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martes, 12 de mayo de 2026

SORORITAS AETERNA




Iustración y cuento de Oswaldo Mejía

(Derechos de autor, protegidos)




Era mediados de los maravillosos años 70s. Todo lo difícil lo resolvíamos de manera fácil, y lo fácil se nos tornaba difícil. Empezábamos a hablar de extraterrestres, teorías conspirativas, contracultura, predicas anticlericales, y nos íbamos haciendo contestatarios a las políticas y los órdenes establecidos. Éramos una generación de jóvenes rebeldes convencidos de que podríamos cambiar el mundo, con flores, amor libre y rock & roll.

¿Cuándo la conocí, y cuándo empezamos a recorrer juntos los polvorientos caminos de nuestro terruño? Se me hace difuso en el espacio-tiempo-recuerdo. Debió ocurrir como un acto mágico, algo fortuito que de pronto ocurrió, y listo.

Angiolina, a quien siempre llamé Angie, era una hermosa criatura con todos los atributos físicos para ser considerada una chica linda. Su gracia latina mezclada con sus rasgos europeos la exponían fácilmente a la curiosidad pública, pues era evidente que no encajaba en el contexto que habitábamos, se notaba que no pertenecía al lugar, pero por azares del destino, estaba allí. Su atractivo físico y encanto se hacían notar por donde pasaba; los jóvenes se enamoraban fácilmente, y también había muchos varones adultos suspirando al verla pasar.

Coincidimos en estudiar en la misma escuela secundaria, por lo que nos veíamos a menudo. En esas circunstancias, en algún momento hicimos un pacto de hermandad (A veces pienso que, en su sapiencia juvenil, Angiolina me conminó a este juramento para evitar algún desborde de mi libido) Debo alegar que siempre estuve tentado de mandar al demonio esa promesa e intentar cometer incesto con mi hermana postiza, pero la adoro tanto que sería incapaz de dañarla, o siquiera contrariarla.

Vagar con Angie era algo aparentemente inútil, aunque, lo digo yo, el charlar entre ambos, siempre derivaba, en una prolífica fabricación de mundos, personajes, e historias fantásticas y delirantes. Vale decir, que muchos de nuestros senderos los recorríamos consumiendo uno que otro porrito de marihuana…tampoco éramos viciosos.

¿Que los cerditos no vuelan? Eso resulta una mentira monumental. Una amiga en común, tenía unos kilos demás, y nosotros con mucho cariño, la identificábamos como una hermosa cerdita; pero no era una cerdita cualquiera; si fumaba porros con nosotros, entonces era una cerdita voladora:

<Las cerditas voladoras eran una rara especie de marranas que solo despegaban del suelo durante sus etapas de apareamiento; en esos trances, se embadurnaban con varias capas de maquillaje, se pintaban los ojos y labios, y se llenaban de pendientes y aretes las orejitas para hacerse más atractivas a los machos; entonces emprendían vuelo, y desde arriba oteaban en qué lugar había concentraciones de marranos machos, para descender y provocarles…Por alguna extraña razón, nuestra cerdita amiga, pasada la etapa de celo, siempre volvía a nosotros virgen e inmaculada…>

Angie y yo teníamos suerte, pues entre nuestra pobreza económica y nuestras carencias nos topábamos con personajes y realidades sensibles a ser reescritas en sus contextos. Unas cuantas veces nos cruzamos con un tipo de una delgadez en extremo, muy inspiradora para nuestra imaginación:

<Ese flaquito es tan flaquito que se viste con manguera. Tiene cuatro o cinco trozos de manguera de diferentes colores. Se viste con un trozo de manguera, cuando este se ensucia, se lo quita, escoge otra manguerita de otro color, y listo, ya cambió de ropa. Siempre que nos topábamos con él, a hurtadillas y en voz baja, hacíamos esta alusión y sonreíamos…>

Otro de nuestros personajes recreados era el Muerto Javier. Él ya tenía ese apodo cuando lo conocimos, y entre nuestras fantasiosas realidades inventadas lo asumimos como si realmente fuese un cadáver andante:

<Con nuestra amiga la cerdita voladora, Angie y yo solíamos visitar algunas noches al Muerto. Tocábamos su puerta y al unísono pronunciábamos su nombre, él siempre respondía de inmediato, pero tardaba en salir. Nosotros cuchicheábamos que se demoraba, pues no debería resultarle fácil ocultar su ataúd. Al recibirnos era muy amable, creo que le parecíamos divertidos, pues siempre nos esperaba con porritos y nos daba licencia para encender su televisor, voltearlo y poner la pantalla contra la pared, bajarle totalmente el volumen y poner rock & roll en el tocadiscos. Esa mezcla de las luces de la pantalla del televisor rebotando en la pared, la música en el tocadiscos, y la acción de pitar los porritos, nos sumergía en un alucinante trance psicodélico. Cuando nos despedíamos, nosotros murmurábamos burlonamente “descansa en paz” …>

