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martes, 21 de julio de 2026

TRES PLANOS EN PLENO



Iustración y cuento de Oswaldo Mejía

(Derechos de autor, protegidos)




La Madre tierra prodigaba todo lo necesario para subsistir, y más… Vivir en esa realidad era realmente una dadiva. Había de todo en cantidad suficiente, y al alcance de la mano. Era lo más cercano a la idealización de un paraíso. Ni siquiera morir era un acto dramático. No existían las enfermedades; quienes cumplían su ciclo de vida, se acostaban por sus propios medios, y dormían soñando sueños hermosos donde la vida, como despedida, les daba la razón en todos sus actos vividos. Los deudos y familiares del difunto solían destaparle el cráneo, extraer los sesos y devorarlos de manera compartida; la creencia era que así se transmitían las habilidades y conocimiento del fallecido. Con ese ritual, además, se presumía que el difunto no se iba, que sus ideas y pensamientos estarían siempre presentes en el clan.

Todo parecía estar calculado para brindar dicha y abundancia; a un lado estaba el río de mediano caudal, cargado de peces, y el resto del perímetro rodeado de escarpadas montañas protegiendo a la comunidad de los vientos y las heladas. Nadie nunca tuvo el aliciente ni la necesidad de salir del lugar. Era un mundo dentro del mundo, sin interrelación, felizmente aislado e ignorado.

Sorpresivamente, una mañana llegaron unos forasteros errantes que atravesaron el río con sus miserias a cuestas. Era evidente que además de su pobreza, traían un profundo temor. Los miembros de la aldea los recibieron con beneplácito, pues hasta ese momento, jamás habían interactuado con nadie venido del otro lado del río, y estos despertaban curiosidad e inspiraban empatía. Les dieron de comer y les proporcionaron cobijo. De primera impresión a todos les pareció una buena idea tener nuevos miembros en la aldea; al fin y al cabo, había subsistencias para todos, y más. Inicialmente no hubo necesidad de imponer costumbres ni cultura, los recién llegados se adecuaron a la forma de vida de los lugareños, sin asperezas.

A las pocas semanas, otro grupo de errantes aparecieron vadeando el río; igualmente fue general la disposición de aceptarlos y darles cobijo, aunque esta vez era aún más notorio el miedo que cada uno de ellos traía consigo. Entre ellos vinieron brujos, shamanes, adivinos, y todo tipo de manipuladores de la mente y las emociones. Aunque lo peor llegó con la cuarta oleada de inmigrantes: la religión; con sus falsos profetas y sacerdotes predicadores de doctrinas que amenazaban con terribles castigos a aquellos que desobedecieran sus pregones. Estos personajes motivaban en la muchedumbre un temor desmedido a la muerte y condenas infernales por toda la eternidad si no fueron obedientes, sumisos, y devotos en vida. Con estos argumentos mantenían a todo el gentío en permanente sentimiento de culpa, remordimiento, y temor por los supuestos castigos divinos que les acaecerían.

Ahora el lugar iba rebasado de una población multirracial y multicultural, donde la gente nativa iba quedando como la minoría. Las creencias y supercherías importadas por los nuevos pobladores fueron calando fácilmente en las mentes de los oriundos pobladores, otrora libres de lastres emotivos y espirituales. De a pocos, la alegría fue siendo reemplazada por la ansiedad, temores irracionales, fobias, y angustias obsesivas. Aquella comuna rebosante de plenitud, ahora era una sociedad enferma y apática. La muerte empezó a presentarse como un verdadero drama finalizador, y los hijos de los aborígenes cambiaron el antiguo ritual de devorar los sesos de los difuntos para asimilar las habilidades y conocimiento del fallecido por el llanto y los rezos. Ya no había forma de acudir a la sabiduría de los ancestros.

En un escaso lapso de tiempo, cuatro generaciones habían estado expuestas a estas predicas invasivas y contaminantes. Gente obsesionada orando, implorando, auto flagelándose física y mentalmente; y viviendo su muerte mucho antes de morir.

Las personas enfermas de espíritu, enferman el lugar que habitan y el suelo que pisan. La tierra dejó de ser fructífera; cada vez había menos frutos para consumo humano, y menos pasto para el ganado. Todo había degenerado; no solo eran las supercherías de los brujos, astrólogos, adivinos, shamanes; las sectas, y religiones… ¡Sí! Pluralizo, pues no era una sola secta ni una sola religión; estas habían proliferado en número y también en cantidad de dioses y credos. Cada secta y cada religión aseguraba que su culto estaba dirigido a un dios único y verdadero; lo cual desembocaba en una rivalidad, que terminaba en enfrentamientos de devotos radicales, los cuales peleaban por la supremacía y exclusividad de su dios.

