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viernes, 25 de septiembre de 2026

EMBRIONES




Iustración y cuento de Oswaldo Mejía

(Derechos de autor, protegidos)




Aquella tarde ocurrió una seguidilla de acontecimientos que pasaban por ser presagios de malos augurios. El atardecer tiñó el cielo de rojo carmesí, cual si el ocaso estuviera desangrándose; luego las aguas se retiraron varios metros mar adentro, como si este tuviera temor de algo terrible que estaba por suceder. La noche cayó entre un zumbido perturbador que no se sabía de donde provenía, pero estaba presente en todo el ambiente. Gente de todos los lugares aledaños se fueron apostando cautelosamente en las riberas, llenos de curiosidad y temor. Fue entonces que de entre las arenas húmedas empezaron a emerger unos seres difíciles de distinguir en medio de la oscuridad; lo que sí resultaba notorio era el número, rápidamente se multiplicaban, en unos instantes coparon todo el litoral hasta donde la vista alcanzaba, y seguían saliendo más y más, parecía que las entrañas del subsuelo se habían desbocado pariendo de manera interminable estas raras criaturas. Los lugareños, un tanto aturdidos por el zumbido que acompañaba la dantesca escena, como si estuvieran siendo hipnotizados permanecían oteando estupefactos, haciéndose cada vez más visibles y vulnerables a cualquier posible hostilidad por parte de los recién llegados; quizás esa era la función efecto del zumbido que se esparcía en el espacio. De pronto, como si se tratara de una macabra coreografía, las criaturas alzaron sus brazos, lanzaron un gruñido ensordecedor, y amenazadores se lanzaron a la carrera contra los grupos de curiosos ubicados en las riberas. Solo unos cuantos lograron reaccionar y huir, los de las primeras líneas fueron alcanzados, despanzurrados, y rápidamente devorados. Las huestes infernarles tenían garras fuertes y filudas, así como mandíbulas dotadas de dientes aserrados, que desgarraban la carne y tendones con gran facilidad. Cuando alcanzaban a sus presas, empezaban mordisqueando los genitales y las partes blandas; aun con vida les devoraban las entrañas a sus víctimas, continuaban luego con los músculos y tendones hasta dejar solo las osamentas completamente descarnadas, entonces se lanzaban sobre una nueva víctima.

Las personas que lograron escapar de la primera embestida de la apocalíptica horda, corrían por sus vidas, y aunque no había comunicación oral, a su paso todos se alertaban y se unían a la huida aun sin saber de qué huían; era fácil leer y contagiarse del pánico de los huyentes. El dantesco enjambre solo se detenía unos instantes para devorar a cualquier ser vivo que tuviera sangre y carne, luego continuaban para atrapar la siguiente presa.

Conforme iban asolando y desolando aldeas y caseríos, también seguían creciendo en número; y es que esta especie de seres, todas eran hembras, y no requerían de machos para procrear; se reproducían por partenogénesis, eso les permitía parir y reproducirse mientras continuaban cazando.

El fenómeno de la repentina aparición de estos seres se había dado en todas las playas del mundo, era un fenómeno global, y en su avance hacia el interior de la parte continental iban acorralando a todos los seres vivos, haciendo inminente que sucumbieran a su voracidad. Cuando todos los frentes convergieron en los centros de las zonas continentales, detrás de ellos dejaban diezmado y aniquilado todo tipo de vida caminante, voladora o rastrera, excepto algunos insectos pequeños.

Ahora ya no quedaba nada que pudiera saciar la enorme voracidad de las infernales huestes. Frente a frente, se miraron a los ojos, lentamente fueron alzando los brazos; un alarido estentóreo, que se oyó por toda la faz del mundo; pues un calco de este evento se estaba dando en todos los puntos centrales de las zonas continentales. Entonces se desató el canibalismo, especie contra especie, raza contra raza; hermana contra hermana…La matanza en pro de la tragazón, Todos contra todos; la sangre inundando el suelo; alaridos amenazantes, gritos de dolor, ayes de agonía. Nadie se detenía, ataque y defensa. La muerte no cesaba de danzar de aquí para allá… Igualmente, la vida continuaba brotando.

Muchas de estas criaturas iban pariendo mientras atacaban y eran atacadas. Era tan insaciable su voracidad que, las madres alumbraban, y al instante devoraban a sus crías intentando evitar que las demás las despojaran de esos bocados.

Cada vez eran menos en pie; los campos iban quedando cubiertos únicamente por osamentas desnudas, y es que estos seres infernales no desperdiciaban nada, ni musculo, ni piel… hasta la sangre que caía era lamida del piso. La vida valía poco en ese contexto, un bocado de carne importaba más que exponer la existencia.