El ogro era otro personaje que llegó a nosotros ya con ese apodo. Era un vendedor de marihuana al menudeo:

<El ogro era un enorme afro descendiente, físicamente muy mal parecido; no es que tuviera alguna malformación. Siempre llevaba un rostro de mal humorado, diríamos que era feo por vocación, realmente tenía el aspecto de un ogro, mas, nos estimaba y nos proveía gratuitamente de mariguana. Nosotros también lo apreciábamos, pero claro está que evitábamos interactuar con él en público; socialmente, hay status de belleza y status de fealdad realmente irreconciliables…>

Como pueden notar, al parecer la vida de Angie y la mía transcurrían paralelamente como estúpidas formas de perder el tiempo; pero esa impresión es errónea, Angie y yo éramos amantes del surrealismo y la fantasía, y el re contextuar a nuestros personajes escogidos era un tipo de ejercicio que al menos a mí, me sirvió de mucho para desarrollarme como escritor y artista plástico (¡Gracias a todos aquellos que, queriendo o sin querer, fueron o son un ingrediente a mi inspiración!).

La vida continuó su curso. Angie y yo compartiendo y departiendo risas y fantasía siempre que se podía, y luego retornando a la crudeza de nuestra realidad miserable y copada de carencias. Por allí nos llegamos a dar un par de inocentes besitos, sin que ello significara compromiso sentimental alguno. Éramos hermanos, y punto.

Transcurrían los diez y seis años de edad de Angie, cuando un día, ella se presentó a mi puerta; luego de los afectuosos saludos, nos sentamos en una grada que había a la entrada de mi casa, y ella con su carita compungida me contó:

-He conocido a un hombre un poco mayor que nosotros, con una buena posición económica, y desea matrimoniarse conmigo… ¿Tú qué me aconsejas? –

Ella requería el consejo de un hermano, y yo debía aconsejar como hermano. Entonces dije:

**- ¿Deseas hallar tu plenitud o deseas tener dinero? –

-Solo deseo salir de esta mierda…-






















sábado, 9 de mayo de 2026

CAMINOS LABERINTOSOS




Iustración y cuento de Oswaldo Mejía

(Derechos de autor, protegidos)




Hace mucho tiempo suelo hacerlo. Desde el suicidio de mi hermano me quedó el reflejo de la disposición a hacerlo cada vez que se presentaba la ocasión. Una de las secuelas que me dejó esa tragedia fraterna, fue un sentimiento de culpa, que me aqueja por no haber sido capaz de socorrerlo cuando él más lo necesitaba. Ello me empuja a reaccionar para intentar evitar que otros seres humanos vivan dramas similares… Así me convertí en un “Comedor de pecados”.

No soy un Maestro en estos menesteres, solo soy un aprendiz, pero he acumulado suficiente conocimiento como para aliviar algunos pecados de los que acuden a mí por ayuda.

Esto funciona así:

<<El afligido acude con su pesar, en busca del ”Comedor de pecados”, que hasta ese momento está en paz. El afligido narra al ”Comedor de pecados” el motivo de su aflicción. El ”Comedor de pecados” va escuchando atentamente, y va involucrándose en el problema del afligido para ser lo más acertado posible al momento de emitir su consejo. Su consejo dará alivio y sosiego al antes afligido y ahora este se irá desahogado y con su carga superada, mientras el ”Comedor de pecados”, ahora se queda lleno con una aflicción completamente ajena.>>

Existen varios trucos y protocolos que ayudan al ”Comedor de pecados” a superar esas cargas y sus secuelas: Beber cerveza caliente para auto inducirse a eructar; a vomitar; o defecar; esas acciones suelen liberar la carga psicológica y emotiva…

Esta historia ocurrió hace algunos años, y ha sido uno de los casos más difíciles y dramáticos que he asistido.

Una buena amiga de Facebook, seguidora de mis publicaciones de arte surreal, me escribió por chat. Serían aproximadamente las ocho de la noche…

-Hermanito hay algo muy intimo que deseo contarte. Algo me indica que puedo confiar en ti.

-Empezaré por decirte que tengo sesenta y nueve años, tengo un hijo de treinta y tres años, que es arquitecto. Mis días transcurrían en paz, entre una vida económicamente solvente, además poseía varias propiedades inmuebles en pleno centro de Buenos Aires.

-Hace algunos años, mi hijo trajo a un colega contemporáneo, de visita por unos días; tiempo suficiente para que hiciéramos una gran amistad, y hasta hiciéramos planes para construir una enorme y vanguardista playa de estacionamiento en un gran terreno que yo tenía en el centro de la ciudad.

-Debido a nuestros ahora planes en común, la estadía del amigo de mi hijo en casa, fue prolongándose.

