre Agustín, jamás asintieron ni tampoco desmintieron los chismorreos, y siempre esquivaron cualquier pregunta al respecto.

Así, de boca en boca, siguió creciendo el mito. El populacho, muy ocurrente, por cierto, iba agregando detalles a la fábula. Todos hablaban y a la vez creían lo que escuchaban. Se llegó a decir que el Santísimo Padre Agustín había embarazado a la inmaculada María la Costurera mediante obra y gracia del Espíritu Santo… Y que María la Costurera, a los veinte y tres días puso un huevo de medianas proporciones, y lo empolló con devoción durante treinta y cuatro semanas hasta que eclosionó el huevo y nació el niño.

En un momento dado, todos en el asentamiento humano Pampa de Comas estaban convencidos de la real ocurrencia del fantástico milagro. Muchas cartas esgrimiendo estos argumentos eran enviadas al Papa Clementina XIII, solicitando la beatificación para el trío protagonista del quimérico portento. Lógicamente, el Papa ni se inmutó ante tamañas ficciones, y jamás respondió.

Abrumada por tanto barullo, María la Costurera decidió largarse del asentamiento. El Padre Agustín al enterarse de esta decisión se apersonó a la casa. Tantas habladurías habían despertado en él un repentino instinto paternal, y el deseo de conocer a quien sabía era si hijo. María la Costurera le recibió en el portal. - ¡Quiero conocer, y despedirme de mi hijo antes de que se vayan! - María la Costurera le respondió -Mi hijo no es tu hijo, él es obra del Espíritu Santo- Seguidamente le escupió en la cara, y le despidió con un portazo…

A bordo del barco que los llevaba a algún lugar de Centroamérica, María la Costurera sentó a su hijo sobre sus piernas y le dijo -Tu padre no te conoció ni tú le conocerás, pero él era un santo…-Su sonrisa tenía mucho de sarcasmo...


























sábado, 2 de septiembre de 2023

SENSACIONES DIVERGENTES




Ilustración y cuento de Oswaldo Mejía.

 (Derechos de autor, protegidos)










Debido a una alteración neurológica, mi propio sistema inmunológico está atacando y devorando mi sistema nervioso llevándome a la postración. Los médicos dijeron que es incurable, irreversible y progresivo, pero mi naturaleza no me dicta resignarme y cruzarme de brazos, por ello recurrí a otros planos en busca de una oportunidad de cura.

Estoy descalzo, con ropa holgada, y llevo más de doce horas en ayuno…Son requisitos para asistir a la ceremonia… Calculo que hay una docena de personas o más, también en busca de cura para sus males. La oscuridad apenas es herida por el débil resplandor de una vela encendida.

Hora de tomar la Medicina, que es el boleto de partida hacia nuestro propio interior. Es una jalea espesa de sabor extremadamente amarga y astringente, y debemos deglutirla disolviéndola lentamente con nuestra saliva.

Estoy ansioso y eufórico pues es mi primer “viaje”, pero intuyo que estoy a instantes de emprender algo trascendental.

El shamán nos había advertido -Si en su “viaje” se les presenta la Muerte, no la esquiven; déjense llevar. Lo mejor que les puede pasar con la Medicina, es que mueran, después de morir podrán renacer, y su renacimiento será el de un ser humano sano.-

La luz de la vela se apagó…

El viaje ha empezado: Ante mí aparecen hileras paralelas de pequeñas piezas semejantes a patitas y cuerpos desmembrados de insectos. Las hileras se mueven sobre bandas de rodamiento como si se tratara de una inmensa factoría ensambladora. Unas hileras se mueven en horizontal, y otras en vertical, sin embargo, nunca colisionan entre ellas. Las hileras móviles van separándose, ensanchando el espacio central, como si me indujera a cruzar ese portal. Me doy cuenta que no hay forma de resistirme, ese creciiente agujero rectangular está succionándome. Mi cuerpo pasó de estado sólido a liquido gelatinoso. En ese estado cruzo el portal y vuelvo a materializarme a solido al otro lado -¡¡PERO NO HAY PISOO!!- Mi descenso es una rápida caída libre hasta que un enmarañado de cuerdas o cables me detiene parcialmente. Aquí la reina es la penumbra, apenas si veo algunos destellos. Ahora caigo escurriéndome entre el enmarañado de cuerdas, hasta que se acaba la maraña. Intento sujetarme, pero no logro asirme y continúo mi caída. Todo parece indicar que voy a caer de pie, por lo cual encojo mis piernas y sujeto mis rodillas con mis brazos. 