Cuando solo quedaron unas pocas, empezaron las persecuciones, muchas de ellas como actos suicidas. Literalmente morían por su desmedida glotonería.

Finalmente, las pocas sobrevivientes que quedaron, se guarecieron de manera solitaria en cavernas, o se retiraron hacia las montañas, pero lamentablemente sin oportunidad de sobrevivencia ni como individuos ni como especie. Si parían, se comerían a sus hijas. Su extinción estaba marcada como pronto; y con ello también se determinaba la extinción de la vida en el planeta…

Quizás los insectos desarrollarían más sensatez y evolucionarían a ser las nuevas especies dominantes de este mundo...






























sábado, 7 de mayo de 2022

PASOS ATRAS






Ilustración y poema de Oswaldo Mejía.


  (Derechos de autor, protegidos)



¡NO QUIERO VEEEEER!

Sopla el viento, necio es su poder.

Esferas de cristales, fluyen en tropel.

Si matan al talento, no quiero ver.

Si matan al talento, caerá el corcel.

El Rey es ciego y de cerdos su ley.

No sé a quién orar ¿Por qué lo voy a hacer?

Si matan al talento, no quiero ver.

Si matan al talento, caerá el corcel.

Mis alas han volado donde se muere la luz.

Lascivas mariposas, han hurtado el mar azul.

No quiero ver caer al corcel

vociferando:

¡EXISTOOOOOO!









viernes, 15 de abril de 2022

DE MIS DEDOS VOLVIERON A BROTAR LAGRIMAS ROJAS



Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía.


  (Derechos de autor, protegidos)




Jaurías de sombras pasean incesantes a mi alrededor, sin siquiera ostentar títulos de fantasmas; simplemente están allí, allá, aquí  y acá. Están por doquier, interrumpiendo mi agridulce pero acogedora soledad; como si se regocijaran en atraer hacia mis recuerdos de esas visiones del pasado, esas que me enrostran el diseño sobre el que se edificó mi desorden genético que los hombres de sayo blanco establecieron que sería mi fiel compañera… la que ellos denominaron “MI ENFERMEDAD”.

-¡Fuera! ¡Largo de aquí! ¡Fueraaaaaaaaaaaa! ¡No me muestren ese baúl que no deseo ver! ¡No lleven mi mirada hacia esos atardeceres de tonos naranjas y rojos! ¡No quiero más de eso! ¡Noooooooooo!

Estoy solo, como lobo de fauces negras mordisqueando inútilmente el viento… ¡Pero estoy! Mas, las jaurías de sombras que pasean incesantes a mi alrededor, persisten en alimentar al poeta maldito que teme otear su ayer, que no quiere tener ante sí más ocasos de tonos naranjas y rojos.

-¡Estoy solo, pero estoy aquí!









jueves, 14 de abril de 2022

REQUIEM DESDE ESTE LADO DE LA BOTELLA





Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía.


  (Derechos de autor, protegidos)




Cuando todo se mostraba oscuro; cuando mis dilatadas pupilas buscaban entre el desconcierto la presencia cálida de los amigos, estiré mis manos huérfanas hacia el vacío, esperando hallar quien rozara mis dedillos con esperanza. Las únicas respuestas fueron la gélida realidad que escarchaban mis ilusiones guardadas y el ácido...

-Será para otra oportunidad-

 ¡¡Bobos!!…Como si la vida permitiera bailar el mismo vals en dos ocasiones idénticas. Como si mañana pudiera volver a ser hoy a nuestro antojo… Como si el destino y el tiempo fueran a sentarse, aguardando a que se repita el día de tu onomástico número quince…

Cierro mi libro, este que contiene heridas, risas y llantos; emociones vividas a lo largo de toda una vida. Lo pongo contra mi pecho y voy en busca de quienes deseen degustar las golosinas luminosas que desde esta cajita mágica convido.

¡Hey tú! ¿Deseas probar mis caramelos envenenados con fantasía? ¿O lo dejamos para otra oportunidad…?



















miércoles, 13 de abril de 2022

SÓLO LOS POETAS MUEREN MIL VECES




Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía.


  (Derechos de autor, protegidos)


El cielo se teñía de rojo con el desangre del Sol que asistía a su rutinario morir diario. Espeluznante momento para los espíritus depresivos. Estoy convencido de que no hay nada peor que enfrentarse a la muerte durante la hora del ocaso... mala hora para la agonía.

