viernes, 28 de marzo de 2025

EXTRAVÍO










Ilustración y cuento de Oswaldo Mejía.


  (Derechos de autor, protegidos)



Todas las noches es lo mismo; ocurre luego de que me obligan a ingerir ese cóctel de pastillas que me suministran después de concluida mi cena - ¡Yo no quiero dormir! – Temo a lo que me tocará vivir entre mis sueños.

El inicio es siempre similar al de los sueños de las noches anteriores: Yo deambulo muy mal trajeado por entre los pasillos de una enorme y lujosa casona atestada de hombres y mujeres muy elegantes y de porte distinguido. Camino buscando un rumbo; sé que no pertenezco a ese ambiente. Sin darme cuenta me extravío y termino en la oscura y desolada calle. Repentinamente, sopla un fuerte viento, y cuando este empieza a amainar, todos los elementos del paisaje han variado…Hasta aquí, salvo algunos detalles, todo es recurrente y repetitivo en cada uno de mis sueños de cada noche, mas, esto es solo el preludio del nuevo y desconocido horror que seguirá a continuación…

Aquí afuera llueve torrencialmente, el piso de tierra es un lodazal; la zona es rural, cubierta de agreste vegetación. Apenas si mi vista puede distinguir a unos metros, más allá, la negrura de la noche lo devora todo. Estoy empapado y tiritando de frío. Ahora puedo distinguir un claro libre de árboles y maleza. Aquí hay una tenue iluminación que me permite ver un rustico granero con una gran caja en la entrada, y una destartalada cabaña a lo lejos, cerca de un risco –¡Que bueno! quizás alguien allí pueda auxiliarme… -

Iba a apurar mi paso rumbo a la cabaña, cuando de pronto, del granero, emerge un ser por demás intimidante. Tiene una enorme cabeza, con la frente prominente; muchos de sus rasgos son como los de los enanos acondroplásicos, pero este debe sobrepasar los 2mts. De estatura, y sus brazos extremadamente largos le permiten caminar apoyando los nudillos de las manos en el piso, tal como lo hacen los gorilas. Su mirada denota furia y odio. Alza la cabeza y aspira aire por la nariz, quizás ha detectado mi olor.

Apenas si respiro, intento no hacer el menor ruido, quiero pasar desapercibido. El monstruoso ser, procede a abrir, cual si fuera una puerta, la mitad de la caja, y puedo atisbar que dentro hay varios niños presas de pánico. El monstruo, aunque lento y torpe de movimientos, coje a uno de los niños con una mano, y con la otra le retuerce el cuello, haciéndole girar la cabeza como si se tratara de la tapa-rosca de una bebida; en el segundo giro ya separó por completo la cabeza del cuerpo. El monstruo sorbe la sangre que mana del cuello del niño decapitado. Cuando la hemorragia mengua, el monstruo sigue lamiendo. Yo, horrorizado, doy unos pasos hacia atrás y hago crujir una rama suelta - ¡Está mirando hacia aquí! ¡¡El monstruo me ha descubierto!!- Sin dejar de otearme, con su enorme mano derecha coje por los pies a dos de los pequeños y jalándolos a rastras viene hacia mí. Como si se trataran de unas boleadoras, los revolea con claras intenciones de golpearme con ellos.

Calculo que puedo esquivarlo, cruzar el claro a la carrera, y buscar protección en la cabaña al pie del risco. Corro… corro, con toda la energía que la adrenalina genera en mi organismo. El monstruo me sigue, afortunadamente para mi, su desplazamiento es lento.

Cuando llego a la cabaña con intenciones de tocar a la puerta y pedir ayuda, me doy cuenta que la puerta está entreabierta; ingreso sin más miramientos; mi corazón parece amenazarme con explotar, estoy horrorizado con lo que he visto, y me siento embargado por el miedo superlativo. Para mi suerte la puerta cuenta con unos pasadores de cerrojo, y a un lado hallo el tablón; lo coloco sobre los pasadores. Me siento muy asustado, pero intuyo que por ahora estoy a salvo de ese energúmeno.

De pronto siento repetidos golpes violentos contra la puerta, la cual los soporta con firmeza; definitivamente es muy resistente. Guiado por mi curiosidad, atisbo por una rendija y veo que el monstruoso ser golpea la puerta estrellando repetidamente los cuerpos de los niños, impactando con sus cabecitas los recios maderos, hasta reventarles los cráneos. Finalmente desiste de su empeño, y se retira bufando y rumiando su gran ira.

Lamento el sangriento final de los niños, pero por ahora parezco estar a salvo. Respiro profundamente y…¡¡Oh!! Una mano fría y huesuda me toca el hombro. Volteó espantado, y es una anciana desdentada, de cabellos canos y alborotados - Le temes a Wilfredo, ¿Verdad? - …Y perdí el conocimiento.