Mi caída se detiene cuando mis pies tocan un piso parcialmente inundado. -¡¡ESTOY SINTIENDO UN TERRIBLE ARDOR LACERANTE QUE ME RECORRE DESDE LA INGLE, EL ABDOMEN, Y EL ESTERNÓN, HASTA LA ALTURA DE LOS HOMBROS!! ¡¡ES UNA SIERRA CIRCULAR QUE ME ESTA PARTIENDO EN DOS!!- Lleno de pánico me pongo de pie instintivamente, la sierra cesa de cortarme, pero aun así hace frotamiento con mis carnes y huesos ya cortados. Siento el olor de mis carnes chamuscándose por el calor que genera la fricción de la hoja circular. ¡¡ME ARDEEEEEEEE!!

Estoy consciente que se trata de una alucinación, pero todo es tan vívido…tan real… el dolor…los olores, todas las sensaciones… -¡¡QUIZÁS ESTOY MURIENDO REALMENTE!!-

¡¡OH, NOOOOO!! En el agua que inunda el piso sobre el que estoy parado hay unos bichos gelatinosos, repugnantes, con grandes mandíbulas, y están devorando mis pies; ahora sólo tengo muñones. Pataleo. Ya están devorándome por encima de mis tobillos, y la sierra circular se acerca cada vez más a continuar cortándome, ¡¡SI ME CORTA LA CABEZA MORIREEE!! Con un salto consigo asirme de unas de las cuerdas que quedaron colgando sobre mi cabeza. Me sujeto fuertemente. Los repugnantes bichos acuáticos ya no pueden devorarme, y la sierra circular ya no alcanza a continuar cortándome. ¡¡ME ESTOY ALEJANDO DE LA MUERTE!!

Cuando me recupero del trance, estoy boca abajo, echando espuma por la boca, convulsionando por el pánico. Al haber pataleado en esa posición debo haberme quebrado la nariz y algunos dedos de los pies; también estoy sangrando profusamente por la nariz y la boca. El shaman, con la ayuda de otros asistentes, logran ponerme en posición boca arriba, y se apresuran en limpiarme y reanimarme...

Mi trunco “viaje” hacia la muerte ha culminado, pero aún me queda un insoportable dolor en ambos pies y en la nariz.

-Lo siento…no tuve el valor suficiente para morir…lo siento...-








lunes, 5 de septiembre de 2022

RESPUESTA A FENIX ALETARGADA




Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía.


  (Derechos de autor, protegidos)



No tengo recuerdos anteriores; cuando desperté ya era un hombre; quizás nunca fui niño, o quizás pasé mi niñez dormido.

Fue adrede o por error, que se me concedió la inmortalidad y mi inmunidad al paso del tiempo…Maldita inmortalidad que debo cargar a cuestas. He visto envejecer y morir a mi amada mujer y a cuatro de mis amados hijos. Hoy vengo de enterrar al cuarto de mis vástagos. Murió a los setenta y dos años, viejo, deteriorado y cansado, y como en los anteriores funerales, yo cavé su tumba.

“Al hijo que pierde a su padre se le llama huérfano, mas al padre que pierde a su hijo, no hay forma de llamarlo… No existe vocablo para denominar tamaño dolor”

Sólo me queda Benjamín el quinto de mis hijos. Tiene sesenta y tres años, y ya muestra los achaques del paso del tiempo, mientras yo continúo joven y rebosante de vida; pero ya estoy cansado de cavar tumbar para mis seres queridos ¡No quiero cavar la tumba de Benjamín! Luego seguirán las tumbas de mis nietos…

Bendito Dios travieso ¡No quiero cavar más tumbas! ¡Quiero morir! ¡Te lo suplico! …Déjame morir…

…Que la próxima tumba que se cave…sea la mía…






















viernes, 27 de mayo de 2022

LA LOGIA DE LOS INMORTALES




Cuento de Oswaldo Mejía
  (Derechos de autor, protegidos)



Los siete puntos iniciales que venían tras los fugitivos iban creciendo y tomando formas cada vez más definidas. Podían distinguirse nítidamente los alerones de cada uno, al igual que sus puntiagudas narices apuntando su objetivo cual dardos que amenazan con atravesar la musculatura de la razón y las vísceras del alma.