-Casi sin darnos cuenta, el amigo de mi hijo y yo, pronto nos vimos envueltos en una relación sentimental.

**…Pero tú le doblas la edad…No creo que haya sido buena la idea, pero es tu opción…

-Al inicio, el me encaró que mejor olvidáramos esa relación, pues él se sentía incomodo de ser pobre, y tener que actuar como dependiente absoluto de mi dinero. Yo que ya estaba perdidamente enamorada, le ofrecí el manejo y administración de todos mis bienes. Él, inicialmente se resistió, pero ante mis insistencias, aceptó. Le di el poder de manejar mi vida.

*Voy avizorando que fuiste de error en error…

-Por varios años fui muy feliz a su lado, hasta que el año pasado noté en él una baja en su interés, comenzó a ausentarse cada vez más seguido, y nuestra comunicación fue limitándose a lo estrictamente cotidiano… Hasta que unos meses atrás, él me dijo que ya no se sentía bien a mi lado, y que había decidido irse de casa. Yo le pedí explicaciones llorando, pero sin darme razones, cargó con sus maletas, que ya las tenía listas, abordó el auto que con mi dinero compró, y se fue…

**Vaya vaya, ocurrió lo que por defecto tenía que ocurrir. Lo siento amiga. Creo que ya ni vale la pena llorar…Es un hecho que, por los detalles, desde el inicio ya tenía un final anunciado.

-Esta noche, a partir de la medianoche, cumpliré mi onomástico setenta, y las leyes aquí en Argentina declaran como inimputable de cualquier delito a quien fuere, a partir de los setenta años. Entiende esto. A partir de esta noche estoy facultada para matar a ese desgraciado, y no sufrir consecuencias. Con lo que me ha hecho, me ha matado en vida. Yo voy a matarlo realmente; lo destriparé. Tengo planeado al detalle su final; esparciré sus tripas por todo el vecindario, y me bañaré toda con su mugrosa sangre.

**Cálmate amiga. Estás llevando esto demasiado lejos ¡No sigas hermana! Si ya te jodió la vida ¿Encima quieres condenar tu alma a cargar con su muerte?

-Tengo el cuchillo entre mis manos. Siento que debo ir a buscarlo ahora mismo. No debo fallar. Siento aquí a mi diestra al maldito acusándome. Ahora él guía mis manos y se está apoderando de mi voluntad ¡¡No puedo dar marcha atrás!! ¡¡Me ordena que vaya a matarlo ahora mismo!!

-¡¡Es el mismo demonio en persona quien me empuja a matar!! ¡¡Hermanoooo!! ¡¡Hermanitooo!! ¡¡No me dejes sola con él!!

Era muy pasada la medianoche; llevábamos muchas horas en ese trance. Ni siquiera sabía a qué me enfrentaba, y a cada minuto empeoraba todo. De muy buena gana hubiera apagado el ordenador y me hubiera largado a dormir, pero mis principios, mis reflejos y mis recuerdos me impedían abandonar a alguien en esas circunstancias…

-¡¡Hermanito!! ¡No quiero condenar a mi alma con semejante pecado, pero el Demonio guía mis actos y me está obligando a matar! ¡¡No te vayas!! ¡No me dejes sola!

**No me iré, confía en mí ¡No te dejes vencer! ¡¡Rezaaaa!! Sea cual sea tu Dios ¡¡Rezaaaaaa!!

No sabía si se trataba de un caso de auto sugestión, un cuadro esquizofrénico, o realmente se trataba de un acto de posesión diabólica. Definitivamente, creo que no estaba facultado para manejar ninguno de estos casos…si apenas era un aprendiz de ”Comedor de pecados”. Pero no estaba dispuesto a aceptar mi derrota, ni siquiera ante el mismo Satanás.

Ya era un poco más de las cuatro de la madrugada, y nuestra comunicación continuaba en el mismo tenor. Debió ser por ser por el agotamiento físico y mental, que poco a nuestras palabras se hicieron menos dramáticas y más distanciadas, hasta que debí caer vencido por el sueño, un sueño plagado de sangrientas pesadillas. De allí estuve varios días agotado, con dolores articulares, lleno de ansiedad, y con terribles pesadillas.

A al cabo de unos días, mi amiga me escribió agradeciéndome mi apoyo, y me dijo que estaba pasando por un periodo de mucha paz …Y yo, psíquica, física, y emocionalmente, con mi vida hecha un caos.










 


























sábado, 11 de abril de 2026

DEMIURGO Y EL CORO DE HABICHUELAS



Iustración y prosa de Oswaldo Mejía

(Derechos de autor, protegidos)




Fuimos modelados cual muñequitos en barro. Nada especial. Éramos parte de un experimento; si el experimento fracasaba, solo habría sido un tiempo desperdiciado. El mundo ya estaba hecho, conjuntamente con todos sus elementos. No hubo ni pizca de empatía en el proceso de nuestra creación. Simplemente, éramos necesarios para ejecutar las arduas, peligrosas y denigrantes labores que nuestros diseñadores se resistían a cumplir. Nos necesitaban para explotarnos.