Cuando recobro la consciencia, estoy tendido en el piso, hay un joven en silla de ruedas a mi derecha -Madre, el forastero ya se va recuperando. Sírvele una taza de café caliente y ofrécele ropa seca, está empapado por la lluvia…-

La anciana de pie, a mi izquierda, responde con macado enfado - ¡No le daré nada a este cobarde que le teme a tu hermano Wilfredo! –…Ella blandía un tirabuzón saca-corchos en su mano derecha -Madre, Wilfredo está muerto; no insistas con ese tema- Replicó el joven desde su silla de ruedas. La anciana enfurecida empezó a levantar la voz, hasta gritar como una desquiciada - ¡¡No es cierto!! ¡Wilfredo vive! ¡¡Wilfredo vive en el granero!! Solo que tú prefieres ignorarlo ¡¡Por eso él se esconde en el granero!! –

Súbitamente la anciana saltó por encima de mí y con fuerza inusitada, clavó el saca-corchos en el ojo derecho del joven discapacitado. Yo me erguí ante tan macabro espectáculo, y corrí hacia la puerta. La anciana insistía en tirar del saca-corchos, que al parecer se había atascado entre los huesos de la cavidad ocular del joven. Abrí la puerta, y empecé a correr, sin rumbo ni destino…

Ya están aquí los médicos y enfermeros sujetándome y tratando de calmarme-

Ya pasó todo…hasta que vuelva la noche…











(Pieza única. Año 2014. Medidas: 80 X 53 cms. Precio: 600 dólares americanos)


jueves, 30 de enero de 2025

EL GALLO CANTARÁ POR LOS CABALLEROS






IIlustración y cuento de Oswaldo Mejía

(Derecho de autor, protegido)



Jamás pertenecimos a ningún lugar. Tampoco nos conocíamos unos a otros. Cada uno por cuenta propia éramos viajeros del tiempo y el espacio, vagabundos del cosmos y sus eras; hasta que, accidentalmente, debió abrirse alguna brecha entre los agujeros de gusano que eran nuestras rutas, y uno a uno fuimos cayendo a este lugar donde la vida no cesa de ser una precariedad. Hemos quedado atrapados en este trozo de tierra con forma triangular, demarcada a los lados por ese par de brazos bifurcados del gran río maloliente, y por el Oeste, delimitados por el interminable y hostil mar. Rodeados de aguas infectadas por dos lados, y por el otro, por persistentes oleajes anómalos, habría sido casi una locura pensar en algún intento de migración… además no tenemos herramientas ni recursos. El mar es amenazadoramente inaccesible y el río contaminado es una negación a la presencia de peces u otra forma de vida comestible; si queremos beber para rehidratarnos, debemos reciclar nuestros orines o extraer agua del río y hacerla hervir para eliminar microbios y bacterias; el drama es que los leños que usamos como combustible, cada vez son más escasos.

Nuestra alimentación se reduce a cucarachas y otros insectos. Lo más apropiado para ingerir son los frutos que nos proveen esos tres arboles de guayabas. En estas condiciones, todo lo que consideramos apropiado para comer, debido a su escases, debemos consumirlo de manera estrictamente racionada.

Llevamos es esta pequeña isla once semanas. De los trece que llegamos a este lugar infernal, seis ya han fallecido; unos por beber agua del río, sin el previo proceso de esterilización y otros porque no pudieron soportar los estados de pánico y ansiedad extrema que genera este demencial contexto. Los que aún sobrevivimos somos hombres dotados de mucha experiencia y conocimiento debido a nuestro bagaje como viajeros, mas, eso parece no ser suficiente en la situación en que nos hallamos ahora.

En este momento nos es imposible saber que tipos de vida hay río arriba, pero intuimos que debe haber sociedades civilizadas; sólo ellas son capaces de generar tamaña contaminación en las aguas del caudaloso río.

Al medio día de ayer, divisamos un bulto que venía flotando por el río, cerca de las orillas. Rápidamente nos apresuramos a rescatar el bulto, valiéndonos de ramas que habíamos arrancado previamente de los guayabos. Cuando logramos nuestro cometido, pudimos reconocer que se trataba de un cadáver con fisionomía similar a nosotros. El cuerpo estaba desnudo, pero aún no estaba en estado de descomposición. Casi todos fuimos de la idea de dejarlo que siga su curso hacia el mar; pero el más viejo entre nosotros, y, por ende, investido con cierta autoridad, dijo: -Nuestra misión en esta vida es ser vías de información. Estamos llenos de información. Cada molécula nuestra está cargada con la información de todo lo que hemos vivido. Los organismos que devoren o fagocites nuestras células, adquirirán la información que ellas contienen. Entiendan esto… Tenemos hambre, y también queremos saber lo que hay y ocurre río arriba. Pues este cadáver nos puede servir de alimento, y el ingerirlo nos puede suministrar la información que deseamos sobre lo que ocurre río arriba, de donde seguramente él viene. Soy de la idea de que lo cocinemos y nos lo comamos… ¿Están de acuerdo? –

Presumo que a todos nos pareció una idea descabellada, pero finalmente todos asentimos, en silencio, con un afirmativo movimiento de cabeza.