Era frecuente, de pronto hallarse en medio de una multitudinaria gresca de gente armada con palos y piedras, y dándose a matar. La otrora armonía reinante en el lugar, por culpa de las sectas y las religiones, se había convertido en el escenario de cruentas batallas campales con muertos y heridos.

Para cuando las matanzas se hicieron un accionar de cada día, los grupos neutrales y los no radicales fueron abandonando el que alguna vez fuera un lugar paradisiaco y acogedor.

Los grupos de fugitivos que salían huyendo en todas direcciones, en su camino se encontraban cara a cara con gentíos que venían en sentido contrario; paradójicamente, estas muchedumbres también huían de situaciones similares, pero en versión macro. A sus espaldas estaban dejando sangrientas guerras santas, en las que se masacraban todos contra todos, cada uno luchando por la convicción de que su dios era el verdadero por encima de los demás.

Todos y cada uno de los bandos juraban que su dios era el único, el verdadero, y que era todo amor.






























jueves, 31 de marzo de 2022

ANUNCIACIÓN DEL NACIMIENTO DE LA TORRE






Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía.

 (Derechos de autor, protegidos)

 




El arquitecto alado descendió desdoblado, unísono y paralelo, hacia los dos lados de la gran cicatriz. Los cielos aún estaban oscuros y bajo ellos, vientos desordenados continuaban su caótico ir y venir.

Aquí las pruebas no tienen fin. Mucho antes de ser concebido, su carrera hubo empezado. Su alma depresiva continúa montada en aquella gallina gorda que de manera constante da giros sin ningún destino. Mientras, inútilmente la pelambrera del gato intenta abrigar sus helados pies desnudos.

Alexandra la loca lo dijo: “Si dejas que los depredadores huelan tus heridas, pues vendrán a devorarte”… Y hoy, esas bestias se regocijan mordisqueando sus carnes, aunque a él no le importe, pues la mariposa rosada sigue revoloteando entre sus cabellos… ¡Estúpido inmaculado!

- Voy volando hacia ti, depresión mía. Tenemos una cita ineludible con la posteridad.

Luego, el silencio… sólo el silencio… sólo silencio…



















miércoles, 9 de marzo de 2022

DIALOGO CON LA LOCURA




Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía.

 (Derechos de autor, protegidos)






Tu despertar fue aquí, en esta burbuja bendita donde la Ataraxia es dádiva, la ausencia de temores y necesidades se da por defecto. Puedes estar de cabeza y estás cómodo. La temperatura siempre es la ideal y tu alimento fluye por naturaleza… ¿Acaso es la sucursal del idealizado Cielo?

Han transcurrido treinta y seis periodos de siete días y de pronto tu paz se quiebra; todo vira hacia el caos. La burbuja que te contuvo ahora se estremece en violentas contracciones que estrujan tu ser: -¡Te presento al Dolor!- El espacio mismo te aprieta; no comprendes el afán de esa fuerza por desalojarte de tu Cielo.

Sumado al empuje que te está desalojando, otra fuerza proveniente del exterior sujeta firmemente tu cabecita y tira de ella con violencia, como si quisiera arrancarla de tu cuerpecillo. Ahora estás en un mundo nuevo; quizás frío, quizás caliente, pero indudablemente cruel, doloroso, hostil. No puedes respirar. Por primera vez te hallas cara a cara con la muerte: -¡Te presento al pánico!- No entiendes porqué te hiciste merecedor a padecer esto.

Un golpe seco, con inusitada violencia se estrella contra tus nalgas. El dolor es intenso, aunque sirvió para desbloquear tu respiración. Estas jadeando, respiras sin ritmo; tu pecho, tu cabeza, tu alma misma parece querer estallar. Se te hace obsesivamente necesario el recuerdo de tu burbuja, la anhelas, extrañas su tibieza y su aroma ¡Si. Necesitas su aroma! Pero te están alejando de su ansiado olor; más lejos, cada vez más lejos: -¡Te presento a la soledad! Al abandono que aprieta, hiere y mata.