La doncella  irrumpió en la escena. Trastabilló cayendo sobre su rodilla derecha, con su pierna izquierda, extendida instintivamente evitó caer de bruces. Sus brazos estaban atados entre sí tras su espalda, dejando expuestos en su desnudez sus florecientes senos. La muchedumbre observaba con muda ansiedad a la bella mujer, cuya piel nívea -tan blanca como las impertinentes nubes que se infiltran rasgando los presagios macabros- La esplendorosa figura de la fémina de rostro angelical se mantenía imponente, pese a que su mirada vacía exteriorizaba la cercanía de la muerte.

Quien alardeaba de ungido sacerdote, en un estado análogo al trance, con los ojos en blanco, parecía buscar respuestas entre los nimbos celestiales. Sujetando con ambas manos el filoso puñal de pedernal, lo elevó como solicitando el beneplácito del Dios Sol. A continuación, con su brazo izquierdo rodeó el cuello de la doncella, y con su mano derecha descargó una certera puñalada en su pecho. Luego, con habilidad de cirujano, extrajo ágilmente, de entre los senos de la Doncella, el corazón aún latente.

La multitud miraba atentamente cada acción de aquella macabra parafernalia. El ungido volvió a elevar sus brazos, esta vez con el corazón de la doncella en sus manos. Consumada la ofrenda para el agonizante Sol, el gentío allí presente, abrió desmesuradamente sus ojos, a la vez que un barullo general violentaba el silencio del crepúsculo. Fue en el preciso instante en que el corazón extirpado empezó a convulsionar entre las manos del sacerdote, y como si los estertores del corazón extraído se extendieran a las entrañas del mundo, el suelo tembló, el Sol dio un fogonazo y se apagó …¿Acaso el Dios Sol desaprobaba aquel sacrificio?

El ungido entró en pánico, los brazos le temblaban. Exponiendo su miedo, dejó caer al piso el corazón aún latente. La multitud, atónita, estaba momentáneamente incapacitada para emitir exclamación alguna. Sólo había cabida para el asombro y el pánico. Ante el mutismo reinante, la Doncella sacrificada levantó la cabeza, abrió los ojos y se irguió sobre sus rodillas, a la vez que sus ataduras caían liberando sus brazos, entonces recogió su corazón y por la herida en su pecho lo devolvió a sus entrañas. Se puso de pie y levitó hacia los cielos, perdiéndose en la negrura de los cielos.

Nunca más hubo días soleados...La oscuridad se encargó de ir devorando la vida en el mundo hasta extinguirla...Después todo volvería a empezar con una nueva raza.



















martes, 12 de abril de 2022

LYRICS





Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía.


  (Derechos de autor, protegidos)




Todo era muy extraño, muy ajeno, muy “nunca visto”; pero estaba allí, ante mi atenta mirada, reclamando que le de licencia para existir, afanándose por parecerme cotidiano… por pertenecerme. Era una deliciosa invitación a la locura y, difícilmente, quien transita por el estrecho sendero que limita entre la fantasía y la demencia, podría negarse a participar de ella.

Decenas de seres paridos por alguna mente delirante, que los concibió graciosamente deformes, danzaban, se contorsionaban, o simplemente caminaban haciendo muecas, pero siempre manteniendo la cadencia que dictaba aquella invasiva fanfarria que copaba la demencial escena. Era una coreografía alucinante, extraordinaria, exacta y saturada de colores.

Al fondo, había unas esferas de brillantes de variadas tonalidades, suspendidas por cuerdas, oscilando en diversas direcciones, y era tal la precisión que jamás chocaban entre ellas. Sobre estas, estaban montados unos seres con patas de chivo, sin cabeza y con los ojos en el centro del tórax. Brincaban acompasadamente de una a otra esfera. Un par de hermosas piernas femeninas, cada una independiente de la otra, se paseaban por el escenario haciendo gráciles y provocativas cabriolas. Un huevo rosado con patitas de madera, saltaba a la soga que agitaban, de un lado una mujer con cabeza de árbol y pies rematados en rueditas, y del otro lado un pez con cabeza de buitre. Los personajes aparecían y desaparecían de la escena, dando paso a otros de apariencia tanto o más descabellada.

De improviso, todos desaparecieron; se hizo un silencio muy denso, pero desde el  lado izquierdo fueron reapareciendo uno a uno en extensa hilera, jalando en común esfuerzo, unas andas rodantes con una caja negra que al llegar al punto central del escenario, hicieron girar, dejando ante mí su contenido: Un ángel alado de piernas y brazos mutilados que pese a la ausencia de ojos, pues su cabeza era un ovoide con una boca, supe que lloraba, realmente lo percibía ya que toda ella era un monumento a la tristeza.