Cuando nuestros diseñadores terminaron su misión en este planeta, y debieron retornar a los cielos, se ocuparon con mucho énfasis de dejar elites de sacerdotes escogidos entre nosotros los nativos; todos ellos con la consigna de pregonar la gran mentira que, entre los venidos del cielo, al mando había un Dios todo poderoso y todo amor, y que en un futuro retornaría a regalarnos la vida eterna. Fueron específicos y minuciosos al dejar los protocolos y encomiendas de culto a la falsa divinidad.

Sus sequitos de sacerdotes y cardenales corruptos y conspiradores se afanan en engañarnos que, Desde su lugar de origen, este Dios farsante, nos ve y vigila nuestro comportamiento. Nos imponen dogmas absurdos. Si no obedecemos o no cumplimos sus preceptos, nos amenazan con  que este Dios poderoso, soberbio, celoso, bipolar y vengativo, se ensañará con nosotros enviándonos plagas, diluvios, terremotos, y todo tipo de calamidades. Sospechosamente, este Dios todo amor y todo poderoso, se esmera al enviar castigos y cataclismos, pero jamás hemos visto que envíe comida para los hambrientos devotos que le claman por un poco de piedad…

Actualmente somos muchos y cada vez somos más los muñequitos de barro convencidos de la falsa divinidad de este Dios farsante y sus sequitos de sacerdotes y cardenales cómplices.

-Ojalá estos mis ojos lleguen a ver la caída de tu iglesia. -

-¡Maldito Dios! ¡Aquí estoy esperando tu arrepentimiento por todo el daño que nos has hecho! -


 


























jueves, 2 de abril de 2026

VUELO DE TORTOLITAS





Ilustración y cuento de Oswaldo Mejía.


  (Derechos de autor, protegidos)



El destartalado autito azul, marca Willis dormía el sueño que duermen las maquinarias u objetos que llegan a la etapa de chatarra. Su sueño solo se veía interrumpido por las veces en que, acompañado de algún o algunos amigos subíamos a inventarnos realidades en las que éramos viajeros, por carreteras y caminos sin fin; entonces le dábamos renovada vida al autito azul, aunque en un plano diferente a este.

Yo tenía nueve años de edad, y una precoz mente repleta de fantasías. Solía leer cuentos e historias fantásticas. Mi padre era un tipo muy letrado, por ello siempre hubo en casa un espacio repleto de libros conteniendo narraciones de viajes y aventuras alrededor de mil mundos.

Chloe, mi prima, era mayor que yo por tres años. Siempre que había reuniones, nos juntábamos y jugábamos; nos teníamos mucho afecto, y nos resultaba divertido compartir momentos. Creo que, debido a mi corta edad, jamás había notado siquiera, que éramos de diferente género. Solíamos fantasear y reíamos con nuestras ocurrencias; una pareja de cómplices entre nuestro mundo de juego y fantasías.

Ese día, en mí, nada presagiaba que fuese diferente. Como todos los sábados, llegaron las visitas. Con Chloe nos saludamos con un abrazo y brotes de risas. Mis tíos y tías se saludaban con mis padres, mientras iban buscando asiento en algún lugar cómodo desde donde atender y participar de la tertulia y el chismorreo familiar.

Yo tenía varias series de muñequitos de plástico, entre militares, indios pieles rojas, y animales, que había distribuido entre un gran montículo de arena que quedó de remanente de alguna remodelación en el fondo de la casa. Ciertamente, no había un contexto lógico para juntar soldaditos, indios y animalitos, pero en mi mente, si tenía cabida una realidad discordante más.  

Apenas llegó Chloe, la invité a ver como había escenografiado el montículo de arena, y explicarle como se moverían unos y otros muñequitos en el juego. Desde el inicio noté que ella no tenía interés por mi juego. -Mejor vamos a jugar en el auto- Me dijo. Yo, diligente, acepté su propuesta, y nos dirigimos al viejo Willis.

-Jugaremos al papá y la mamá- La idea no me sorprendió, solo que jamás había jugado ese juego, y no tenía ni la menor idea de que se trataba, pero estaba dispuesto a seguirle la corriente…

Con mucha naturalidad, Chloe levantó su falda, se quitó la braguita, y se tendió boca abajo sobre el asiento trasero, mostrándome sus nalgas y piernas desnudas. Ahora sí estaba en shock, quieto, sin poder articular palabra alguna. Mirar a mi prima desnuda estaba creando un nuevo orden de conceptos, y a mi me estaba costando mucho trabajo procesarlos.