Es demasiado sufrimiento junto, es una tortura in crescendo que no cesa, deseas desaparecer, que todo culmine: -¡Te presento a la locura!- Ella será el mecanismo de defensa al que podrás recurrir cada vez que debas enfrentar lo insoportable.

¡Esto es la vida! ¡Acabas de nacer, maldito Demente!












martes, 8 de marzo de 2022

EL FIN DE LOS FINES


 

Ilustración y cuento de Oswaldo Mejía.

Cap. 18 del libro "Delirios del Lirio"

                    (Derechos de autor, protegidos)


*-¿Crees que te temo? He estado cara a cara contigo en muchas ocasiones de todas estas mil vidas que me tocaron vivir y nunca bajé mi mirada, siempre me planté ante ti desafiante. Fui león, fui druida, fui oso de peluche, fui soñador errante. Fui gato, fui consejero de reyes, fui fabricante de ilusiones y mundos fantásticos. Fui lobo vagabundo entre bestias y humanos, fui solitario por designio, fui un eterno enamorado del amor que apenas conocí por instantes. Fui titán, fui dragón de enormes patas caminando con delicadeza para no pisotear las margaritas de mi jardín. Fui pez nadando contra la corriente, fui guerrero luchador de batallas de antemano perdidas, pero nunca te temí… Sólo fuiste un trámite en mis mil vidas. Mil vidas viví, mil muertes morí bajo el filo de tu guadaña y mil veces renací para tu desconcierto. Por ello me odias, por ello me detestas, porque nunca dejé de sonreír ante tu presencia, porque siempre fui testarudo y me empeciné en volver a vivir… y no te tuve miedo. Ahora cometiste un error, pusiste tus garras sobre la ninfa que se me dio para amar; tomaste sus cabellos y cual si fuera un despojo arrastraste su delicado cuerpecillo por todo el desierto de la confusión. Te crees triunfadora, te regocijas en tu soberbia ufanándote de ser el fin de los fines. Te deleitas tejiendo la mortaja que destinaste para envolver sus restos. Esta contienda de vidas y muertes era sólo entre tú y yo, mas tu impotencia te ha llevado a ensañarte con ella ¿Para darme un escarmiento? ¿Para hacerme sentir que tienes el poder de segar lo que El Orden Universal siembra y alienta?...Pues cometiste un error. Tiembla Muerte, pues voy tras tus pasos ¡Ella no es para ti! Yo la perdí entre los vericuetos de mis mil vidas pero la busqué incesantemente y ahora que la hallé, no renunciaré a adorarla. Voy por ella y si insistes en cruzarte en nuestro camino, te juro que te haré sentir toda mi ira contenida en estas mil vidas que me tocaron vivir bajo tu acoso.-

El Titán descubrió completamente su cuerpo ya que la desnudez es muestra de pureza y sinceridad  y así se debe enfrentar a aquello que te depara el destino. Aunque pareciera contradictorio, por amor tenía una cita impostergable con la muerte y debía acudir puntual. Entonces inició su andar; el desierto de la confusión se mostraba interminable, hostil, áspero y reseco como la agonía ¿Pero qué puede disuadir a un luchador dispuesto a pelear por amor? Caminaba y caminaba en línea recta y aunque no veía su norte lo guiaba su instinto. Previamente había cosido sus parpados para así ignorar las distancias y evitar el desánimo. Su espalda iba ampollándose por la inclemencia abrasadora del sol. Su pecho y rostro sangraban a causa de la fricción de la arena que traían los vientos y golpeaban contra su humanidad, pero nada detenía su terco andar. Caía, respiraba profundamente, escupía la arena que se le introducía por la nariz y la boca, se erguía y seguía caminando, a ciegas, pero siempre en línea recta. Sólo detectaba la caída de la noche por la baja repentina de la temperatura. El frío gélido y penetrante hería su piel tanto como el calor del mediodía pero ¿Qué dolor o sufrimiento podría desalentar al guerrero que por amor se encaminó al encuentro de la mismísima muerte?

Cuántos días con sus respectivas noches llevaba caminando, no importaba. La noción de tiempo y espacio se había esfumado, al igual que el cansancio, hambre, sed, dolor y miedo. Nada importaba más que mantener el rumbo y llegar lo más antes posible a su destino.