Apilamos hojas, ramas y leños que arrancamos a los nobles guayabos, y con ellos hicimos una hoguera sobre la que pusimos a asar el cadáver que rescatamos del río. Inicialmente hubo que superar el recelo de devorar un cuerpo similar al nuestro. El canibalismo es un tabú que golpea fuerte las mentes de las personas civilizadas, mas, el hambre extrema suele conminar a realizar acciones extremas. Aquella cena bizarra, finalmente fue opípara… y era tan apremiante nuestra hambre, que la disfrutamos.

Al amanecer todo parecía dar certeza a la teoría del viejo, sobre la transferencia de información al ingerir los restos del cadáver que rescatamos del río, o quizás fue sugestión colectiva; pero a la mañana todos coincidimos en comentar que habíamos soñado o tenido visiones sobre unos gigantes sin ojos, que bajaron del cielo sembrando terror y muerte entre unos poblados, cuyos miembros ni siquiera tuvieron oportunidad de huir u oponer resistencia. Los varones fueron molidos a golpes de mazo, mientras las mujeres eran violentadas sexualmente repetidas veces…

Nos sentamos a la sombra de los guayabos a dilucidar y analizar lo que vimos en sueños, cuando nos percatamos de que por ambos brazos del río pasaban flotando en sus aguas muchos más cadáveres como el que hallamos la tarde anterior.

La voz del viejo volvió a resonar, como si anunciara una profecía: -Es casi seguro que este lugar sea uno de los próximos objetivos de esas bestias que vienen del cielo. Está claro que, si no tienen ojos, no ven. Su sensor tiene que ser el olfato; Sospecho que se guían por el olor del pánico de sus víctimas. Apresurémonos en tomar nuestras medidas de protección-

Al menos yo, estaba embelesado con la capacidad de análisis y discernimiento del viejo. Me había convencido de su sabiduría, y me sentía protegido por su conocimiento.

Todos empezaron a opinar y dar ideas, pero sólo eran divagaciones, nada en concreto respecto a viabilidad. Yo planteé que nos embadurnáramos por completo con el maloliente limo del río y encima cubriéramos nuestros cuerpos adhiriéndoles tierra, como si nos empanizáramos. Quizás así despistaríamos el olfato de los gigantes ciegos. Al no haber ideas alternativas, todos aceptaron mi propuesta.

Así continuó el avance del ocaso, hasta que cayó la noche con una quietud que acrecentaba más nuestra ansiedad. De pronto, unos chispazos y destellos emergieron de entre las nubes, y de ellas se descolgaron unas largas lianas, por las que fueron deslizándose a la playa los temidos gigantes que vimos en nuestros sueños.

Rápidamente nos untamos de cuerpo entero con el barro de las laderas del río, y corrimos hacia los restos que quedaban de los guayabos: allí nos revolcamos para que se nos pegoteara la mayor cantidad de polvo, arena y tierra, luego nos acurrucamos unos con otros e intentamos mantenernos lo más quietos posible. Los gigantes sí eran ciegos, y para nuestra ventura, sus narices no fueron capaces de detectarnos bajo nuestra cubierta de lodo maloliente y tierra. Varios pasaron cerca de nosotros, pero siguieron de largo…Nuestro ardid había funcionado. Así como vinieron, así se fueron esas enormes criaturas.

Vuelta la calma, casi sin separar nuestros cuerpos, empezamos a sacudirnos la especie de costras que sobre nosotros formo el lodo ahora seco…

A mí me sonaron a réquiem las últimas palabras del Viejo:  -La vida es un obsequio tan preciado, que vale la pena luchar y esforzarse por retrasar su fin, aunque sólo sea por unos instantes… Igual moriremos pronto, pero tenemos chance de esperar nuestra muerte con calma… sin prisas. –

Todos nos acurrucamos más estrecho, en silencio…



























(Pieza única. Año 2009. Medidas: 80 X 60 cms. Precio 600 dólares americanos)



viernes, 17 de enero de 2025

QUE LLOREN LAS PLAÑIDERAS





IIlustración y cuento de Oswaldo Mejía

(Derecho de autor, protegido)



El proteger, guiar, y hacer crecer su rebaño humano, era el mandato culminante para la santidad del patriarca. El norte que debía seguir, lo tenía grabado en su mente. Aun en aquellas veces en que, por evitar el excesivo calor de los días soleados del desierto, las caminatas debían hacerse en horas de la noche, él jamás perdía el rumbo. Su palabra era ley entre la multitud de Los Caminantes; nadie dudaba de su certeza y veracidad. Todos sabían que estaban siendo guiados hacia un lugar santo, aunque nadie tenía idea de donde estaba, ni que aspecto tendría ese paraje prometido. La convicción de la multitud, era la fe del patriarca. Él indicaba el camino a seguir, y además de proveerles de fe, les suministraba alimento, que muchas veces nadie sabía cómo ni de donde lo conseguía.

 Por las aldeas y caseríos por donde pasaba, el patriarca compartía su verbo lleno de predicas, promesas y esperanza. A quienes se unían a la caminata, los bautizaba con agua previamente bendecida con conjuros y oraciones, y la vertía sobre sus cabezas; por ello, cuando se referían a él, le llamaban El Bautista.