La mujer, absolutamente fuera de control, no cesaba de chillar mientras se revolcaba en un rincón. Los otros dos, afirmados a las paredes de la nave, permanecían atónitos, con los rostros desencajados, mirando  la nada con las pupilas dilatadas desmesuradamente. Es posible que cada uno, en silencio, estuviera expiando arrepentimientos, elevando oraciones a quién sabe qué fuerza divina. Sólo TEO mantenía una pizca de cordura mientras luchaba en el intento por mantener el rumbo de la nave sin estrellarse contra alguno de los planetoides, asteroides y formaciones pétreas o metálicas que vagaban por la gran bóveda del universo.

El pánico había alcanzado los picos límites soportables cuando el más joven de los científicos lanzó un alarido:

- ¡Los Implacables se detuvieron!-

-¡¿Qué pasa?!-preguntó TEO en un grito desesperado pues estaba imposibilitado de mirar hacia atrás, hacerlo sería exponerlos a estrellarse contra cualquier cuerpo celeste errabundo.

-¡Díganme qué pasa allá atrás!-volvió a reclamar ante la falta de respuestas.

Los tres tripulantes restantes observaban por las escotillas constatando con gran alivio que Los Implacables habían abandonado la persecución. Hay tiempo para tragar saliva, menguar la dureza de los rictus y aspirar largas bocanadas de aire. Los corazones aquietaron sus latidos impidiendo el desbocamiento… casi, casi, se comenzaba a tocar un clima de calma.

En ese preciso instante repararon en el silencio de TEO “¿Por qué dejó de interrogar a los gritos? ¿Por qué su repentino mutismo?” Su mudez era densa y pesaba.

La pequeña nave se estremeció de un modo violento.  Repentinamente una magna turbulencia azotó friccionando la parte externa del vehículo, lo cual termino bloqueando la capacidad de las mentes de los fugitivos que no atinaban a pensar en otra cosa que no fuera aguardar la inminencia de una explosión, bien de sus cerebros, o bien de la misma nave que les cobijaba.

Efectivamente, TEO había sufrido la espontánea pérdida del habla. Tenía los labios separados pero los dientes apretados, los ojos desorbitados, las manos y los pies crispados, la espalda, cuello y nuca, adheridos a presión contra el respaldar del sillón de mando. Afortunadamente, su mente aún conservaba la lucidez suficiente para proseguir emitiendo órdenes telepáticas a la nave.

Los otros tripulantes habían caído al piso y se revolcaban en él como gusanos sobre un sartén caliente, tomándose la cabeza con las manos, tapándose los oídos en el vano intento de protegerse del chirrido ensordecedor que ocasionaba el roce de la nave contra la turbulencia. Sólo TEO poseía lectura visual de lo que ocurría y lo enfrentaba desde la estoica convicción de quien se sabe solo y pertinente ante una lucha circunstancial en pro del grupo que lo requería como “Solucionador”.

Los Implacables se detuvieron pues a tiempo advirtieron que delante de ellos había un agujero negro, gigantesco hueco de naturaleza anti-material con capacidad de atraer y devorar cualquier elemento que osara acercarse a su llamamiento succionador, oportunidad que no tuvo TEO, quien en la loca huida no pudo contrarrestar la inercia de la nave llevándola directamente a las fauces del agujero devorador de materia. Ya no había tiempo para auto-culparse de nada, simplemente ignorar la sensatez y a cambio, hurgar entre los dictados que brindan los reflejos. -La vida nos consiente agobiarnos, y caer en la desesperación pero de ninguna manera permanecer quietos ante las adversidades pues será en ese preciso instante que la ley de la selección natural nos señalará como no aptos y nos eliminará por ser incompetentes para continuar en esta brega-.

Por cuánto tiempo se prolongaría esta torturante situación era imposible de calcular. Cuando las emociones son expuestas a situaciones extremas todo se percibe a eternidad. Finalmente hasta la misma muerte, intuyo, debe concluir en paz… y esto también concluyó. Había sido lo más semejante a un alumbramiento: Trauma, dolor, pánico y luego, el demencial sosiego de la incertidumbre, pero sosiego al fin.

La dramática experiencia había culminado. El contexto viró la situación hacia la calma. Ante los fugitivos se presentaba, en contraste a lo recién acontecido, un ambiente tranquilo. Allí refulgían tonos que variaban entre el celeste y  un turquesa tenue. Debajo de la navecilla se alcanzaba a ver una gran esfera flotante cubierta casi en su totalidad por agua y algún que otro aislado trozo de masa continental, pero resultaba atractivo. La quietud seducía y TEO decidió aterrizar.