- ¡Bájate el pantalón y súbete sobre mí! …Así hacen los papás con las mamás. – Sus palabras retumbaban en mi cabeza. Estaba muy confundido, pero obedecía. Cuando sentí mi piel rozando la tersura de la de ella, la sensación fue más que perturbadora; ella era tan suave al tacto. Conforme me fui depositando sobre su cuerpo, vi su hermoso rostro ansioso, y su boca de labios carnosos entreabierta me sentí despertando en otra realidad. Acababa de descubrir que mi prima era la niña más linda del mundo. Era una preciosa criatura delgada, y piernilarga; con ojos de cierva color caramelo, y cabellos en bucles color azabache. En pocas palabras… una muñeca encantadora.

Cuando estuve completamente posicionado sobre ella, pude oler su cabello y su oreja derecha, y descubrí que su aroma era delicado, embriagador, delicioso. Creo que, para ese momento, ya estaba perdidamente enamorado de mi prima.

No sé si hubo erección, no tenía ninguna experiencia, pero sí estoy seguro que, si la hubo, mi intuición me decía que no estuve a la altura de las circunstancias. Nos meneamos un poco, pero fue breve. Chloe de levantó, se colocó su braguita y bajó del viejo Willis sin mediar palabra.

Luego de aquel día, nuestras charlas se hicieron cortas y esporádicas… y yo sufriendo sin poder descifrar qué había ocurrido, porque había cambiado todo.

A sugerencia de otro primo, empezamos a ir al cine, a las matinales de Capulina. Allí, yo disfrutaba verla sonreír, le hablaba al oído para olerla, y simulando casualidad le rozaba las manos y las piernas con mis dedos; pero nunca tuve el valor de hablarle sobre mi tema sentimental.

Cuando tuve doce años leí en un libro que, si se daban relaciones entre familiares directos, el resultado serían hijos tarados; seguí indagando el tema, y otros libros eran más crueles, afirmaban que los hijos saldrían con rostro de simio; otro libro más fantástico, aseveraba que los bebés nacerían con cola de cerdo. No sé si les creí a esos libros, pero me aferré a lo que decían como motivación para quitarme de la mente la idealización hacia Chloe.

Años después ella se casó, y al año siguiente también me casé yo. Con esos acontecimientos, todo indicaba que el tema del romance entre mi prima Chloe y yo, quedaba definitivamente zanjado.

Contaba yo con treinta y ocho anos de edad, cuando para la noche del fin de semana mi esposa organizó una parrillada familiar e invitó a mi familia, entre ellos a mi prima Chloe y a su esposo. Mi prima se presentó con un vestido beige sin mangas, largo hasta los talones; tenía el porte de una Reina y el encanto de un ángel. Después de los saludos, todos empezamos a libar, comer, reír, algunos bailaban El lugar tenía poca iluminación. Yo estaba sentado en una grada de una escalera, y el esposo de Chloe se sentó a mi derecha. Y desde allí nos reíamos de las ocurrencias que se daban en la reunión. Minutos después se nos acercó Chloe y se paró a mi lado izquierdo rozando constantemente su muslo contra mi hombro. Yo deslicé mi mano izquierda hasta tocar sus pies, y empecé a acariciarlos con devoción; mi cuerpo temblaba y sudaba. Al notar que mis avances tenían la aceptación de mi prima, me atreví a escalar por debajo de la falda hacia las canillas y las pantorrillas. El riego adrenalínico que causaban nuestros lances, más, el hacerlo disimuladamente, pero en público, estaba a tope; así llegué a los muslos, a las nalgas, y a las regiones más íntimas…era una delicia sentir como se estremecía el cuerpo de Chloe bajo mis toqueteos.

Vinieron otras primas, le dijeron algo y se la llevaron…

Hace unas semanas cumplí ochenta y tres años; una enfermedad degenerativa me impide mover brazos y piernas con autonomía, por lo que valiéndome de prótesis y otros artificios me refugio en la virtualidad como creador de contenidos desde mi computador.

 Hace unos meses atrás reencontré a Chloe en una red social, y hablamos.

*-Hola mi adorada prima-

-Hola querido primito-

*-Que gusto saber de ti…siempre fuiste mi amor platónico. ¡Siempre estuve perdidamente enamorado de ti! –

- ¿Qué me estás diciendo primito?... Nunca me hablaste de esto-

*-Decírtelo antes hubiera sido dañino para nosotros, y creo que también para otros. Hoy te lo digo sin propuesta alguna. Ahora solo sirve para liberarme de un sentimiento callado toda una vida-

- Primito, estoy llorando por ti y por mi …-

















sábado, 28 de febrero de 2026

IN MEMORIAM





Ilustración y cuento de Oswaldo Mejía.