Quienes formaban parte de Los Caminantes, jamás miraban el camino hacia adelante; caminaban mirando el piso, en actitud de recogimiento espiritual. Literalmente iban tras las huellas del patriarca.

Una tarde, a la hora del ocaso, en el trayecto de una de esas caminatas, el Bautista tuvo un encuentro por demás extraño. Una mujer completamente desnuda se materializó frente a él. Ella tenía una mirada refulgente, y levitaba sentada en la posición del loto - ¿Ya no te acuerdas de mí, Bautista?

El patriarca dejó caer los hombros y bajó la mirada con dirección al piso, era evidente que pretendía evitar mirarla a los ojos -Déjame pasar, Salomé. Debo continuar mi camino conduciendo a mi rebaño hacia un lugar de esperanza…-

La mujer desarticuló su posición, y abrió sus piernas de par en par; de su entrepierna manaba un resplandor aún más intenso que el de sus ojos -¡¡Mírame Bautista!! Ahora preferirías olvidarme por completo ¿Verdad? - Un pronunciado temblor se apoderó de la humanidad del patriarca. Este, poco a poco fue levantando la mirada exponiendo sus retinas a la luminosidad que fluía de las entrañas de la mujer; Entonces, esta flotó hacia el Bautista, atrapándole el rostro entre sus muslos, así, como guiñapo, sin opción de defensa, lo mantuvo hasta el amanecer.

Antes de desaparecer, la mujer sentenció -Ahora tienes el mal del olvido. No me vas a recordar, pero también se borrarán todos los recuerdos de tu vida- El Bautista empezó dando unos pasos temblorosos y dubitativos. Sus ojos estaban en blanco; sus pupilas y los iris de sus ojos habían desaparecido…había olvidado la capacidad de mirar. Quiso decir algo, pero también estaba olvidando la aptitud de hablar. Dio unos cuantos pasos cansinos y comenzó a caminar en círculos, los Caminantes, ajenos a todo lo ocurrido, siempre con la mirada al piso, siguieron los pasos de su guía formando una gran espiral humana. Hasta que el patriarca cayó de rodillas; había olvidado el rumbo y el motivo de su caminar. Seguidamente fue olvidando la acción de respirar…hasta que se olvidó de vivir.

Los Caminantes fueron dispersándose cabizbajos, sin abandonar la misma actitud de recogimiento con que siempre siguieron al patriarca… pero ahora estaban huérfanos de guía.

La cabeza del Bautista habíase extraviado por aquella mujer.





















(Pieza única. Año 2009. Medidas: 80 X 60 cms. Precio 600 dólares americanos)



jueves, 26 de diciembre de 2024

PARANOID CIRCUS





IIlustración y cuento de Oswaldo Mejía

(Derecho de autor, protegido)



En este asentamiento minero alejado de todo y ubicado entre la nada, la vida transcurría como siempre, de manera rutinaria. Mientras no hay mujeres, los contrastes son escasos. Era día sábado por la tarde, y todos esos hombres rudos hallábanse en la plazuela retozando bajo la fresca sombra de los árboles, algunos bebían licor y fumaban, mientras parloteaban y bromeaban. Era día de descanso, y al día siguiente vendrían las prostitutas a ofrecer sus caricias… Así transcurría la tarde en medio del ocio y la ansiedad por el desenfreno que acaecería al día siguiente.

El Sol empezaba a agonizar, cuando ella apareció completamente desnuda; lo hizo caminando lentamente por el empinado camino empedrado por el cual se desbarrancaba a los carromatos fúnebres conteniendo los cuerpos de quienes fallecían en el asentamiento. Esa pendiente jamás antes la había recorrido un ser vivo. Los muertos hacían ese tramo solos. Nadie con vida sabía a donde llevaba y culminaba ese camino, pero ella vino de allí.

La misteriosa mujer era de una belleza física superlativa, y tenía talento para mostrarse y llevar sobre sí esa tentación que la naturaleza le había prodigado…Todos tuvieron lasciva curiosidad por la forastera, pero el viejo Jonás, un poco brujo, un poco curandero, medio cuchicheando corrió la voz -Esa mujer viene del más allá, y de seguro viene a llevarse a uno o más de nosotros. No se le acerquen ni le miren a los ojos- Las palabras del viejo Jonás produjeron una general psicosis colectiva. De pronto todos empezaron a sentir escalofríos y la atmósfera se tornó agobiante y enrarecida. Sin mediar palabra, todos fueron buscando que guarecerse en sus casuchas, cerraron sus puertas, y se dedicaron a espiar desde sus ventanas.

Muy calma y con el porte de una Reina, la mujer desnuda dio un largo paseo por la desierta plazuela, bamboleando sus encantos con descaro. Si por casualidad su mirada se dirigía hacia alguna de las ventanas desde donde la observaban, los fisgones se ocultaban rápidamente; cuando ella desviaba su mirada hacia otra dirección, reanudaban su fisgar.

