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sábado, 11 de abril de 2026

DEMIURGO Y EL CORO DE HABICHUELAS



Iustración y prosa de Oswaldo Mejía

(Derechos de autor, protegidos)




Fuimos modelados cual muñequitos de barro. Nada especial. Éramos parte de un experimento; si el experimento fracasaba, solo habría sido un tiempo perdido. El mundo ya estaba hecho, conjuntamente con todos sus elementos. No hubo ni pizca de empatía en el proceso de nuestra creación. Simplemente, éramos necesarios para ejecutar las arduas, peligrosas y denigrantes labores que nuestros diseñadores se resistían a cumplir. Nos necesitaban para explotarnos.

Cuando nuestros diseñadores terminaron su misión en este planeta, y debieron retornar a los cielos, se ocuparon con mucho énfasis de dejar elites de sacerdotes escogidos entre nosotros los nativos, todos ellos con la consigna de pregonar la gran mentira que, entre los venidos del cielo, al mando había un Dios poderoso y todo amor y que en un futuro retornaría a regalarnos la vida eterna. Dejaron protocolos y encomiendas de culto a la falsa divinidad.

Sus sequitos de sacerdotes y cardenales corruptos y conspiradores nos engañan que, Desde su lugar de origen, este Dios farsante, nos ve y controla nuestro comportamiento. Si no obedecemos o no cumplimos sus preceptos, nos amenazan sus voceros que este Dios poderoso, soberbio, celoso, bipolar y vengativo, nos impondrá castigos como plagas, diluvios, terremotos, y todo tipo de calamidades. Sospechosamente, este Dios todo amor y todo poderoso, se esmera al enviar castigos y cataclismos, pero jamás hemos visto que envíe comida para los hambrientos que le claman por un poco de piedad…

Actualmente somos muchos y cada vez somos más los muñequitos de barro convencidos de la falsa divinidad de este Dios farsante y sus sequitos de sacerdotes y cardenales cómplices.

-Ojalá estos mis ojos lleguen a ver la caída de tu iglesia. -

-¡Maldito Dios! ¡Aquí estoy esperando tu arrepentimiento por todo el daño que nos has hecho! -


 


























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