El ángel comenzó a cantar en una lengua incomprensible, sin embargo yo intuí que le cantaba al amor. Todos, tanto los deformes del escenario como yo mismo -el único de la platea-, la escuchamos más que extasiados. Cuando culminó su interpretación, me puse de pie y subí al escenario, conmovido y con lágrimas que me nublaban los ojos. Abriéndome paso entre la multitud de deformes, al llegar hasta ella, me arrodille ante el anda, le agradecí por estimularme a enjuagar mis ojos y me acerqué a abrazarla. Ella, en respuesta, lamió mis mejillas y bebió de mis lágrimas.

-Canté para ti y quiero volver a hacerlo. Te espero mañana en otro de tus sueños, loco divino- Fue lo que escuche como despedida...










martes, 5 de abril de 2022

SCENARIO ENVOLVENTE




Ilustración y letras de Oswaldo Mejía.

  (Derechos de autor, protegidos)



La dulce Popea

Se metió en el calor.

No le atrae la juerga,

Lo hace por compartir su locura de amor

Globos grandes, tiernos, suaves.

A nadie le niega

Sus pechos de miel,

Y si cruza las piernas, te invita al placer.

¡Qué calor!










 

lunes, 4 de abril de 2022

ETERNIDAD PARA LOS AGUARDANTES



Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía.

  (Derechos de autor, protegidos)



Se espera, siempre se espera. Si caminas, esperas llegar a un lugar; si te detienes, esperas al tiempo pasar; si hablas, esperas ser escuchado; si callas, esperas que se respete tu silencio; si vives, esperas vivir más; si vas a morir, esperas que sea pronto y que no duela.

Se espera, siempre se espera…

Este rostro se veló con caretas horribles, con máscaras angelicales; algunas eran cabezas de animales, otras de niños sonrientes, y también las hubo de bebés lloriqueando ¿Qué importa cuál fuere la careta de turno si siempre estuve esperando? Estos ojillos tras las cuencas de cualquiera de las caretas, siempre miraban en un rango de derecha a izquierda y viceversa, esperando, angustiados, el ataque artero, el mal momento por venir.

Se espera, siempre se espera…

Hoy guardé mi colección de caretas, quería que vieras este rostro sin veladuras, quería que juntos soñáramos el mismo sueño, y fuiste complaciente. Sorbí el almíbar de tus entrañas y estuve dentro de ti. Ahora, esta imborrable sonrisa, sólo espera su perennidad ante ti…

Se espera, siempre se espera, pero ahora, mientras esperamos, reímos juntos la misma risa.



















jueves, 31 de marzo de 2022

ANUNCIACIÓN DEL NACIMIENTO DE LA TORRE






Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía.

 (Derechos de autor, protegidos)

 




El arquitecto alado descendió desdoblado, unísono y paralelo, hacia los dos lados de la gran cicatriz. Los cielos aún estaban oscuros y bajo ellos, vientos desordenados continuaban su caótico ir y venir.

Aquí las pruebas no tienen fin. Mucho antes de ser concebido, su carrera hubo empezado. Su alma depresiva continúa montada en aquella gallina gorda que de manera constante da giros sin ningún destino. Mientras, inútilmente la pelambrera del gato intenta abrigar sus helados pies desnudos.

Alexandra la loca lo dijo: “Si dejas que los depredadores huelan tus heridas, pues vendrán a devorarte”… Y hoy, esas bestias se regocijan mordisqueando sus carnes, aunque a él no le importe, pues la mariposa rosada sigue revoloteando entre sus cabellos… ¡Estúpido inmaculado!

- Voy volando hacia ti, depresión mía. Tenemos una cita ineludible con la posteridad.

Luego, el silencio… sólo el silencio… sólo silencio…



















ALBOROTO ENTRE PÉTALOS DESHOJADOS




Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía.

 (Derechos de autor, protegidos)


 




En la vera del camino a Edenlar, se erigía una solitaria y encantadora casita deshabitada, cuya posesión era ambicionada por cuanto caminante pasaba por el lugar.

La casa era pequeña pero espigada. Sus tejados, en tonos amarillos y ámbar, aspiraban a competir con el brillo del Sol. Cada resquicio de sus níveas y tersas paredes eran una tentación al palpo, mas nadie las podía tocar, una energía magnética los rechazaba violentamente. La casa tenía tres puertas visibles, tres puertas ofreciendo acogedora tibieza al visitante escogido, pero este, no llegaba. El tiempo transcurría… y el visitante no llegaba. Muchos peregrinos, procedentes de los cuatro puntos cardinales, llegaban hasta los umbrales trayendo consigo ofrendas, ilusiones y palabras mágicas, pero ninguna de las puertas se abría, nadie pudo saborear la tersura y tibieza de sus paredes.

