El destartalado autito azul, marca Willis dormía el sueño
que duermen las maquinarias u objetos que llegan a la etapa de chatarra. Su
sueño solo se veía interrumpido por las veces en que, acompañado de algún o
algunos amigos subíamos a inventarnos realidades en las que éramos viajeros,
por carreteras y caminos sin fin; entonces le dábamos renovada vida al autito
azul, aunque en un plano diferente a este.
Yo tenía nueve años de edad, y una precoz mente repleta de
fantasías. Solía leer cuentos e historias fantásticas. Mi padre era un tipo muy
letrado, por ello siempre hubo en casa un espacio repleto de libros conteniendo
narraciones de viajes y aventuras alrededor de mil mundos.
Chloe, mi prima, era mayor que yo por tres años. Siempre que
había reuniones, nos juntábamos y jugábamos; nos teníamos mucho afecto, y nos
resultaba divertido compartir momentos. Creo que, debido a mi corta edad, jamás
había notado siquiera, que éramos de diferente género. Solíamos fantasear y
reíamos con nuestras ocurrencias; una pareja de cómplices entre nuestro mundo
de juego y fantasías.
Ese día, en mí, nada presagiaba que fuese diferente. Como
todos los sábados, llegaron las visitas. Con Chloe nos saludamos con un abrazo
y brotes de risas. Mis tíos y tías se saludaban con mis padres, mientras iban
buscando asiento en algún lugar cómodo desde donde atender y participar de la
tertulia y el chismorreo familiar.
Yo tenía varias series de muñequitos de plástico, entre
militares, indios pieles rojas, y animales, que había distribuido entre un gran
montículo de arena que quedó de remanente de alguna remodelación en el fondo de
la casa. Ciertamente, no había un contexto lógico para juntar soldaditos,
indios y animalitos, pero en mi mente, si tenía cabida una realidad discordante
más.
Apenas llegó Chloe, la invité a ver como había
escenografiado el montículo de arena, y explicarle como se moverían unos y
otros muñequitos en el juego. Desde el inicio noté que ella no tenía interés
por mi juego. -Mejor vamos a jugar en el auto- Me dijo. Yo, diligente,
acepté su propuesta, y nos dirigimos al viejo Willis.
-Jugaremos al papá y la mamá- La idea no me
sorprendió, solo que jamás había jugado ese juego, y no tenía ni la menor idea
de que se trataba, pero estaba dispuesto a seguirle la corriente…
Con mucha naturalidad, Chloe levantó su falda, se quitó la
braguita, y se tendió boca abajo sobre el asiento trasero, mostrándome sus
nalgas y piernas desnudas. Ahora sí estaba en shock, quieto, sin poder
articular palabra alguna. Mirar a mi prima desnuda estaba creando un nuevo
orden de conceptos, y a mi me estaba costando mucho trabajo procesarlos.
- ¡Bájate el pantalón y súbete sobre mí! …Así hacen los
papás con las mamás. – Sus palabras retumbaban en mi cabeza. Estaba muy
confundido, pero obedecía. Cuando sentí mi piel rozando la tersura de la de
ella, la sensación fue más que perturbadora; ella era tan suave al tacto.
Conforme me fui depositando sobre su cuerpo, vi su hermoso rostro ansioso, y su
boca de labios carnosos entreabierta me sentí despertando en otra realidad.
Acababa de descubrir que mi prima era la niña más linda del mundo. Era una preciosa
criatura delgada, y piernilarga; con ojos de cierva color caramelo, y cabellos
en bucles color azabache. En pocas palabras… una muñeca encantadora.
Cuando estuve completamente posicionado sobre ella, pude
oler su cabello y su oreja derecha, y descubrí que su aroma era delicado,
embriagador, delicioso. Creo que, para ese momento, ya estaba perdidamente
enamorado de mi prima.
No sé si hubo erección, no tenía ninguna experiencia, pero
sí estoy seguro que, si la hubo, mi intuición me decía que no estuve a la
altura de las circunstancias. Nos meneamos un poco, pero fue breve. Chloe de
levantó, se colocó su braguita y bajó del viejo Willis sin mediar palabra.
Luego de aquel día, nuestras charlas se hicieron cortas y
esporádicas… y yo sufriendo sin poder descifrar qué había ocurrido, porque
había cambiado todo.
A sugerencia de otro primo, empezamos a ir al cine, a las
matinales de Capulina. Allí, yo disfrutaba verla sonreír, le hablaba al oído
para olerla, y simulando casualidad le rozaba las manos y las piernas con mis
dedos; pero nunca tuve el valor de hablarle sobre mi tema sentimental.
Cuando tuve doce años leí en un libro que, si se daban
relaciones entre familiares directos, el resultado serían hijos tarados; seguí
indagando el tema, y otros libros eran más crueles, afirmaban que los hijos
saldrían con rostro de simio; otro libro más fantástico, aseveraba que los
bebés nacerían con cola de cerdo. No sé si les creí a esos libros, pero me
aferré a lo que decían como motivación para quitarme de la mente la
idealización hacia Chloe.
Años después ella se casó, y al año siguiente también me
casé yo. Con esos acontecimientos, todo indicaba que el tema del romance entre
mi prima Chloe y yo, quedaba definitivamente zanjado.
Contaba yo con treinta y ocho anos de edad, cuando para la
noche del fin de semana mi esposa organizó una parrillada familiar e invitó a
mi familia, entre ellos a mi prima Chloe y a su esposo. Mi prima se presentó
con un vestido beige sin mangas, largo hasta los talones; tenía el porte de una
Reina y el encanto de un ángel. Después de los saludos, todos empezamos a
libar, comer, reír, algunos bailaban El lugar tenía poca iluminación. Yo estaba
sentado en una grada de una escalera, y el esposo de Chloe se sentó a mi
derecha. Y desde allí nos reíamos de las ocurrencias que se daban en la
reunión. Minutos después se nos acercó Chloe y se paró a mi lado izquierdo
rozando constantemente su muslo contra mi hombro. Yo deslicé mi mano izquierda
hasta tocar sus pies, y empecé a acariciarlos con devoción; mi cuerpo temblaba
y sudaba. Al notar que mis avances tenían la aceptación de mi prima, me atreví
a escalar por debajo de la falda hacia las canillas y las pantorrillas. El
riego adrenalínico que causaban nuestros lances, más, el hacerlo
disimuladamente, pero en público, estaba a tope; así llegué a los muslos, a las
nalgas, y a las regiones más íntimas…era una delicia sentir como se estremecía
el cuerpo de Chloe bajo mis toqueteos.
Vinieron otras primas, le dijeron algo y se la llevaron…
Hace unas semanas cumplí ochenta y tres años; una enfermedad
degenerativa me impide mover brazos y piernas con autonomía, por lo que
valiéndome de prótesis y otros artificios me refugio en la virtualidad como
creador de contenidos desde mi computador.
Hace unos meses atrás
reencontré a Chloe en una red social, y hablamos.
*-Hola mi adorada prima-
-Hola querido primito-
*-Que gusto saber de ti…siempre fuiste mi amor platónico.
¡Siempre estuve perdidamente enamorado de ti! –
- ¿Qué me estás diciendo primito?... Nunca me hablaste de
esto-
*-Decírtelo antes hubiera sido dañino para nosotros, y
creo que también para otros. Hoy te lo digo sin propuesta alguna. Ahora solo
sirve para liberarme de un sentimiento callado toda una vida-
- Primito, estoy llorando por ti y por mi …-


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