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¡Sí!
Por supuesto que sí; ella tenía un nombre… Si hasta las mascotas no
deseadas tienen un nombre. Soy yo quien no quiere pronunciar su nombre, pues en
el está la esencia de millones de seres, que como ella vinieron al mundo a
pagar tributo, por pecados ajenos que cometieron “sabe Dios quienes”, sabe Dios
cuando.
Abrió sus ojillos entre la miseria y
la muerte. El desnutrido y débil organismo de la madre no soportó el
alumbramiento y partió hacia donde suelen irse los que son más necesarios.
El descontento de un padre que
esperaba la llegada de un varoncito, sería el hecho que de manera precoz la
sometería al desprecio, maltrato, y soledad.
El padre dedicaba más de su tiempo a
la bebida que a vivir en sobriedad; si había bebida había delirium tremens por
la ingesta excesiva; si no había bebida, había ansiedad por efecto de la
abstinencia; y los arranques de violencia y mal humor se estrellaban contra la
niña. Todo eran gritos, ataques de pánico del padre, violencia desmedida por
las frustraciones; golpizas sin motivos, y subsistencia gracias a la caridad de
algunos vecinos que se apiadaban de su miseria.
En su adolescencia la vida le
permitió conocer la calle, mas esta tampoco era muy diferente; la prisión era
más amplia, pero seguía siendo una prisión; el mendigar y convivir con otros
mendigos, alcohólicos, drogadictos, delincuentes, y todo tipo de vagos
decadentes, es peligroso e inapropiado para una niña sin los reflejos
necesarios para defenderse. Igual era golpeada, ahora por extraños que la
sometían sexualmente y la sodomizaban a cambio de permanecer en el grupo. La
única persona con quien tuvo una relación algo similar a una amistad, fue con
una anciana algo bruja, algo adivina…algo de nada, que también rebuscaba su
sustento en los basurales. Con ella solo cruzaron palabra dos veces, lo
suficiente para confidenciar como era el infierno de cada una.
Cuando la niña salió embarazada, esto
inquietó a los varones del grupo indignando a algunos, que, como posible
solución, solo atinaron a propinarle golpes de puño y patadas en el vientre,
luego todos actuaron como manada, reaccionando en violencia colectiva, muchos
de ellos sin siquiera saber el motivo, se ensañaron con la humanidad de la
pobre niña.
Horas más tarde, la anciana bruja
llegó al lugar, que extrañamente se hallaba despoblado, y se dio con la ingrata
sorpresa de encontrar a la niña moribunda. Salió lo más de prisa que pudo en
busca de ayuda.
Al llegar la ayuda médica y la
policía, la anciana, como lo más cercano que tenía la víctima, esta fue
acompañándola al nosocomio.
Lamentablemente toda ayuda llegó
extemporáneamente. El feto llevaba demasiadas horas muerto, por acción de la
golpiza. Se sometió a una limpieza interna de urgencia, pero la infección ya se
había generalizado por todas las vísceras y las entrañas; medicamente ya no
había más por hacer.
Un cura ingreso al quirófano diciendo
– Debo pronunciar una oración pidiendo a nuestro Señor que se apiade y reciba
en su reino a esta hermana…-
La anciana le refutó – Padre, no se
moleste en rezar oraciones ahora; deje esas cosas para otras personas. En vida
Dios jamás se ocupó de ella ¿Para qué le serviría su atención ahora que ya se
está yendo de este mundo…?-



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