No hubo palabra alguna, sólo miradas desconcertadas, mentes conmocionadas y cuerpos que se movían por inercia. Así descendieron de la nave. El aire era irrespirable dada la inexistencia de oxígeno, un detalle momentáneo con factibilidad de ser salvado, ya que los cuatro estaban dotados de trajes inteligentes que al instante les proveyeron de elementos para gozar de un hálito fluido.

-Creo que este es un buen lugar para ocultarnos de Los Implacables. Viviremos de manera subterránea pero debemos apresurarnos, es preciso que desaparezca todo rastro de nuestra presencia aquí- Fueron los primeros dictámenes de TEO.

De inmediato y valiéndose de rayos láser más otras sofisticadas herramientas de desintegración, se dedicaron afanosamente a cavar galerías de acceso hacia el subsuelo.

Tras arduos meses de duro trabajo lograron dar forma a una extensa bóveda subterránea de varios kilómetros de extensión, dotándola de luz,  temperatura  y abastecimiento de oxígeno de manera artificial. Elementos necesarios que les permitirían vivir cómodamente, proveerse de alimentos de lo que sembraran y cosecharan, utilizando las diversas semillas que habían traído para tal fin. Concluida esta fracción de su obra, camuflaron celosamente la vía de acceso a lo que sería su escondrijo y amparo. Siempre estaría latente sobre sus cabezas la amenaza de ser hallados por sus perseguidores, una psicosis de la que jamás podrían liberarse mientras tuvieran vida. Más, momentáneamente, estaban seguros… Y la vida hay que vivirla día a día, mientras es posible.

Continúa...








sábado, 7 de mayo de 2022

PASOS ATRAS






Ilustración y poema de Oswaldo Mejía.


  (Derechos de autor, protegidos)



¡NO QUIERO VEEEEER!

Sopla el viento, necio es su poder.

Esferas de cristales, fluyen en tropel.

Si matan al talento, no quiero ver.

Si matan al talento, caerá el corcel.

El Rey es ciego y de cerdos su ley.

No sé a quién orar ¿Por qué lo voy a hacer?

Si matan al talento, no quiero ver.

Si matan al talento, caerá el corcel.

Mis alas han volado donde se muere la luz.

Lascivas mariposas, han hurtado el mar azul.

No quiero ver caer al corcel

vociferando:

¡EXISTOOOOOO!









jueves, 14 de abril de 2022

REQUIEM DESDE ESTE LADO DE LA BOTELLA





Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía.


  (Derechos de autor, protegidos)




Cuando todo se mostraba oscuro; cuando mis dilatadas pupilas buscaban entre el desconcierto la presencia cálida de los amigos, estiré mis manos huérfanas hacia el vacío, esperando hallar quien rozara mis dedillos con esperanza. Las únicas respuestas fueron la gélida realidad que escarchaban mis ilusiones guardadas y el ácido...

-Será para otra oportunidad-

 ¡¡Bobos!!…Como si la vida permitiera bailar el mismo vals en dos ocasiones idénticas. Como si mañana pudiera volver a ser hoy a nuestro antojo… Como si el destino y el tiempo fueran a sentarse, aguardando a que se repita el día de tu onomástico número quince…

Cierro mi libro, este que contiene heridas, risas y llantos; emociones vividas a lo largo de toda una vida. Lo pongo contra mi pecho y voy en busca de quienes deseen degustar las golosinas luminosas que desde esta cajita mágica convido.

¡Hey tú! ¿Deseas probar mis caramelos envenenados con fantasía? ¿O lo dejamos para otra oportunidad…?



















miércoles, 13 de abril de 2022

SÓLO LOS POETAS MUEREN MIL VECES




Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía.


  (Derechos de autor, protegidos)


El cielo se teñía de rojo con el desangre del Sol que asistía a su rutinario morir diario. Espeluznante momento para los espíritus depresivos. Estoy convencido de que no hay nada peor que enfrentarse a la muerte durante la hora del ocaso... mala hora para la agonía.

La doncella  irrumpió en la escena. Trastabilló cayendo sobre su rodilla derecha, con su pierna izquierda, extendida instintivamente evitó caer de bruces. Sus brazos estaban atados entre sí tras su espalda, dejando expuestos en su desnudez sus florecientes senos. La muchedumbre observaba con muda ansiedad a la bella mujer, cuya piel nívea -tan blanca como las impertinentes nubes que se infiltran rasgando los presagios macabros- La esplendorosa figura de la fémina de rostro angelical se mantenía imponente, pese a que su mirada vacía exteriorizaba la cercanía de la muerte.

