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La charla no era amena, era
cautivadora; en ella se desmenuzaba arte, filosofía, pasión por la vida, y
cultura humana. En algunos momentos la tertulia se tornaba en dilatados
monólogos sobre tesis, teorías, y atrevidas elucubraciones, una delicia de
pensamientos hechos locuacidad lúcida. El artista conocido como el Maestro comandaba
la tertulia sin desatender los retoques de aerografiado que con sutileza iba
agregando a su obra. El otro invitado también era un artista visual empírico,
sin la más mínima preparación académica, pero lo necesariamente intuitivo que
requiere el oficio de director de teatro y artista multifacético. El tercer
invitado a la charla era director de un colegio experimental dedicado a la
enseñanza escolarizada primaria y secundaria, de alumnos con severos problemas
conductuales, casi todos provenientes de familias disfuncionales. Los tres contertulios,
quizá con poco reconocimiento popular a sus talentos (Aunque la fama no es
sinónimo de capacidad)
En un momento de pausa, el silencio
se vio interrumpido por la palabra de Percy Leandro, el director emprendedor
-Maestro, en unos días, empiezan las clases en mi colegio, y me encantaría
tenerlo a usted como parte del staff de profesores-
Detenidos los retoques a la pintura
en proceso, vino la respuesta – Discúlpeme amigo mío, pero ya no tengo el menor
ánimo para dar clases de artes a escolares…-
La réplica fue inmediata – No
Maestro. Pienso usar el arte, únicamente como pretexto; lo que en realidad yo
deseo de usted en mi colegio, es su palabra. No lo quiero dictando clases de
arte, sino, dando lecciones de vida, como hoy nos las ha dado a nosotros en
esta tertulia-
El Maestro sentenció – Si usted me
permite autonomía en la temática y los métodos, tenemos un trato-
Apasionado del estudio del
comportamiento humano, el Maestro ahora tenía a su disposición un laboratorio
lleno de niños y adolescentes antisociales (entre varones y mujeres), a quienes
debía intentar ayudar con su verbo, sus buenos ejemplos, y también sus malos
actos, que servirían de testimonios sobre su casi inquebrantable resiliencia y
moral.
Primer día de clases. Presentación
del profesorado. A diferencia de los demás profesores, el Maestro y Don Julio
Barreto, el profesor de teatro iban vestidos únicamente con camisa y pantalón,
sin saco ni corbata (El propósito era mostrarse a la manada como parte de la
manada, la jerarquía de “Alfas “se la conferiría el conocimiento y la sapiencia,
no el buen vestir)
Aprovechando que aún no había clases
regulares, el Maestro pasó visitando las aulas, charlando con los alumnos,
sonsacándoles información, engatusándoles con “interrogatorios sin preguntas” (Muchos
de esos jóvenes eran ya, unos “duros” en la calle, pero el Maestro también
había caminado la calle, y sabía mucho de ella)
Era la 7:30 pm. Hora de salida; un
día fructífero. El Maestro ya tenía un perfil de casi todos los cuatrocientos
treinta alumnos; había identificado plenamente ladrones, drogadictos,
onanistas, gays, maniacos depresivos, ninfómanas, antisociales y asociales,
suicidas potenciales. Etc. Ahora el Maestro podría interactuar con el alumnado,
y acceder a un trato personalizado cuando el caso lo requiriera.
Al inicio, cuando el Maestro le
colocaba la mano sobre el hombro o intentaba acariciarles la cabeza a sus
alumnos, la común reacción en ellos, era un inmediato acto reflejo de ponerse a
la defensiva (Era evidente que no estaban acostumbrados a ser acariciados). Eso
fue variando rápidamente, conforme los chicos fueron reconociendo que el
Maestro era uno de ellos, con más conocimiento, y que estaba allí para
ayudarles…
El profesor de teatro, también iba
consiguiendo sus logros por su parte. Su sapiencia y carisma atraían cada vez
más adeptos a su curso. Su éxito se evidenciaba en los casos de los alumnos que
por primera vez subían al escenario (Muchos al subir eran unos totales
desesperanzados, pero al bajar, ya eran unos “iniciados” con mucho que hablar
sobre su emprendimiento)
Ahora el colegio había dejado de ser
un simple lugar de emisión de aburridos cursos académicos, para convertirse en
un bullente escenario de reinserción, motivación, e inclusión. Se montaba obras
teatrales en espacios públicos, con elencos mixtos, entre actores de oficio del Taller de teatro Vangeluz y
los actores noveles del colegio (Un pequeño colegio experimental se daba el
lujo de desbordar arte, cultura y entretenimiento a la comunidad)
Entre los muros del recinto escolar,
el Maestro enseñaba a crear imágenes y literatura; promovía conversatorios,
leía a los jóvenes aleccionadores capítulos de su novela autobiográfica, y
luego los exponía a la opinión de sus alumnos. Muchos de sus métodos eran inspirados
en la enseñanza holística de la antigua Grecia (Aprender jugando y conversando)
Los cursos académicos tradicionales
continuaban en sus cánones establecidos por las normas magisteriales. El cambio
se estaba dando en el trato de humanidades y la exaltación del espíritu de esos
jovenzuelos a punto de caer al fango; era urgente
hacerlo, o muchos de ellos se perderían para siempre.
