Entrada destacada

jueves, 2 de abril de 2026

VUELO DE TORTOLITAS





Ilustración y cuento de Oswaldo Mejía.


  (Derechos de autor, protegidos)



El destartalado autito azul, marca Willis dormía el sueño que duermen las maquinarias u objetos que llegan a la etapa de chatarra. Su sueño solo se veía interrumpido por las veces en que, acompañado de algún o algunos amigos subíamos a inventarnos realidades en las que éramos viajeros, por carreteras y caminos sin fin; entonces le dábamos renovada vida al autito azul, aunque en un plano diferente a este.

Yo tenía nueve años de edad, y una precoz mente repleta de fantasías. Solía leer cuentos e historias fantásticas. Mi padre era un tipo muy letrado, por ello siempre hubo en casa un espacio repleto de libros conteniendo narraciones de viajes y aventuras alrededor de mil mundos.

Chloe, mi prima, era mayor que yo por tres años. Siempre que había reuniones, nos juntábamos y jugábamos; nos teníamos mucho afecto, y nos resultaba divertido compartir momentos. Creo que, debido a mi corta edad, jamás había notado siquiera, que éramos de diferente género. Solíamos fantasear y reíamos con nuestras ocurrencias; una pareja de cómplices entre nuestro mundo de juego y fantasías.

Ese día, en mí, nada presagiaba que fuese diferente. Como todos los sábados, llegaron las visitas. Con Chloe nos saludamos con un abrazo y brotes de risas. Mis tíos y tías se saludaban con mis padres, mientras iban buscando asiento en algún lugar cómodo desde donde atender y participar de la tertulia y el chismorreo familiar.

Yo tenía varias series de muñequitos de plástico, entre militares, indios pieles rojas, y animales, que había distribuido entre un gran montículo de arena que quedó de remanente de alguna remodelación en el fondo de la casa. Ciertamente, no había un contexto lógico para juntar soldaditos, indios y animalitos, pero en mi mente, si tenía cabida una realidad discordante más.  

Apenas llegó Chloe, la invité a ver como había escenografiado el montículo de arena, y explicarle como se moverían unos y otros muñequitos en el juego. Desde el inicio noté que ella no tenía interés por mi juego. -Mejor vamos a jugar en el auto- Me dijo. Yo, diligente, acepté su propuesta, y nos dirigimos al viejo Willis.

-Jugaremos al papá y la mamá- La idea no me sorprendió, solo que jamás había jugado ese juego, y no tenía ni la menor idea de que se trataba, pero estaba dispuesto a seguirle la corriente…

Con mucha naturalidad, Chloe levantó su falda, se quitó la braguita, y se tendió boca abajo sobre el asiento trasero, mostrándome sus nalgas y piernas desnudas. Ahora sí estaba en shock, quieto, sin poder articular palabra alguna. Mirar a mi prima desnuda estaba creando un nuevo orden de conceptos, y a mi me estaba costando mucho trabajo procesarlos.

- ¡Bájate el pantalón y súbete sobre mí! …Así hacen los papás con las mamás. – Sus palabras retumbaban en mi cabeza. Estaba muy confundido, pero obedecía. Cuando sentí mi piel rozando la tersura de la de ella, la sensación fue más que perturbadora; ella era tan suave al tacto. Conforme me fui depositando sobre su cuerpo, vi su hermoso rostro ansioso, y su boca de labios carnosos entreabierta me sentí despertando en otra realidad. Acababa de descubrir que mi prima era la niña más linda del mundo. Era una preciosa criatura delgada, y piernilarga; con ojos de cierva color caramelo, y cabellos en bucles color azabache. En pocas palabras… una muñeca encantadora.

Cuando estuve completamente posicionado sobre ella, pude oler su cabello y su oreja derecha, y descubrí que su aroma era delicado, embriagador, delicioso. Creo que, para ese momento, ya estaba perdidamente enamorado de mi prima.

No sé si hubo erección, no tenía ninguna experiencia, pero sí estoy seguro que, si la hubo, mi intuición me decía que no estuve a la altura de las circunstancias. Nos meneamos un poco, pero fue breve. Chloe de levantó, se colocó su braguita y bajó del viejo Willis sin mediar palabra.

Luego de aquel día, nuestras charlas se hicieron cortas y esporádicas… y yo sufriendo sin poder descifrar qué había ocurrido, porque había cambiado todo.

A sugerencia de otro primo, empezamos a ir al cine, a las matinales de Capulina. Allí, yo disfrutaba verla sonreír, le hablaba al oído para olerla, y simulando casualidad le rozaba las manos y las piernas con mis dedos; pero nunca tuve el valor de hablarle sobre mi tema sentimental.

Cuando tuve doce años leí en un libro que, si se daban relaciones entre familiares directos, el resultado serían hijos tarados; seguí indagando el tema, y otros libros eran más crueles, afirmaban que los hijos saldrían con rostro de simio; otro libro más fantástico, aseveraba que los bebés nacerían con cola de cerdo. No sé si les creí a esos libros, pero me aferré a lo que decían como motivación para quitarme de la mente la idealización hacia Chloe.

Años después ella se casó, y al año siguiente también me casé yo. Con esos acontecimientos, todo indicaba que el tema del romance entre mi prima Chloe y yo, quedaba definitivamente zanjado.

Contaba yo con treinta y ocho anos de edad, cuando para la noche del fin de semana mi esposa organizó una parrillada familiar e invitó a mi familia, entre ellos a mi prima Chloe y a su esposo. Mi prima se presentó con un vestido beige sin mangas, largo hasta los talones; tenía el porte de una Reina y el encanto de un ángel. Después de los saludos, todos empezamos a libar, comer, reír, algunos bailaban El lugar tenía poca iluminación. Yo estaba sentado en una grada de una escalera, y el esposo de Chloe se sentó a mi derecha. Y desde allí nos reíamos de las ocurrencias que se daban en la reunión. Minutos después se nos acercó Chloe y se paró a mi lado izquierdo rozando constantemente su muslo contra mi hombro. Yo deslicé mi mano izquierda hasta tocar sus pies, y empecé a acariciarlos con devoción; mi cuerpo temblaba y sudaba. Al notar que mis avances tenían la aceptación de mi prima, me atreví a escalar por debajo de la falda hacia las canillas y las pantorrillas. El riego adrenalínico que causaban nuestros lances, más, el hacerlo disimuladamente, pero en público, estaba a tope; así llegué a los muslos, a las nalgas, y a las regiones más íntimas…era una delicia sentir como se estremecía el cuerpo de Chloe bajo mis toqueteos.

Vinieron otras primas, le dijeron algo y se la llevaron…

Hace unas semanas cumplí ochenta y tres años; una enfermedad degenerativa me impide mover brazos y piernas con autonomía, por lo que valiéndome de prótesis y otros artificios me refugio en la virtualidad como creador de contenidos desde mi computador.

 Hace unos meses atrás reencontré a Chloe en una red social, y hablamos.

*-Hola mi adorada prima-

-Hola querido primito-

*-Que gusto saber de ti…siempre fuiste mi amor platónico. ¡Siempre estuve perdidamente enamorado de ti! –

- ¿Qué me estás diciendo primito?... Nunca me hablaste de esto-

*-Decírtelo antes hubiera sido dañino para nosotros, y creo que también para otros. Hoy te lo digo sin propuesta alguna. Ahora solo sirve para liberarme de un sentimiento callado toda una vida-

- Primito, estoy llorando por ti y por mi …-

















No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.