Quien alardeaba de ungido sacerdote, en un estado análogo al trance, con los ojos en blanco, parecía buscar respuestas entre los nimbos celestiales. Sujetando con ambas manos el filoso puñal de pedernal, lo elevó como solicitando el beneplácito del Dios Sol. A continuación, con su brazo izquierdo rodeó el cuello de la doncella, y con su mano derecha descargó una certera puñalada en su pecho. Luego, con habilidad de cirujano, extrajo ágilmente, de entre los senos de la Doncella, el corazón aún latente.

La multitud miraba atentamente cada acción de aquella macabra parafernalia. El ungido volvió a elevar sus brazos, esta vez con el corazón de la doncella en sus manos. Consumada la ofrenda para el agonizante Sol, el gentío allí presente, abrió desmesuradamente sus ojos, a la vez que un barullo general violentaba el silencio del crepúsculo. Fue en el preciso instante en que el corazón extirpado empezó a convulsionar entre las manos del sacerdote, y como si los estertores del corazón extraído se extendieran a las entrañas del mundo, el suelo tembló, el Sol dio un fogonazo y se apagó …¿Acaso el Dios Sol desaprobaba aquel sacrificio?

El ungido entró en pánico, los brazos le temblaban. Exponiendo su miedo, dejó caer al piso el corazón aún latente. La multitud, atónita, estaba momentáneamente incapacitada para emitir exclamación alguna. Sólo había cabida para el asombro y el pánico. Ante el mutismo reinante, la Doncella sacrificada levantó la cabeza, abrió los ojos y se irguió sobre sus rodillas, a la vez que sus ataduras caían liberando sus brazos, entonces recogió su corazón y por la herida en su pecho lo devolvió a sus entrañas. Se puso de pie y levitó hacia los cielos, perdiéndose en la negrura de los cielos.

Nunca más hubo días soleados...La oscuridad se encargó de ir devorando la vida en el mundo hasta extinguirla...Después todo volvería a empezar con una nueva raza.



















miércoles, 9 de marzo de 2022

DIALOGO CON LA LOCURA




Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía.

 (Derechos de autor, protegidos)






Tu despertar fue aquí, en esta burbuja bendita donde la Ataraxia es dádiva, la ausencia de temores y necesidades se da por defecto. Puedes estar de cabeza y estás cómodo. La temperatura siempre es la ideal y tu alimento fluye por naturaleza… ¿Acaso es la sucursal del idealizado Cielo?

Han transcurrido treinta y seis periodos de siete días y de pronto tu paz se quiebra; todo vira hacia el caos. La burbuja que te contuvo ahora se estremece en violentas contracciones que estrujan tu ser: -¡Te presento al Dolor!- El espacio mismo te aprieta; no comprendes el afán de esa fuerza por desalojarte de tu Cielo.

Sumado al empuje que te está desalojando, otra fuerza proveniente del exterior sujeta firmemente tu cabecita y tira de ella con violencia, como si quisiera arrancarla de tu cuerpecillo. Ahora estás en un mundo nuevo; quizás frío, quizás caliente, pero indudablemente cruel, doloroso, hostil. No puedes respirar. Por primera vez te hallas cara a cara con la muerte: -¡Te presento al pánico!- No entiendes porqué te hiciste merecedor a padecer esto.

Un golpe seco, con inusitada violencia se estrella contra tus nalgas. El dolor es intenso, aunque sirvió para desbloquear tu respiración. Estas jadeando, respiras sin ritmo; tu pecho, tu cabeza, tu alma misma parece querer estallar. Se te hace obsesivamente necesario el recuerdo de tu burbuja, la anhelas, extrañas su tibieza y su aroma ¡Si. Necesitas su aroma! Pero te están alejando de su ansiado olor; más lejos, cada vez más lejos: -¡Te presento a la soledad! Al abandono que aprieta, hiere y mata.

Es demasiado sufrimiento junto, es una tortura in crescendo que no cesa, deseas desaparecer, que todo culmine: -¡Te presento a la locura!- Ella será el mecanismo de defensa al que podrás recurrir cada vez que debas enfrentar lo insoportable.

¡Esto es la vida! ¡Acabas de nacer, maldito Demente!