Su paseo por la plazuela realmente fue todo un espectáculo erótico. Todos sin excepción hubieran estado dispuestos a entregar los tuétanos sólo por tocar su piel; pero más pudo ese inexplicable temor que las palabras del viejo Jonás habían anidado en sus mentes. Nadie deseaba arriesgarse a estar cerca de ella, y menos, ponerse en la mira de sus ojos. En estas circunstancias, todos prefirieron espiarla a hurtadillas.

Quizás por cansancio a raíz de su caminata, o quizás, intencionalmente, por elevar el morbo de sus observadores, se sentó al pie de un árbol y empezó a toquetearse acariciando su inquietante anatomía. Así cayó la noche, sumiendo la plazuela en la penumbra. Todos, descorazonados por no poder ver más de la fémina, uno a uno fueron yéndose a dormir, abandonando sus puestos de oteo…

Muy entrada la madrugada, el silencio reinante se quebró por lo que parecía una áspera discusión en la casucha de Eliseo; a poco, el más joven de todo el equipo de mineros. Cuando todos corrieron a sus ventanas para ver qué sucedía, vieron la puerta de Eliseo abierta de par en par, la luz interior encendida, y la silueta de la despampanante forastera encaminándose hacia la pendiente empedrada por donde vino, hacia el camino por donde bajaban en su último paseo los muertos.

Unos instantes de cautela, y cuando la mujer desapareció cuesta abajo, todos a la carrera se apersonaron a la morada de Eliseo, encontrando a este desnudo, con los ojos en blanco, sin iris y sin pupilas, echando espuma por la boca y balbuceando. Todos le hacían preguntas, pero él ya no podía responder a nada, poco a poco fue dejando de respirar hasta que exhaló su último aliento. El viejo Jonás exclamó - ¡Les advertí que se alejaran de ella! Al parecer, Eliseo no supo resistir la tentación… Esa bruja quizás vuelva por más de nosotros…-

Entre alistar equipajes y preparar el carromato que llevaría a Eliseo en su último viaje, El grupo de mineros fue sorprendido por el alba. Una vez listo el vehículo fúnebre, colocaron el cadáver sobre la tarima rodante, la empujaron sobre el camino empedrado, hasta que llegaron a la pendiente, una vez allí, unas apresuradas palabras de despedida, un empujón, y el carromato rodó por la pendiente, hasta sabe Dios donde.

Al medio día, cuando llegaron las prostitutas itinerantes, sólo hallaron un caserío desierto. 
















(Pieza única. Año 2009. Medidas: 80 X 60 cms. Precio 600 dólares americanos)



domingo, 15 de septiembre de 2024

VIRUS LETAL





Video (Música e imágenes de Oswaldo Mejía)


Vídeo con una muestra de parte de mi obra pictórica surrealista, editada sobre el track  "VIRUS LETAL", canción de mi autoría en composición, letras y arreglos, y que fuera parte de la discografía de mi otrora banda "BREBAJE" , donde también 
ejecutaba la guitarra líder. 











SI CAMINAS CON ELLOS, ERES UNO DE ELLOS





Iustración y cuento de Oswaldo Mejía

(Derechos de autor, protegidos)




De manera solapada un colega le había enterado acerca de una convocatoria “cerrada” para ocupar el puesto vacante de Administrador de aduanas, plaza que le caería como anillo al dedo, pues a pesar de su maestría en Administración, Gonzalo Pérez trabajaba como taxista a tiempo completo. Ahora el problema era cómo conseguir las recomendaciones que estas convocatorias, amañadas por defecto, exigen.

Él no tenía relaciones a ese nivel, pero, sin perder los ánimos, recurrió a su tío Juan Alatriste; un politiquero cuajado. Quizás él conocía, y podría encaminarlo hacia ese alguien que le sirviera de “padrino”. Y así fue. Don Juan Alatriste le prometió llevarlo al día siguiente ante un influyente General de la Policía Nacional.

A la mañana siguiente, el General los estaba esperando y los recibió con cortesía -Díganme ¿En qué puedo servirles? – Don Juan Alatriste le contó al detalle y pormenores toda la historia, y remató su cháchara con la verdadera cuestión que los había llevado allí -Usted, mi General, conoce al Señor Presidente de la Republica… ¿Cree Usted que podría pedirle una “recomendación” para mi sobrino aquí presente? -

- ¡No! - Dijo el General – Ese “chino” es un corrupto y descarado ladrón. No deseo deberle ningún favor a un delincuente de tal calaña…Lo que puedo hacer por Ustedes es pedirle una “recomendación” a la Procuradora de la Nación. Entre toda esa banda de delincuentes que nos gobiernan, creo que ella es la menos angurrienta… Al menos eso parece…- Con esa consigna, previa cita por teléfono, se dirigieron a las oficinas de la Procuraduría.

Hechas las presentaciones, el General puso en autos a la Procuradora, del porqué de su visita -Han venido a buenas manos. Déjenme platicar un poco con el señor- Así la Procuradora despidió al General y a Don Juan Alatriste prometiéndoles que ella se encargaría de dar por bien hecho a todo ese asunto.