Sumido en su ceguera voluntaria, el titán es avisado de la cercanía de la guarida de la muerte, pues el camino se había tornado pronunciadamente descendente y por los olores pestilentes que ahora viajan en el viento, la inercia hizo trastabillar al Titán, haciéndole perder el equilibrio y rodando cuesta abajo hasta que un golpe seco detuvo su caída.  Momento de descoser sus parpados. Luego de mucho tiempo de oscuridad, volver a ver la luz resulta saturante y enceguecedor, por lo que decidió sentarse a secar el líquido que brota de sus inflamados ojos. En ese estado es que escuchó una voz enérgica que le decía:

-¡Aquí sólo llegan cadáveres y tú no pareces serlo ¿Qué es lo que buscas?- La visión aún era borrosa y sin embargo podía ver al barquero que mientras le hablaba iba cargando cuerpos en su barca, no sin antes abrirles la boca y extraer las monedas que bajo la lengua  traía cada uno de ellos. Al aclararse su vista, el Titán se acercó al barquero, quien inmutable, continuaba su tarea de cargar  cadáveres a su barca-¿Acaso eres un alma que camina en pena? ¿Qué es lo que buscas aquí?

*-Busco a la niña que amo. La Muerte la trajo y he venido a arrebatársela.

-Eres un demente. Nadie puede quitar a la Muerte lo que  toma como propiedad.

*-¿Crees que vine hasta aquí para irme sin mí amada en brazos?

-Si tienes una moneda, te haré cruzar este charco pestilente y te llevaré a la morada de la Muerte, aunque te advierto que de allí no ha regresado nadie…

*-No poseo moneda alguna pero igual me llevarás al otro lado o empezaré a desatar mi ira contra ti, asqueroso carroñero.

Cruzaron las fangosas aguas esquivando los miles de cuerpos putrefactos que flotaban en ellas. Al llegar al otro lado no hubo despedidas. El barquero empezó a descargar su macabro flete y el Titán, en silencio, se encaminó a enfrentar a la Muerte.

El espectáculo era dantesco: cadáveres en estado de descomposición regados por doquier, cráneos y osamentas desparramadas a los pies de la gran Señora del fin de los fines. Ella era enorme; su tamaño y aspecto inspiraban pavor y el Titán no fue ajeno a la conmoción que infundía su magnificencia. A su alrededor aletearon vampíricas criaturas lanzando ensordecedores chillidos. Al estar frente a su mirada de cuencas vacías hizo retroceder al Titán un par de pasos. Un severo escalofrío recorrió su columna vertebral y algo muy cercano al pánico se apoderó de sus sentidos. Fue entonces cuando un haz de luz, proveniente de muy arriba, se abrió paso entre la oscuridad y la penumbra, posándose sobre la figura desnuda del gran hombre que por amor había llegado hasta allí para desafiar a la Muerte. El haz de luz dejó a la vista, sobre tules flotantes, el cuerpo de su amada ninfa en espera de que la dama de la guadaña sorbiera su esencia.

El Titán infló su pecho y lanzó un grito que retumbó por todo ese mundo subterráneo:

-¡Magdalenaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!- E intentó llegar a ella, mas la Muerte interpuso su pantorrilla derecha haciéndole tropezar y caer de bruces con tal violencia que el Titán quedó inconsciente.

La niña, al oír el grito, como volviendo de un profundo letargo, fue abriendo sus ojos lentamente, entonces pudo intuir la acción venidera…

La muerte estiró su brazo, alzó amenazante su enorme puño y descargó tremendo golpe contra el cuerpo del atrevido Titán. Se disponía a rematar al Titán que yacía a su merced...

En ese momento, la ninfa irrumpió de un salto interponiéndose entre el puño de la muerte y el inerte cuerpo del Titán. Entre sus delicadas manitas traía un par de plumas blancas y dirigiéndose a la Muerte dijo:

-¡No lo toques! Él Debía llegar hasta aquí para recuperar su inmortalidad. Ni él ni yo somos para ti…Vinimos porque escrito estaba-

Seguidamente sin quitar su desafiante  mirada de la vista de la Muerte, con inusitada energía clavó profundamente una pluma en cada omóplato haciendo manar dos borbotones de sangre de la espalda del Titán. Lo tomó de ambos brazos, y así, arrastrándolo, se fueron alejando…  

-Viniste hasta aquí por mí y estás a un paso de recuperar tus alas…-

La Muerte aun transita las tinieblas rumiando la desdicha de su fracaso.

Continúa...