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Si hay un bicho cuya sola presencia
me provoca repulsión extrema y pánico, esa es la cucaracha. Desde su nombre ya
me motiva asco y fobia.
Empezaré por contarles que, debido a
una enfermedad degenerativa, solo me es posible caminar con la ayuda de un
andador ortopédico. Y bueno, una mañana cualquiera, estaba yo en pantaloncillos
cortos y descalzo, sentado en mi sillón de descanso, viendo en la televisión
uno de esos estúpidos programas que uno ve, pero jamás mira. Fue entonces cuando
desde la cocina ingreso un soberbio ejemplar de asquerosa cucaracha, fornida,
robusta, y de reluciente caparazón. En comparación conmigo, vaya que era una
diminuta alimaña, pero ya les he comentado la repulsión que en mi provocan
estos asquerosos insectos.
Un rápido paneo de inspección a la
habitación donde estaba yo, y se quedó mirándome fijamente. Sus ojos se veían
fieros y cargados de odio ¡Sí! Estoy seguro. Ese bicho me estaba odiando. Con
determinación giró con dirección a mí, y empezó a caminar amenazante. Yo me
moría de miedo, y tenía desechada la idea de darle un pisotón. Estaba descalzo,
ni pensar en aplastarla con mis pies desnudos. Hubiera querido salir huyendo a
la carrera, pero obviamente eso me era imposible.
Mirándome fijamente con sus ojillos
de ente maligno, el bicho siguió viniendo hacia mí. Era evidente que había
olfateado mi miedo, y se regocijaba intimidándome.
Cuando estuvo cerca de mis pies,
claramente sentí que rozó con sus antenas el dedo gordo de mi pie derecho.
Cerré mis ojos apretadamente y solo atiné a hacer aspavientos con los brazos y patalear
como un poseído.
Me detuve por cansancio, entonces
recién abrí los ojos y miré entre mis pies. La cucaracha o cucaracho, tenía
ambos ojos morados por hematomas; sangraba profusamente por la nariz; le
faltaban dos dientes, y tenía el labio inferior literalmente reventado… Menuda
pateadura que le había propinado. Pero ni eso lo había desanimado, el bicho
continuaba amenazante. Tuve miedo y pánico; temí su venganza…
Desesperadamente miré a todos lados
buscado una forma de escapar, una ayuda. No muy lejos de mi mano derecha vi
algo ¡¡Eureka!! ¡¡Allí estaba!! ¡Un pote en spray de BLACK FLAG RAID! Lo anunciaban como la muerte segura
para cualquier bicho. Aseguraban que era tan extraordinario que, si se lo
rociabas en la cara, podrías matar un elefante. Envalentonado, tomé entre mis
manos el spray, apunte a la cucaracha, y le vacié todo el contenido, para
asegurarme de no tener que volver a lidiar con aquel repugnante insecto.
Pero, para mi desgracia, en unos
instantes, cuando se disipó la nube provocada por el spray, pude ver, que la
acción del cucarachicida había sido inútil. El bicharraco seguía con vida, y a
modo de mofa, levantó su pata derecha delantera, y con la izquierda se rascó la
axila, como diciéndome que mi sobrevalorado spray, para él, era como un
desodorante…
Ahora sí estaba en problemas.
Cucaracha y yo, frente a frente. Yo sudaba frío y temblaba de miedo, cuando
miré mi mano derecha, y vi que tenía una alternativa…
Con el pote del spray le pegué un
soberano porrazo sobre el lomo; un fuerte crujido de exoesqueleto reventado, y
solo quedó un amasijo de patas, alas, antenas, y vísceras descuajeringadas.
BLACK FLAG RAID, muerte segura para
las cucarachas…



Ante tan espectacular y real narrativa
ResponderEliminarpodría decir que sentí la presencia de aquel abominable bicho en mis pies, saludos hermano mío ,
GRACIAS POR ACOMPAÑARME MANITA HERMOSA. TE ADOROOOO!!
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