Una vez a solas, la Procuradora se dirigió a Gonzalo Pérez -Señor mío; el puesto de Administrador de Aduanas es suyo- Luego escribió unas líneas en una hoja de papel, seguidamente la dobló en cuatro y se la entregó diciéndole – Aquí están sus obligaciones, espero no nos defraude. El lunes preséntese a ocupar su puesto de trabajo. Hasta pronto. Buen día-

Al llegar a su casa, Gonzalo Pérez, desdobló la hoja de papel que le entregara la Procura, y en ella había escrito, el nombre del Superintendente de Aduanas, seguido de una cantidad de dólares. Así mismo, estaba el nombre de la Procuradora, y la cantidad de dólares asignada a ella. El sueldo que percibiría Gonzalo Pérez, apenas si sobrepasaba los 5,000 dólares, y sumando las cantidades que figuraban como “obligaciones”, estas alcanzaban los 70,000 dólares… ¿Cómo haría para cumplir con esas exigencias? Don Juan Alatriste tampoco fue capaz de descifrar ese lío, y sólo le aconsejó presentarse a trabajar, y con mucha cautela indagar allí mismo, o si no, renunciar al ansiado cargo.

El día lunes, Gonzalo Pérez se presentó a las instalaciones desde donde debía administrar. Embargado por la Timidez, daba pasos dubitativos de aquí para allá, hasta que se topó con un varón sonriente y muy bien vestido -Disculpe ¿Dónde quedan las oficinas de la Administración de Aduanas…? -  A lo que el tipo, muy cortésmente respondió -Todo esto es el área de administración, y las oficinas están al fondo del corredor ¿Puedo servirle en algo más…? –

Gonzalo Pérez estaba deslumbrado con el lujo de aquellas instalaciones; apenas si evitó tartamudear – Mi nombre es Gonzalo Pérez, y vengo a ocupar el puesto de Administrador de Aduanas- El tipo le extendió la mano a la vez que se presentó como Gilmar Anduaga – Bienvenido Señor Administrador, yo soy su adjunto, estoy a sus órdenes-

Luego de más de media hora de amena charla, Gonzalo Pérez intuyó que podía confiar en su interlocutor –Amigo Anduaga, de manera muy confidencial, deseo mostrarle un documento que me dieron con lo que serán mis “obligaciones”. Estos montos me tienen preocupado- Y le mostró la hoja de papel con los nombres, cargos y cantidades.

-Señor Administrador, por esto no debe preocuparse, estos montos aquí se pagan solos, y hasta quedará mucho para nosotros. Por evadir controles, por dar celeridad a sus trámites, y otras preferencias, muchas empresas desembolsan ingentes cantidades de dinero. Yo personalmente me encargaré de hacer entrega de esas “obligaciones”. Usted, despreocúpese-

El tiempo transcurrió, y dicho y hecho, había mucho dinero mal habido, en repartija…

Así llegó el periodo de vacaciones de Gilmar Anduaga, y este se fue al Caribe por tres semanas. En ese lapso, un domingo por la mañana, Gonzalo Pérez miraba el noticiero mientras desayunaba, cuando anunciaron un “flash periodístico”, y salió en pantalla el mismísimo Superintendente de Aduanas -Señores, hemos recibido unas graves denuncias acerca de hechos de corrupción muy graves, que se están dando en el área administrativa del sector aduanero. Yo prometo hacer una exhaustiva investigación sobre estas denuncias, y no tendré miramientos en hacer rodar las cabezas de quienes se hallen implicados en estos hechos delictivos-

¿Qué había ocurrido? Se preguntaba Gonzalo Pérez, si él sólo había seguido indicaciones. Ansioso, asustado y muy preocupado, llamo a Gilmar Anduaga, su adjunto, y le comentó sobre lo expresado en el noticiero por el superintendente…

Gilmar Anduaga, sin alterarse le dijo -Lo siento Señor Administrador, olvidé llevarle su “bolo” al Superintendente; yo estoy fuera del país. Disculpe ¿Puede hacerle llegar Usted lo que le corresponde al Superintendente? Cuando regrese de vacaciones, ponemos todo en orden…-

El día siguiente, el lunes por la mañana el Superintendente de Aduanas, en rueda de prensa decía -Señores, debo anunciar al país entero que con respecto a las denuncias acerca de actos de corrupción en la Administración de Aduanas, eran simples calumnias de parte de grupos enemigos de nuestro gobierno. Con celeridad, personalmente me he encargado de hacer las investigaciones pertinentes, y puedo aseverar, que la Administración de Aduanas, cumple un funcionamiento modelo-


































(Pieza única. Año 2024. Medidas: 80 X 57 cms. Precio 600 dólares americanos)









ARTERA MEMORIA




Iustración y cuento de Oswaldo Mejía

(Derechos de autor, protegidos)




¿De dónde provenía? No lo sabía. No tenía idea de su pasado ni de su presente… menos, de su futuro. Sólo se materializó de manera intempestiva tras las cortinas de niebla en las laderas de la gran montaña, y de allí emergió. No era momento propicio para indagarse a sí mismo sobre su naturaleza, o que tipo de ser era. Tenía hambre y frío, y en esas condiciones, su desnudez le estaba jugando un revés. Era imperioso hallar algo para comer, y luego alguna forma de abrigo.