  (Derechos de autor, protegidos)



Alejandrito era un tipo muy especial en la comarca; un hombre joven, físicamente muy regordete… contextura nada común entre la gente de la comuna; tenía un rostro de niño siempre sonriente. No era muy vivaz ni acomedido, es más, era un retrasado mental cuyos sentidos, casi exclusivamente reaccionaban al instinto de comer. Pero por no tener padres ni familiares, despertaba tiernos sentimientos de adopción en la gente de la comunidad. Nunca faltaba quien tuviera un plato de comida para invitarle, aunque el apetito de Alejandrito siempre permanecía insatisfecho.

La vida en la comunidad era repetitiva; una seguidilla de ciclos idénticos, durante los meses del estío, el total de los comuneros se dedicaban casi exclusivamente al pastoreo y al cultivo. Era de extrema prioridad sembrar, cosechar, acopiar y guardar alimentos para sobrevivir a los largos meses invernales.

Este año, las cosechas habían sido muy benévolas y abundantes. Los graneros estaban rebosantes de trigo y maíz. La comunidad tendría alimento suficiente para afrontar el invierno que se avecinaba.

Lamentablemente la vida es así, cuando todo te sonríe, ella no tarda en presentarte un “pero”. En este caso fue el descubrimiento de que los graneros estaban siendo sistemáticamente vulnerados. Los comuneros se reunieron, discutieron, elucubraron y teorizaron sobre quien o quienes eran los ladrones de sus provisiones…La idea que gozaba de más aceptación era que se trataba de una invasión ratas. Con la supuesta identificación de la supuesta plaga, ahora faltaba definir las estrategias para hacerles frente y combatirlas.

Las ratas son roedores muy intuitivos; si alguna muere entre sus correrías, las demás identifican el veneno o el entrampamiento, y ya ninguna cae en el engaño. Además, entre los comuneros, la mayoría no apostaba por el envenenamiento, pues era factible que las ratas, en su andar, extendieran la contaminación del veneno por el total de la cosecha, echando a perder todas las provisiones.

El problema parecía insalvable, hasta que apareció Don Enrique, uno de esos que siempre parecen tener solución a todo, con una propuesta por la cual aseguraba bajo juramento que ya la había puesto en práctica con absoluto éxito en el anterior pueblo donde vivió. Don Enrique se mostró tan convincente, que todos salieron de la asamblea comunal persuadidos de estar ante la solución. La idea era combinar mezclando una parte de yeso cerámico con una parte de queso añejo, seco, y rallado, y colocarlo en platitos en lugares de fácil acceso, para atraer visualmente y también olfativamente con el olor del queso rallado, a las ratas.

Al día siguiente, dos emisarios fueron a la ciudad con la consigna de comprar tres o cuatro talegas de yeso en alguno de los talleres de cerámica o escultura; el queso añejo sería donado por cada hogar de la comunidad.

Cuando retornaron los emisarios, todos muy diligentes en la comunidad, se pusieron a rallar los trozos de queso y a mezclar los elementos, tal como lo establecía la formula. Una vez listo el menjunje, distribuyeron puñados en una veintena de platitos que fueron diseminados por los tres graneros comunales.

A la mañana siguiente los graneros amanecieron atestados de curiosos. Era evidente que los graneros habían sido visitados durante la noche, pues había rastros de granos por el piso, y casi todos los platillos con la formula anti roedores habían sido degustados hasta devorarlos por completo…sospechosamente, no había cadáveres de las ratas.

La explicación del diseñador del artilugio, fue que efectivamente había que esperar unos días para ver los verdaderos resultados, que en eso radicaba la efectividad de la formula. Las ratas que la comían tardaban en morir, y por defecto morían lejos del lugar, así las ratas no sospechaban, y una y otra seguían comiendo la formula.

Nuevamente a llenar los platitos con puñaditos del anti ratas, y todos a dormir con la credulidad renovada en las palabras de Don Enrique. La rutina se hizo repetitiva; curiosos atestando los graneros por las mañanas, platillos vacíos de la ración del desratizante, y todos a llenar nuevamente los platitos con la formula.

A los pocos días, los comuneros ya casi habían perdido el interés en los resultados del proyecto de desratización. Solo unos pocos, más por obligación, asistían a renovar las raciones de puñaditos de la formula desratizante, en los platitos.

La rutina se vería quebrada por un acontecimiento, por demás conmovedor. Dos mujeres vinieron del fondo de la quebrada, a la carrera, gritando y lloriqueando -¡¡Alejandro está muerto!! ¡¡El gordito Alejandro está muerto!!-

El escenario era el patio de la cabaña asignada a Alejandro. Efectivamente, el cuerpo del susodicho yacía tumbado boca arriba, con los brazos abiertos en cruz. Una multitud de curiosos lagrimeando, todos sinceramente dolidos entrecruzaban teorías sobre que podía haber causado el deceso.

