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lunes, 6 de julio de 2026

FRENTE A FRENTE SIN REGLAS





Iustración y cuento de Oswaldo Mejía

(Derechos de autor, protegidos)




Si hay un bicho cuya sola presencia me provoca repulsión extrema y pánico, esa es la cucaracha. Desde su nombre ya me motiva asco y fobia.

Empezaré por contarles que, debido a una enfermedad degenerativa, solo me es posible caminar con la ayuda de un andador ortopédico. Y bueno, una mañana cualquiera, estaba yo en pantaloncillos cortos y descalzo, sentado en mi sillón de descanso, viendo en la televisión uno de esos estúpidos programas que uno ve, pero jamás mira. Fue entonces cuando desde la cocina ingreso un soberbio ejemplar de asquerosa cucaracha, fornida, robusta, y de reluciente caparazón. En comparación conmigo, vaya que era una diminuta alimaña, pero ya les he comentado la repulsión que en mi provocan estos asquerosos insectos.

Un rápido paneo de inspección a la habitación donde estaba yo, y se quedó mirándome fijamente. Sus ojos se veían fieros y cargados de odio ¡Sí! Estoy seguro. Ese bicho me estaba odiando. Con determinación giró con dirección a mí, y empezó a caminar amenazante. Yo me moría de miedo, y tenía desechada la idea de darle un pisotón. Estaba descalzo, ni pensar en aplastarla con mis pies desnudos. Hubiera querido salir huyendo a la carrera, pero obviamente eso me era imposible.

Mirándome fijamente con sus ojillos de ente maligno, el bicho siguió viniendo hacia mí. Era evidente que había olfateado mi miedo, y se regocijaba intimidándome.

Cuando estuvo cerca de mis pies, claramente sentí que rozó con sus antenas el dedo gordo de mi pie derecho. Cerré mis ojos apretadamente y solo atiné a hacer aspavientos con los brazos y patalear como un poseído.

Me detuve por cansancio, entonces recién abrí los ojos y miré entre mis pies. La cucaracha o cucaracho, tenía ambos ojos morados por hematomas; sangraba profusamente por la nariz; le faltaban dos dientes, y tenía el labio inferior literalmente reventado… Menuda pateadura que le había propinado. Pero ni eso lo había desanimado, el bicho continuaba amenazante. Tuve miedo y pánico; temí su venganza…

Desesperadamente miré a todos lados buscado una forma de escapar, una ayuda. No muy lejos de mi mano derecha vi algo ¡¡Eureka!! ¡¡Allí estaba!! ¡Un pote en spray de BLACK FLAG RAID! Lo anunciaban como la muerte segura para cualquier bicho. Aseguraban que era tan extraordinario que, si se lo rociabas en la cara, podrías matar un elefante. Envalentonado, tomé entre mis manos el spray, apunte a la cucaracha, y le vacié todo el contenido, para asegurarme de no tener que volver a lidiar con aquel repugnante insecto.

Pero, para mi desgracia, en unos instantes, cuando se disipó la nube provocada por el spray, pude ver, que la acción del cucarachicida había sido inútil. El bicharraco seguía con vida, y a modo de mofa, levantó su pata derecha delantera, y con la izquierda se rascó la axila, como diciéndome que mi sobrevalorado spray, para él, era como un desodorante…

Ahora sí estaba en problemas. Cucaracha y yo, frente a frente. Yo sudaba frío y temblaba de miedo, cuando miré mi mano derecha, y vi que tenía una alternativa…

Con el pote del spray le pegué un soberano porrazo sobre el lomo; un fuerte crujido de exoesqueleto reventado, y solo quedó un amasijo de patas, alas, antenas, y vísceras descuajeringadas.

BLACK FLAG RAID, muerte segura para las cucarachas…

























2 comentarios:

  1. Ante tan espectacular y real narrativa
    podría decir que sentí la presencia de aquel abominable bicho en mis pies, saludos hermano mío ,

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