Así como se repartía empatía,
simpatía, comprensión y buena onda; así mismo había situaciones en que se
debían dar correctivos con severidad (A veces se requería de hablarles a los
chicos en el idioma de la calle, la lengua que, para ellos, por ahora, aún les
era más familiar)
En una de sus lecciones el Maestro
improvisa, y propone a sus alumnos
de cuarto año de secundaria a realizar una frase, un escrito, un dibujo o una
pintura muy libre que los identificara, una obra sencilla que hablara en
directo o en metáfora de lo que era cada uno de ellos. Todos se pusieron manos
a la obra rodeandose de hojas de papel, lapices de colores, plumones
multicolores y barras de plastilina, y a pensar en un concepto. Aun no
terminaba el grupo de alistar los previos, cuando uno de los alumnos, que había
sujetado dos plumones y garabateado un par de líneas paralelas en una hoja de
papel; se puso de pie diciendo -¡¡Profe’, ya terminé!!- Era evidente su
intención de mofarse del Maestro. Este recibío la hoja de papel con las yemas
de sus dedos indice y pulgar, echó un
vistazo al concepto trazado, alzó su
mano y aflojó la presión de sus dedos dejando caer la hoja planeando lentamente
(Todos los alumnos, conociendo al Maestro, intuían una sabia lección, y la
aguardaban en silencio)
*-¿Sabes porqué no te recibo
esa basura?...¡Porque te respeto como
ser humano! Porque me niego a creer que seas la mierda que intentas decirme que
eres con estas líneas en tu hoja de
papel. Si deseas irte de la clase…¡Vete¡ Pero no actúes como un imbecil. No me defraudes por favor-
En otra ocasión, el joven
profesor de educación física bajó un tanto asustado y comentó que un alumno de
tercer año lo había empujado con ambas manos por el torax, a la vez que
amenazante le decía -¡Yo soy Carlos! Conoceme bien- El Maestro al oir esto,
subió al segundo piso, y al instante bajó con el tal Carlos, tomado por el
cuello, y de un empujón lo hizo ingresar al salón de profesores.
*-¡¡Oyeme imbecil!! Acabas de
tocar y retar a un profesor, y por si no lo sabías, aquí los profesores son
sagrados; y tú “Carlos”, no eres más que una reverenda mierda. El profesor es
un “Señor” digno, que se tomó el trabajo de estudiar para facultarse y poder enseñarles cosas a ustedes y así luchar
por mantener a su familia; a diferencia tuya “Gran Carlos”, que eres un
mantenido y malagradecido, que en vez de aprovechar los estudios que el colegio
te brinda y tus padres te costean,
vienes a hacerte el matón ¡¡Empújame
a mi, Carlos!! ¡¡Réteme señor carlos!!- Carlos,
solo se limitó a lloriquear y pedir disculpas -
*-Tu falta es muy grave. Mañana deberás venir con tus
padres, o no podrás ingresar a clases…Necesito hablar con ellos-
A la mañana siguiente Carlos
llegó al colegio acompañado por su madre. El Maestro la puso al tanto de todo
lo acontecido con su hijo el día anterior, iniciando el diálogo:
*-¿…Y el padre? ¿Porqué no
vino?
-No lo sé, estamos separados.
Él tiene otros hijos y otras obligaciones.
*-Entiendo…Carlos vive solo
con usted.
-No profesor. Yo tengo otro
marido, y Carlos se me hace incontrolable, por eso lo envié con su padre.
*-Debo entender que Carlos, su propio hijo, le
estorbaba. Prefirió usted ser hembra antes que madre ¿Ha notado usted que su
hijo jamás sonríe?
-No, no me había dado cuenta,
él siempre está en sus cosas, casi ni me habla…
*-¿Qué es lo que siente usted por Carlos?
-Siento cariño, lo quiero, es
mi hijo.
*-Son solo palabras, eso no
le sirve de mucho al muchacho ¿Sabía que Carlos es un drogadicto
potencial?
-Si sé que el el barrio fuma
PBC. con sus amigos.
-A usted no parece importarle
mucho eso
*-Un último favor ¿Puede
decirle a su “ex” que necesito hablar
urgente con él, sobre Carlos? …Ayudeme a ayudar a su hijo.
El padre de Carlos no asistió
nunca a la invitación.
A los pocos meses falleció el
director y se tuvo que cerrar el colegio.
… Una manada más a la deriva
en las calles.