Aquella mañana de Septiembre, el viento del Noroeste, trajo consigo a un empolvado andante de cabellos alborotados, hasta los portales de la hermosa casita. Sus pasos enérgicos se contradecían con la dulzura de su mirada, profunda y llena de tristeza. Como por encanto, las puertas se abrieron de par en par, en señal de bienvenida… ¡Él era el visitante escogido! Sólo él pudo acariciar las paredes de la casita e ingresar a su antojo, indistintamente, por las tres puertas, llenando con su esencia las entrañas de la hermosa casita que por tanto tiempo permaneció deshabitada.

Esta historia me la contó entre sueños, si mal no recuerdo, un señor de apellido Freud.








jueves, 10 de marzo de 2022

RODARON LAS IDEAS DEL BAUTISTA




Ilustración y poema de Oswaldo Mejía.

 (Derechos de autor, protegidos)








Guardianes descarados

Alardean con su voz.

El rebaño esgrime “haches”

Loas a su redentor.

Las lenguas lamerán,

El soberano eructará.

La diferencia es melodía…

¡Cierren puertas los de atrás!

¡Cierren puertas los de atrás!

 

Son cantos de sirena,

Son mentiras desde afuera.

Sólo huecos al vacío…

¡Cierren puertas los de atrás!

¡Cierren puertas los de atrás!

El pregón es la locura…

¡Cierren puertas los de atrás!

¡Cierren puertas los de atrás! 










DANZA NIBELUNGA





Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía.

 (Derechos de autor, protegidos)






Aún tengo en mi paladar el sabor áspero de aquel platillo que nunca pudimos preparar, pues los ingredientes quedaban muy distantes, mas, si también es tu deseo, hoy bailaremos desnudos sobre la mesa que ya se cansó de esperar por el mantel largo que sólo serviría para restregar nuestros hociquitos. Quiero ponerme de pie y llevarte en brazos mientras canto a tu oído esa canción en sensual francés, que nos recuerda un futuro. Si desafino u olvido la letra... ¿Tú querrás aplaudirme niña mía, o partirás el pastel de cumpleaños sin que hallemos nuestras extraviadas corduras?

Los sueños no tienen manos, y aún así son capaces de acariciar.










miércoles, 9 de marzo de 2022

DIALOGO CON LA LOCURA




Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía.

 (Derechos de autor, protegidos)






Tu despertar fue aquí, en esta burbuja bendita donde la Ataraxia es dádiva, la ausencia de temores y necesidades se da por defecto. Puedes estar de cabeza y estás cómodo. La temperatura siempre es la ideal y tu alimento fluye por naturaleza… ¿Acaso es la sucursal del idealizado Cielo?

Han transcurrido treinta y seis periodos de siete días y de pronto tu paz se quiebra; todo vira hacia el caos. La burbuja que te contuvo ahora se estremece en violentas contracciones que estrujan tu ser: -¡Te presento al Dolor!- El espacio mismo te aprieta; no comprendes el afán de esa fuerza por desalojarte de tu Cielo.

Sumado al empuje que te está desalojando, otra fuerza proveniente del exterior sujeta firmemente tu cabecita y tira de ella con violencia, como si quisiera arrancarla de tu cuerpecillo. Ahora estás en un mundo nuevo; quizás frío, quizás caliente, pero indudablemente cruel, doloroso, hostil. No puedes respirar. Por primera vez te hallas cara a cara con la muerte: -¡Te presento al pánico!- No entiendes porqué te hiciste merecedor a padecer esto.

Un golpe seco, con inusitada violencia se estrella contra tus nalgas. El dolor es intenso, aunque sirvió para desbloquear tu respiración. Estas jadeando, respiras sin ritmo; tu pecho, tu cabeza, tu alma misma parece querer estallar. Se te hace obsesivamente necesario el recuerdo de tu burbuja, la anhelas, extrañas su tibieza y su aroma ¡Si. Necesitas su aroma! Pero te están alejando de su ansiado olor; más lejos, cada vez más lejos: -¡Te presento a la soledad! Al abandono que aprieta, hiere y mata.

Es demasiado sufrimiento junto, es una tortura in crescendo que no cesa, deseas desaparecer, que todo culmine: -¡Te presento a la locura!- Ella será el mecanismo de defensa al que podrás recurrir cada vez que debas enfrentar lo insoportable.

¡Esto es la vida! ¡Acabas de nacer, maldito Demente!