Lo primero que se posó ante su mirada fue un enorme espécimen de cuatro patas, y cuernos rematando lo que sería su cabeza. No sabía de qué se trataba, pero olía a alimento; entonces se lanzó a la carrera contra la presa. Guiado únicamente por sus instintos, de un salto se encaramó sobre el lomo del cuadrúpedo, el cual mientras corría y forcejeaba luchando por su vida, movía peligrosamente su cornamenta intentando defenderse. Él, asido a los cuernos de su víctima, hizo un rápido movimiento, bajo su cabeza por un costado, e instintivamente dirigió una certera dentellada a la tráquea del animal, y no lo soltó hasta que por asfixia este dejo poco a poco de forcejear resignándose a su inminente final.

Con sus filudas y fuertes uñas fue desollando el cadáver, a la vez que con sus enormes mandíbulas arrancaba trozos de carne y los engullía con avidez. Su hazaña le había reafirmado su fortaleza. Cuando se hartó de comer se cubrió con la piel de su víctima, y empezó a caminar. Su único equipaje era su confusión; desconocía todo… ni siquiera se conocía a sí mismo.

Así anduvo casi toda la tarde, ahora tenía sed; su olfato fue guiándole hacia un manantial. Su mirada atenta le avisó que allí no estaba solo, allí, en la caída de agua, hallábase un ser que a sus ojos le pareció muy atractivo, el equivalente a hermosamente divino.

Aquella fascinante criatura, se bañaba desnuda sin sospechar que estaba siendo observada furtivamente desde la maleza.

Cuando él lo creyó propicio, dando brincos sobre el agua se abalanzó sobre la criatura; aunque esta vez se impuso mucho esmero en ser lo menos violento posible; no quería dañarla en lo absoluto; sólo deseaba tocarla, olerla, tenerla cerca. Una mezcla de emociones y sensaciones desconocidas bullían por todo su organismo. Para ella, sentirse atrapada por un ser como él: Enorme, con tremendas manazas y garras, con un enorme hocico, y enfundado en esa piel del cuadrúpedo, fue demasiado, ante tanta impresión sufrió un desmayo.

Con hojas y ramas construyó un refugio. Cuando ella despertó, él le ofreció frutas frescas y bayas. Inicialmente, ella estaba horrorizada con el aspecto físico de su captor, mas, los ojos de este, por alguna razón, le inspiraron confianza, así es que terminó aceptándole los alimentos que con tanta devoción le ofrendaba. Él le acarició los cabellos, y ella percibió el embelesamiento que el extraño sentía hacia su persona. Pasaron los días, semanas y meses, y el encantamiento se tornó mutuo.

Hubo muchos momentos de pasión y consolidado cariño, hasta que ella quedó embarazada. Transcurrieron aproximadamente treinta y siete semanas, y él se debió ausentarse del refugio, pues los alimentos escaseaban en la zona por ser invierno, y había que recorrer largas extensiones de terreno para conseguir algo comestible.

En el refugio, ella empezó a sentir los primeros síntomas del parto, dolores que rápidamente fueron agudizándose hasta hacerse insoportables. En sus entrañas, algo dramáticamente doloroso estaba ocurriendo. Sus alaridos se podían oír en toda la zona, pero la ausencia de auxilio era reinante. Entonces cayó al piso expulsando sangre por la nariz y la boca…

Ocurría que su propio vástago había empezado a devorar la placenta y luego continúo engullendo las vísceras, y así siguió hasta abrirse paso a través de su abdomen. Una vez liberado de las entrañas de su ya difunta madre, prosiguió con la tragazón del cuerpo entero de su progenitora. Su apetito era tan voraz que hasta roía los huesos. Conforme comía, iba creciendo su corporeidad.

Cuando el recolector de alimentos regresó al refugio halló en un rincón al que era su hijo aun devorando los últimos restos de su compañera, la reconoció, pues la cabeza aún estaba intacta.

Impulsivamente, se abalanzó hacia su hijo, y de un certero mordisco le arrancó casi la mitad del cuello, matándolo instantáneamente.

Sentado en la entrada del refugio lloró desconsoladamente la pérdida de su compañera…y quizás también la pérdida de su hijo. Ahora cavilaba en que quizás él también había venido al mundo en similares circunstancias, solo que no lo recordaba.





























(Pieza única. Año 2024. Medidas: 80 X 57 cms. Precio 600 dólares americanos)







martes, 3 de septiembre de 2024

UN HABITANTE DE LAS NUBES





Iustración y cuento de Oswaldo Mejía

(Derechos de autor, protegidos)




En realidad, Javier Quintana, era un recalcitrante inconforme con su contexto y realidad, eso lo impulsaba amostrarse como un innovador constante y vehemente. La multiplicidad de sus conocimientos autodidactas en Arquitectura, alquimia, biología, matemáticas, física, e ingeniería, lo facultaban como un visionario muy adelantado a su tiempo.

Javier Quintana había pasado los últimos años dedicado a la observación del vuelo de las aves, y al estudio minucioso de sus anatomías.

