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Fuimos modelados cual muñequitos de barro. Nada especial.
Éramos parte de un experimento; si el experimento fracasaba, solo habría sido
un tiempo perdido. El mundo ya estaba hecho, conjuntamente con todos sus
elementos. No hubo ni pizca de empatía en el proceso de nuestra creación. Simplemente,
éramos necesarios para ejecutar las arduas, peligrosas y denigrantes labores
que nuestros diseñadores se resistían a cumplir. Nos necesitaban para
explotarnos.
Cuando nuestros diseñadores terminaron su misión en este
planeta, y debieron retornar a los cielos, se ocuparon con mucho énfasis de dejar
elites de sacerdotes escogidos entre nosotros los nativos, todos ellos con la
consigna de pregonar la gran mentira que, entre los venidos del cielo, al mando
había un Dios poderoso y todo amor y que en un futuro retornaría a regalarnos
la vida eterna. Dejaron protocolos y encomiendas de culto a la falsa divinidad.
Sus sequitos de sacerdotes y cardenales corruptos y
conspiradores nos engañan que, Desde su lugar de origen, este Dios farsante, nos
ve y controla nuestro comportamiento. Si no obedecemos o no cumplimos sus
preceptos, nos amenazan sus voceros que este Dios poderoso, soberbio, celoso,
bipolar y vengativo, nos impondrá castigos como plagas, diluvios, terremotos, y
todo tipo de calamidades. Sospechosamente, este Dios todo amor y todo poderoso,
se esmera al enviar castigos y cataclismos, pero jamás hemos visto que envíe
comida para los hambrientos que le claman por un poco de piedad…
Actualmente somos muchos y cada vez somos más los muñequitos
de barro convencidos de la falsa divinidad de este Dios farsante y sus sequitos
de sacerdotes y cardenales cómplices.
-Ojalá estos mis ojos lleguen a ver la caída de tu iglesia.
-
-¡Maldito Dios! ¡Aquí estoy esperando tu arrepentimiento
por todo el daño que nos has hecho! -



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