-Pero si ayer lo vi tan bien…- -Debió ser el corazón, estaba demasiado subido de peso- -Quizás le pico algún bicho venenoso- -era muy buenito- -¡¡Te vamos a extrañar Alejandrito!!-

La autopsia ayudaría a esclarecer el motivo del fallecimiento del querido Alejandrito. Don Anastasio, quien, al no haber médico en la comuna, como él era el encargado de destazar los animales designados para alimento, pues también tendría que fungir como forense. Tirado el cadáver de Alejandrito sobre una improvisada mesa, fue abierto por el abdomen, delante de todos los curiosos. Un poco era el interés por qué le había ocurrido a Alejandrito, y bastante también era el morbo por ver cómo era por dentro.

Apenas Don Anastasio cortó y abrió el voluminoso abdomen de Alejandrito, el estupor se apoderó de todos los presentes. El recto, los intestinos, y gran parte del estómago estaban rellenos de yeso fraguado y unos pocos granos de maíz, trigo y mucosidades. Esto había provocado un estreñimiento total, múltiples infecciones, y deshidratación severa. El cuadro clínico que se esperaba ver en las ratas, lo estaban viendo en el cadáver de Alejandrito

<<El queso seco rallado combinado con el yeso cerámico, atraería a las ratas, estas al comer el menjunje, y al mezclarse con su saliva, sus jugos gástricos, y su humedad corporal, el yeso cerámico entraría en proceso de fraguado o endurecimiento, obstruyendo varios sistemas, la excreción de heces y residuos, haciendo colapsar al organismo>>.

Nunca hubo ratas asaltando los graneros. Los granos sustraídos furtivamente fueron inocente obra de la gula de Alejandrito, él comió el contenido de los platitos con la formula desratizante, y sufrió el fin destinado a la supuesta plaga de ratas.

Nadie acusó directamente a Don Enrique del fallecimiento de Alejandrito, pero muchos guardaban ese dedo acusador en su interior; el mismo Don Enrique jamás pudo superar ese sentimiento de culpa…



























lunes, 16 de febrero de 2026

CORNUCOPIA




Ilustración y cuento de Oswaldo Mejía.


  (Derechos de autor, protegidos)



Las pisadas de sus pies desnudos eran casi imperceptibles entre el silencio de la noche. Ambos parecían levitar. Cubiertos por los harapos que arrastraban bajo la luz del plenilunio, ambos portaban un aspecto casi fantasmal. Sus pasos denotaban cansancio, pero, aun así, demostraban premura; era evidente que venían huyendo de algo o de alguien.

Cuando llegaron a la entrada de la caverna que servía de habitáculo al anciano ermitaño, este suspendió su meditación a oscuras, encendió una tea y, luego de reconocer al viejo varón que fungía de guía, invitó a la pareja a pasar a sus aposentos, mas este se rehusó a pasar -No debo detenerme más de lo necesario…solo lo justo para contarte quién es el ser que vengo acompañando. –

-Ella es un ángel nacida del vientre humano de una virgen inmaculada- Y descubriéndole del albornoz que ocultaba su rostro, dijo -¡¡Mírala!! Es sumamente bella; más, notarás que no tiene boca. La diseñaron así para salvaguardarla de la tentación de caer en el pecado de la mentira. Ella debe permanecer libre de todo pecado; solo así podrá regar sus dádivas y poderes por los senderos que recorra en este mundo-

-Debes saber que cualquier humano que ose ver su desnudez sufrirá terribles consecuencias… Su belleza no es humana, y ningún humano es digno de verla-

-Quiero pedirte que te quedes con ella, y cuides de ella. Mi plan es que quienes nos persiguen sigan mi rastro creyendo que aún seguimos juntos. Cuando me den alcance, ya todo habrá quedado muy distante-

*-Pierde cuidado viejo amigo. Yo me haré cargo de ella-

Los días trascurrieron como por defecto transcurren los días en unas cavernas en medio del árido e interminable desierto. Mas, de pronto todo varió. Aquella mañana, el anciano ermitaño al asomarse a la entrada de su gruta, sintió sobre su rostro una suave y agradable brisa húmeda. Extrañado, salió a fisgonear de qué se trataba el fenómeno. Una vez afuera, pudo darse cuenta que por acción de un hecho milagroso, allí, en medio de la aridez del desierto, de pronto había aparecido un manantial echando continuos borbotones de cristalina agua. Este portentoso acontecimiento atraería vida a aquellos inhóspitos parajes.

Haciendo cuenco con sus manos, el anciano recogió un poco de agua, bebió unos sorbos, enjuagó su rostro con sus manos húmedas, y retorno al interior de su gruta.

Hubiera sido inútil hacer preguntas, El ángel no tenía boca con qué dar respuestas. Pero era fácil deducir que ella tenía que ver con la causa del agua brotando allá afuera. Resultaba evidente que se trataba de un milagro, y en aquellos parajes, solo ella podía tener connotaciones milagrosas.