Fue a mediado de los años 1,600, en que, empecinado en volar como las aves, se dio a la tarrea de construir un armatoste que simulaba un par de alas, equipadas con artilugios muy complejos, que permitían a sus alas de artificio, emular en casi todo, los movimientos naturales en vuelo de las alas de las aves. El inconveniente inmediato era, cómo dotar de energía al armatoste, para que este tuviera una tracción continua mientras aleteaba en el aire; los motores aún no se habían inventado.

Inducido por su obstinación e inventiva, Javier Quintana proveyó a sus alas unas poleas y unas cuerdas, que el piloto debería ir jalando continuamente, para generar los movimientos que mantendrían en el aire a las alas y al piloto. En sí todo el armatoste era muy ligero, y las cuerdas que iría jalando el piloto le daban gran maniobrabilidad.

…Y llegó el día de probar, cuan eficaces resultaban las alas de Javier Quintana. Este, furtivamente trepó hasta el campanario de la parroquia “Nuestra Señora de la Paz” en el sur de Lima, Perú; una vez arriba, ante un pequeño grupo de negros esclavos azucareros, que estaban allí de curiosos, se colocó las alas, las aseguro a sus espaldas y tórax por medio de un precario arnés, y se lanzó al vacío. Su propósito era alcanzar el cumulo de nubes que se alzaban sobre el cielo limeño

La inicial caída libre, fue rápidamente corregida por Javier Quintana, quien poco a poco fue agarrando ritmo en la acción de tirar de las cuerdas que daban movimiento de aleteo a sus alas. Cada vez ganaba más altura; ya casi tenía las nubes a su alcance. Cuando se internó en el corazón de las nubes, perdió visibilidad y el aspirar las moléculas de agua condensada empezó a dificultársele la respiración. A cada instante se agitaba más e iba perdiendo fuerzas. Cada vez le era más difícil controlar el aleteo y comenzó a perder altura hasta bajar del nivel del techo de nubes. Lamentablemente ya no pudo recuperar energías; y por consiguiente el vuelo cesó. Al comienzo las alas mantuvieron un planeo, mas, el peso de su cuerpo lo fue arrastrando en una rápida caída, hasta estrellarse aparatosamente contra el piso siendo empujado varios metros por acción de la inercia. Las alas quedaron hechas añicos, y sus restos quedaron desperdigados entre la huella que dejo el cuerpo de Javier Quintana al colisionar y patinar sobre el suelo.

Cuando Javier Quintana recuperó el conocimiento, estaba sobre una cama de hospital, extremadamente adolorido e inmovilizado en gran parte de su cuerpo; pero sobre todo estaba confundido, todo el ambiente se le hacía superlativamente ajeno, extraño…fuera de lugar. Las paredes, el techo, el mobiliario, la iluminación; nada concordaba con el mundo que el conocía.

Cuando llegó la visita médica, acompañada de un personal policial, una doctora le hizo las preguntas de rigor: ¿Cómo se llama? ¿Dónde vive? ¿Cómo ocurrieron los hechos que lo llevaron al estado en que se hallaba? Javier Quintana respondió a todo, e hizo un relato detallado de su ascenso en vuelo con sus alas de artificio desde el campanario de la parroquia “Nuestra Señora de la Paz” en el sur de Lima, Perú; lo cual dejó atónitos a todos los presentes ¡¿Cómo había recorrido casi 2,000 millas en vuelo con un artefacto tan rudimentario?! ¿Cómo pudo remontar los más de 6,500 metros de altura la cordillera de los Andes? ¿Cómo era posible que hubiera aterrizado en un parque de Buenos Aires, Argentina a más de 3,000 kilómetros de su punto de partida?

Mientras la policía buscaba que esclarecer los hechos, los del personal médico le anunciaban su diagnóstico: Contusiones diversas, rotura de fémur derecho, y doble fractura de columna con afección a la médula, lo cual le causaría una cuadriplejia irreversible.

Triangulando información entre la policía bonaerense, el consulado peruano en Argentina, y los registros nacionales de identidad en Perú, llegaron a la conclusión de que Javier Quintana no figuraba en ningún registro. se le daba como inexistente.

Las autoridades confundidas y preocupadas por los aparentemente absurdos testimonios, volvieron a interrogarlo y develaron por sus manifestaciones, que Javier Quintana, despegó en Lima, Perú en marzo de 1663…Pero ¡¿Cómo era posible que aterrizara en Buenos Aires, Argentina en febrero de 1996?!...Más de trescientos años después de emprendido su vuelo.

Una enfermera del nosocomio, a quien se le encargó el traslado de Javier Quintana hacia la finca de reposo, mientras lo transportaba en una silla de ruedas, recibió una llamada telefónica de rutina, lo cual la distrajo unos instantes. Cuando concluyó la llamada; la enfermera se dio con la sorpresa que la silla de ruedas se había deslizado alejándose casi diez metros. Al alcanzar al vehículo, más grande fue su sorpresa, pues Javier Quintana no estaba por ningún lado.

¡¿Cómo pudo una persona cuadripléjica dejar la silla de ruedas y abandonar las instalaciones del hospital…?!




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