A la mañana siguiente, el manantial había dado forma a un oasis; un enorme charco rodeado de flores, helechos y árboles frutales en crecimiento. La aridez del lugar había virado a bullente en vida. El anciano ermitaño estaba extasiado con los acontecimientos, se sentía henchido de gracia divina.

Pasaron los días, y el estanque se llenó de peces; los árboles frutales florecían y ofrecían sus frutos.

El anciano ermitaño pronto pudo dilucidar el recorrido del misterio. Durante la noche, entre penumbras vio la figura del ángel dirigiéndose a la entrada, su silueta invitaba a deducir que iba completamente desnuda, por lo que el viejo ermitaño se abstuvo de espiar más allá.

<<Así era: Cada noche, el ángel salía completamente desnuda, quizás era el aroma de su delicada piel la que daba inicio al poder milagroso de fertilizar vida. Los frutos, los peces se reproducían a su paso, y las aves empezaron a ser atraídas por el mágico lugar en medio de sus rutas migratorias.>>

Poco a poco, el oasis fue atrayendo viajeros que se detenían a reabastecer provisiones. Lamentablemente fue quizás este reverdecimiento del lugar, el que a su vez delató la presencia del ángel.

Una noche, en que, como de costumbre, al amparo de las tinieblas, el ángel salió desnuda a motivar a la tierra a producir y reproducir vida. A hurtadillas un cuarteto de soldados saltó sobre ella, cubrieron su desnudez con mantas de pies a cabeza, y cual si fuese un fardo se la llevaron a caballo.

Con carácter de urgencia, el séquito llevó su angelical presa a los reales aposentos del tirano usurpador Juan de Abascal “El Necio”, quien llevaba una eternidad esperando atraparla para sí…

-Ven aquí donde pueda verte- Resonó la voz de “Juan El Necio”.

El ángel, lentamente fue abandonando las penumbras, exponiendo su cuerpo desnudo a la luz de las teas, ante la ansiosa mirada de “Juan El Necio”. Fue tal la excitación sexual de este al ver la belleza desnuda del ángel que, por combustión espontanea empezó a calcinársele el bajo vientre. Resultó tan alta la temperatura ígnea alcanzada, que en segundos convirtió en cenizas toda la capacidad toráxica, incluido el soporte óseo del tirano. Así como empezó así de pronto se extinguió el fuego, sin afectar el cuello y cabeza, que se desprendieron y cayeron al piso. Los brazos, también intactos, cayeron sobre el sillón donde estuvo sentado el tirano. Inexplicablemente, el sillón tampoco había sido afectado por el fuego y la altísima temperatura que allí se generó.

Sin inmutarse, el ángel continuó su caminata, alcanzando la entrada de la recamara; allí, a unos pasos, hallábase atado a una valla estable, el corcel de quien fuera “Juan El Necio”.

Con mucha calma, el ángel se aupó al caballo. Mientras en los interiores del lugar, los escoltas del tirano acababan de descubrir el macabro fin de su líder, elucubrando de inmediato, que la causante de su muerte debía ser el ángel. Rápidamente salieron en búsqueda de la sospechosa, y la hallaron de espaldas, montada en el caballo. Haciendo uso de sus arcos, simultáneamente, todos dispararon una andanada de flechas contra la espalda del ángel, hiriéndole mortalmente en los pulmones y corazón. Por reflejo, el caballo, emprendió la carrera llevando a cuestas a su jinete herida mortalmente; mientras, por haber visto la desnudez del ángel, los arqueros cayeron presas de terribles ardores en los ojos, hasta que se les calcinaron los globos oculares.

Como si el caballo supiera la ruta de destino, a trote bajo, condujo el cuerpo inerte del ángel hasta la entrada de la gruta del anciano ermitaño en las riberas del oasis. Cuando el anciano se percató de los hechos, se apresuró a cubrir el cadáver del ángel, evitando mirar su desnudez, y limitándose a llorar desconsoladamente.

Escogió un lugar en la orilla del oasis, y allí sepultó a la angelical criatura.

En el lugar donde fue enterrada el ángel desarrolló un gigantesco y misterioso árbol, cuya base del tronco superaba la medida de un estadio. En muchos aspectos era un árbol extremadamente muy extraño. Sus copas eran tan altas que arañaban las nubes, y en sus diversos niveles de altura daba diferentes frutos. ¡Un mismo árbol, del cual brotaban frutos diferentes! ¡¡Sí!!

Los viajeros que pasaban por el mágico lugar, hallaban agua cristalina, frutos y hortalizas variadas para comer, peces, refugio, cobijo y leña para entibiar las frías noches y cocinar. Más nadie volvió a escuchar nada sobre esta historia ni a saber de ninguno de sus protagonistas.